
30.12.09
DECIR ADIÓS...

23.12.09
CUTREFELICITACIÓN NAVIDEÑA.

Ahora que llega el tiempo de los balances, ¡qué bien nos vendría una escoba...! Barreríamos odios, injusticias, extremismos, conformismos, narcisismos, hipocresías, chovinismos, convencionalismos, nacionalismos, localismos, incultura, demagogias, feísmos... El Almanaque de Sevilla se convierte en basurero y le deja a usted una escoba. Puede atizar a todos los que se montan en el tren de la basura que tantas veces nos reodea. Puede vestirse de bruja vieja y hacer felices a los más pequeños. Puede hacer brotar las carcajadas que nos roba la realidad del día a día. Puede dejar Sevilla como una patena de limpia, que falta le hace. Todos basureros por un día: el más noble de los oficios. Todos entre basuras, como el Niño que nos nació hace dos mil años. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios...
De todo corazón, les deseo que disfruten de sus escobas...
(Por cierto, el relato navideño de este año se muda a http://eroticonsevillano.blogspot.com
15.12.09
UN RETRATO MOLESTO (el artículo que no me dejaron publicar)

Puedo entender que no guste: la verdad es que no posé con la mejor de las posturas, ni puse el mejor de los perfiles. Son otros tiempos... Y en la época del Tuenti hubiera estado mejor que saliera mirando a la cámara con mis mejores galas para salir de botellona, o que mirara de refilón el espejo del cuarto de baño mientras ponía pose provocadora. Y mira que yo tuve fama de provocador, no me tragaban los politicuchos que mandaban, ni los banqueros que se trincaban todo el dinero y dejaban a la gente en la peor de las crisis, ni los leguleyos que puteaban a la gente acusándolos como si fueran la prensa rosa de hoy. Con todos me peleé. Acumulé partes de disciplina para que me echaran de todas las escuelas. Por eso no tuve más remedio que enseñar en la calle. Y lo más curioso es que la gente me atendió, creo que supe trasmitir algún concepto, algunos procedimientos y muchas actitudes... En las teorías siempre creí poco, que ya estaba hasta los mismos de tanta teoría, pero creo que supe enseñar procedimientos para ser más feliz y actitudes para que el mundo fuera mejor. Hice mis adaptaciones y tuve alumnado diverso pero todo el mundo salió con el título. Quizás es que hubiera poco que aprender, cositas básicas: que somos iguales, que hay que coeducar, que no hay que discriminar a la mujer ni a los negros, ni a los gitanos, ni a nadie ¡qué cojones!; que hay que compartir, que no hay que acumular tanta mierda que no nos sirve, que hay que hacer más el amor y joder menos... algo muy simple. Mis alumnos hicieron un aprendizaje significativo y hasta lo pusieron en práctica. Luego llegarían los que impondrían y los que cambiarían mis palabras... Lo malo es que después de muchos destinos, de muchos recorridos por muchas plazas, hubo quien no siguió mi programación... Y eso que era flexible, diversa y adaptada a muchos niveles. No sé, quizás fallé en algún papeleo, quizás enseñé demasiado a pensar, quizás dejé demasiado libres a mis alumnos... Los todopoderosos no me lo perdonaron. Nunca el poder creyó en la libertad. Por eso acabaron conmigo. Por eso acabaron haciéndome aquel retrato. Ya, ya sé que no salgo nada bien en él: se me nota el cansancio, las ojeras, las cruces que tuve que soportar... Y encima salgo casi en pelotas. Ya, ya sé que eso no tiene importancia, que ahora en las clases los estudiantes y las “estudiantas” enseñan sus tangas y sus calzoncillos y no pasa nada. Pues claro que no pasa nada. Pero es que en mi retrato salgo feo... Y yo comprendo que no hay que imponer, que lo último que yo quise fue imponer algo y mucho menos obligar a que creyeran en mis clases. Lo entiendo perfectamente. Ni el fotochó puede arreglarme: tan sucio, en pelotas, colgado en una cruz de madera. Comprendo perfectamente que quiten mi retrato... Aunque, si he de ser sincero, espero que conserven mi retrato de infancia. Allí estaba guapo, con mis padres, con una mula y con un buey apestoso que pasaban por allí... Quién sabe: igual algún día dicen que un niño desnudo entre pajas es pornografía infantil...
10.12.09
10 DICIEMBRE. EL INDIO

Nadie sabía tu nombre, pero estoy seguro de que todo el mundo te conocía. Por lo menos te habían visto alguna vez: en
Alguien nos contó que te llamabas Ángel de
¡Quién lo iba a decir! Estuviste casado por la iglesia y todo pero tu mujer te dejó. Y por el mundo andan dos hijos que llevan tu sangre de tribu americana, en una ciudad que te veía pasar de un territorio a otro.
A mí me parece que llegaste a convertirte en un personaje unido a la ciudad. Con su aureola popular. Todo empezó con la película de las Tres Mil. Allí diste el salto a la fama. Tú que habías vivido debajo de un puente; tú que comías de lo que te daban; tú que habías luchado contra el infierno de la droga... Te hiciste famoso de la noche a la mañana. Y estabas en todos sitios. Yo veía tu cresta de indio y me acordaba de Zelig, un personaje de Woody Allen que estaba en todas partes. Como tú. En un barrio, en el centro, en la tele, en una manifestación, dándole la mano al rey... Eras algo así como Antoñito Procesiones o Vicente el del canasto o Pepe Butragueño, nombres de una ciudad única en crear personajes como tú.
Me dicen que fuiste un gran pacifista, que lo tuyo era sólo apariencia, que te disfrazabas de indio sólo porque te gustaba. Quizás tu territorio no fuera este, cada día más lleno de cuatreros. La cuestión es que no dejaste hace unos años en estos días de diciembre: el frío pudo contigo. Tu que decías que sólo te resfriabas cuando te ponías un chaleco... Te encontraron como siempre: semidesnudo, con tu cresta y tus pinturas, con el frío de la noche como techo infinito de tu tienda.
Dicen que en estos días a tu hermano de Kansas City se le ve más solitario y triste que nunca. Es normal, nos dejó el indio de Sevilla, el de las Tres Mil. Aunque uno piensa que sin plumas, con corbata y con chaqueta, en esta ciudad son muchos los que cada día siguen haciendo el indio.
7.12.09
TODO SE PARECE A TODO

Lo que queda por hacer es tu realidad cotidiana: proyectos eternos, obras inacabables, promesas incumplidas. El parecido de todo con todo te hace comprender la eterna ceremonia de la confusión: en tu ciudad confunden un metro con un tranvía y una bici con el progreso. Y, será la ciudad del arte, pero está en los rincones del olvido: conventos ruinosos, iglesias cerradas y museos desconocidos. Sólo sobreviven los de la subvención…
Menos mal que te quedaba el refugio de la Semana Santa ante la vulgaridad de la ciudad. Pero sus vidas son paralelas, también tiene sus proyectos eternos y sus confusiones de modelos: las nuevas se parecen a la Macarena, los nuevos al Señor y todos se parecen a los de siempre. Que creen otros... Que en nuestro ombligo está todo inventado. Y en el arte más. Si lo sublime ya tuvo vida, hace tiempo que le llegó la muerte. El arte como creación ya murió en la Semana Santa: todo es neo, aunque el neobarroco es ya más antiguo que el tiempo. Nadie cree en la creación. Por eso se encarga un cartel y se piensa que no hay que pagarlo, se diseña sin conocer a los precursores, se talla sin haber modelado el barro. Arte muerto, muerte del arte. Un nuevo lema para la cartela de una cruz desnuda. Le sigue un largo tramo de imágenes: vírgenes artrósicas expuestas junto a batitas fresquitas, supuestos cristos entre libros repetidísimos, coleccionables de la monotonía, pregonzuelos y pestiñazos de la mediocridad, pasitos desmontables con cuponcitos, sillitas de cazadores en lugar de reclinatorios, confusión entre retransmisión y homilía, pollos encima de sagradas canastillas, gritos y olés para ensuciar la esperanza en un mundo más bello, colores imposible en las lentillas de algunas imágenes, cornetas que invitan a invadir Polonia y parte de Estonia, marchas que anticipan el atasco en la salida hacia el Aljarafe, flores de multiprecios de barrio, sucia mescolanza entre política, devoción y sentimiento; muñecos con la categoría de imágenes, entradas convertidas en operación triunfo de costaleros y saeteros, misterios que son casos misteriosos, público que sólo sabe esperar, tallas atléticas venidas del circo del Sol, basureros en los suelos que pisó la divinidad y en los palcos de la vanidad, soledades para bellezas olvidadas y masas para acompañar a la vulgaridad...
Has recordado tus años de estudios. Te enseñaron que "no existe el Arte, existen los artistas". Lo peor no es serlo ni parecerlo, sino creérselo. A tu Semana Santa le ha llegado la LOGSE: la están igualando en la mediocridad… Ha venido a tu mente Núñez de Herrera, el citado menos leído. Toda una reflexión sobre los arenales del Silencio. “Compadre, vámonos de aquí: va a ser verdad que el Arte ha muerto”.