26.11.07

27 DE NOVIEMBRE. LA NIÑA


Dicen que nadie cantó como ella aquel tango que decía lo de “péinate tú con mis peines...”. Desde entonces nadie la conoció por su nombre , Pastora Pavón Cruz. Desde entonces se convirtió para todos en la Niña de los Peines.
Había nacido en febrero del año 1890, en el número 19 de la calle Butrón. En su casa eran muchos los que cantaban, sus hermanos Tomás y Arturo, aunque ninguno de ellos de forma profesional. A los nueve años ya se oía su voz, la voz de la necesidad, en la Taberna de Ceferino, un local de la Puerta Osario. De allí pasaría a Madrid, un destino forzoso para triunfar en la España de comienzos de siglo. Allí actuó con éxito en el café del Brillante, actuando posteriormente durante una larga temporada en Bilbao. A partir de aquí se iniciaría el éxito: los cafés cantantes de Sevilla, el Circo Price de Madrid, el palacio de Carlos V de Málaga. Toda una variedad de lugares que demuestran la variedad y la complejidad del flamenco de la España de comienzos de siglo. Junto a ella estuvieron los más grandes: Pepe Marchena, Imperio Argentina, Manolo Caracol. Y Pastora Pavón recorriendo mil y un lugares con una voz que la colocaba como la primera dama del flamenco español de la época, en una época dominada por las voces masculinas de Chacón y de Torre.
Mujer de su tiempo, fue amiga de Manuel de Falla, de Federico García Lorca y de Julio Romero de Torres, que llegó a pintarla en uno de sus cuadros. Y como buena flamenca, entroncó con otro palo lleno de arte al casarse con Pepe Pinto en el año 1949. Desde entonces compartieron carteles triunfantes como anticipo de su retirada.
Dicen que Pastora Pavón lo cantaba todo: soleares, siguiriyas, tientos fandangos, malagueñas...pero sobre todo peteneras, tangos y bulerías lorqueñas.
Tras una vida de arte tuvo una muerte de arte. En 1969 fallecía su marido Pepe Pinto. Unas semanas después lo acompañaría ella, aunque la razón hacía tiempo que la había abandonado. Fue enterrada tal día como hoy.
Todavía cuerda llegó a verse reflejada en el monumento de su Alameda que hizo Antonio Illanes. Fue un año antes, a finales de 1968 y en aquel homenaje cantaron Naranjito de Triana, Caballero y hasta su marido Pepe. Desde entonces, desde el final de la calle Calatrava nos sigue observando con su pose flamenca, con su mantoncillo y con los peines que le dieron nombre.
En 1999 la Consejería de Cultura consideró bien de Interés Cultural todos sus registros sonoros, siendo la primera voz convertida en patrimonio. Al recordar este dato me viene a la memoria algo que me contaba mi abuelo: las famosas broncas de la artista con Pepe Pinto. Su voces se oían por toda la Alameda. Y uno se pregunta si estas voces serían también parte de ese patrimonio cultural...

23.11.07

24 NOVIEMBRE. ANIVERSARIO MACARENO.



Reinaba Felipe II. En el Imperio no se ponía el sol. Sevilla centro del mundo.El alcalde era Asistente. Se llamaba don Pedro Carrillo y era Conde. Luego vendría el de Puñoenrostro y mucho más tarde simplemente los del Rostro... Cervantes malvivía por los rincones. Un ingenioso hidalgo rondaba por su mente. Roma triunfante. Mapa de huérfanos y capa de pecadores, donde todo era necesidad y donde ninguno la tenía. Buscones y lazarillos por los rincones. Y hasta el diablo Cojuelo... La Giralda era el Giraldillo. La torre ya era roja y la Giganta todavía era dorada. La Feria era el mercado y el antiguo relator medieval ya le había dado nombre a una calle. En el Corpus había zarabandas. Un baile, nada más y nada menos. Hortelanos y tías Tomasas. Mes de los muertos y de la esperanza de los vivos. Frailes de origen griego. San Basilio su patrón. Soñaron con una sonrisa que los llenara de futuro. Habían pedido una regla. Se la concedieron aquel día de noviembre. Gracias al provisor del Arzobispado. Fue un día feliz. Rezarían de rodillas lunes, miércoles y viernes. No había duda en el título. Quizás en el futuro fuera también cofradía. Alguno dijo que era el sueño de los que viven despiertos. Tenía razón. Tendría nombre de mujer. De barrio. De ciudad. De madre del mismo Dios...En un rincón del mundo se fundaba la Hermandad de la Macarena.

19.11.07

20 DE NOVIEMBRE. MUÑECOS BONITOS


“Todas mi esculturas son desgarros. Mi arte es la expresión del alma de mis amigos que han muerto luchando por un ideal. Son como sueños torturados....Los que me tachan de duro no saben que no puedo vender mi arte a los que sólo quieren ver reflejados muñecos bonitos...” Todo esto contó el escultor unas horas antes de su muerte. Corría el año 1982 y la cabeza de don Luis se llenó recuerdos. Vinieron a su mente su niñez en San Roque, el primer trozo de barro que le dejó tocar su padre y las primeras letras que le enseñó su profesor, el sabio alcalde republicano. Fue el que dijo a sus padres que Luisito tenía actitudes para dedicarse al mundo del arte...
- ¡Qué mundo...!, recordó. El mundo de la España de los años 30 que tanto le hizo sufrir. Una guerra, enfrentamientos, miedos y el peor día de su vida: unos monstruos sacaron a sus padres de casa y los fusilaron simplemente por sus ideas. Nunca pudo olvidar ni el miedo, ni la última mirada de los seres que más quiso, ni las explicaciones que alguien le quiso dar: “fusilados por rojos”. Nunca comprendió que aquello fuera tan grave para acabar con la vida de alguien.... Desde entonces le acompañó el dolor. Un dolor constante que tuvo que modelar en barros, en maderas o en hierros. Era una forma de expresión. Un dolor que volvió a sentir cuando fue encarcelado por sus ideas y por ser hijo, ni más ni menos, que de sus padres. Cuatro largos años en el campo de concentración de Molina de Segura a la espera de un fusilamiento que nunca llegó. O sí. Porque a Luis Ortega Brú hacía tiempo que le habían fusilado el alma...
En el frío de la noche de noviembre vinieron a su mente todas sus obras. Muchas para recordar en su última noche. Desde aquellas primeras miniaturas que le dejó hacer Juan Pérez Calvo hasta su primer gran Cristo: el de la Caridad del Baratillo. Pocos sabían lo que tuvo que contenerse para hacer plácida aquella muerte que el había visto tan cercana. Luego vino su gran misterio para la hermandad de Santa Marta, los premios y la incomprensión de una ciudad que lo mandó a Madrid. Allí fue feliz con Carmen, su mujer, y con sus cuatro hijos. Años de mucho trabajo y de mucha creación: esculturas, miniaturas, arte religioso, abstracciones, pinturas simbólicas... toda una vida dedicada al arte.
Pero Sevilla seguía en su corazón. A pesar de la incomprensión. Por eso regresó a ella para hacerle “su Cristo” y para firmar su testamento en doce apóstoles para la hermandad de la Cena. Una obra difícil...Como su ciudad. Eso pensó en su última noche el gran escultor.
25 años después, viendo a su represor a los pies de su Cristo, los fajines en sus imágenes o las pintadas de salvajes ignorantes contra su madre de la Esperanza quizás pensaría lo mismo...

15.11.07

FOTO DE LA SEMANA. EL NIÑO RICARDO


Si un servidor fuera eso que llaman periodista del corazón podría comenzar hoy con voz de interesante y con cara de estúpido cotilla diciendo algo así: ¿A qué no saben ustedes cuál fue el primer amante de Lola Flores?. Pero no se asusten. Servidor no es periodista y mucho menos de esas tripas que visten de rosa para ocultar la basura que llevan dentro. Por eso nuestro retrato de hoy comenzará por nombrar al protagonista: Manuel Serrapí Sánchez. Quizás el nombre les diga poco. Y eso que le han dedicado un monumento en Sevilla. Aunque quizás les suene más si hablamos con su apodo: el Niño Ricardo. Si mis alumnos de la ESO me oyeran, que no son horas, dirían que el Niño es un jugador del Atlético de Madrid. Nada de eso. Fue un guitarrista sevillano. Dicen que el mejor que hubo nunca.
Nació en Sevilla en 1904. Desde pequeño tocó la guitarra con Antonio Moreno y con su padre. Y desde 1917, con sólo trece años, se convirtió en todo un profesional. Y desde entonces cargó con el apodo de Niño Ricardo, viajando por toda España tocando la guitarra en locales y tablaos flamencos. En la época de los discos de pizarra empezó a grabar sus primeros discos, eran los años veinte y comenzaba el reinado del Niño Ricardo en la guitarra española. Durante cuarenta años dicen que fue el mejor y que cuando tocaba por fandangos no tenía rival. Cuando oímos uno de sus discos de los años cuarenta notamos su voz quebrada por una operación de garganta en 1945. Y recordamos sus populares giras: con Antonio Molina, con Juanito Valderrama, con Sabicas.
Niño Ricardo grabó discos con todos los grandes: con Mairena, con Pepe Pinto, con Vallejo, con Caracol con Fernanda y Bernarda de Utrera...dicen que el sonido de su guitarra era único, quizás porque sus uñas crecían vueltas hacia arriba y eso le daba un especial sonido a las cuerdas. Tanto que llegó a ser maestro de guitarristas. Paco de Lucía decía de él que era para su generación algo así como el Papa. Aunque uno no se imagina al sucesor de Pedro con una guitarra flamenca en las manos....en fin.
La cuestión es que desde su muerte en 1974 merecía un homenaje. Y se lo dieron hace con una estatua en la plaza de San Pedro o Cristo de Burgos, según prefieran. Hace poco fui a verla. Allí está el Niño Ricardo con su guitarra y su aire de película de mi abuelo. El mejor guitarrista del siglo tenía alrededor seis o siete litronas, tres cartones de tinto, varios papeles y un chicle pegado en la cara. Aunque peor fue otro día que acabó disfrazado... No sé porqué me acordé de Lola Flores. Y pensé que en nuestros días, la basura no tiene respeto por nada, y mucho menos por los muertos...

12.11.07

13 DE NOVIEMBRE. ESTANISLAOS


Unos niños pijos de papá. Eso es lo que te parecían aquellos niños repeinados y endomingados que veías diariamente en la calle Jesús del Gran Poder. A unos los llamaban luises, por San Luis Gonzaga y a los otros estanislaos, por su patrón, un santito polaco del que no sabías nada. Luises y estanislaos, congregantes jesuitas en la Sevilla en sepia de los años cincuenta. Y eso que tú también eras de los jesuitas. Pero de los pobres. De los Javieres. Y a mucha honra... Nada que ver con aquellos estanislaos de gomina en el pelo. Tus jesuitas eran los del padre Trenas, el de la sotana siempre sucia por las obras y el de los niños del Vacie aprendiendo un oficio. Niños con mocos matando los años de hambre en el hogar del Niño Jesús. Sotanas negras de San Ignacio manchadas por la miseria de una ciudad de cartillas de racionamiento. Pero tú siempre creíste que aquello era lo mejor. Como tu equipo de los javierines o como las sabias palabras de aquel loco con sotana... Todavía lo recuerdas en el púlpito. Eran años de pantalón corto, de vacío intestinal y de alpargatas gastadas. Junto al Crucificado de tu Alma, aquel jesuita hablaba con palabras que tú no llegabas a entender:
“Al comunismo no hay que tenerle miedo sino aprender de él las muchas cosas buenas que tiene...”. No entendías que significaba aquello pero aquellas señoras arregladas de misa diaria en los jesuitas solían poner cara de asombro...Comenzaban los años cincuenta en Sevilla.
Has recordado todo esto cuando hoy has abierto tu almanaque. En el santoral aparecen San Leandro y San Estanislao. El primero te suena por las yemas pero del segundo no sabes casi nada. Te has informado y has descubierto que está en la iglesia de San Luis de los Franceses. Has decidido visitar el templo. Una joya barroca llena de santos jesuitas como el de la sotana sucia de su infancia. Y entre laminitas barrocas lo has encontrado en un rincón. Alguien te ha contado que Estanislao de Kostka nació en Polonia en el siglo XVI y que era hijo de familia noble. No podía ser de otro modo, pensaste al principio. Pero luego has sabido que fue servicial caritativo, humilde y muy piadoso. Ya de pequeño solía hacer penitencias para mortificar su cuerpo. Y llegó a entrar de novicio jesuita junto a Francisco de Borja, el santo de la canina de otro retablo. Cosas de la vida... Estanislao murió muy joven, en 1568. Dicen sus biógrafos que tuvo grandes deseos de abandonar pronto este mundo. El mundo. Has sonreído y has recordado con cariño a aquellos estanislaos de tu infancia. Aunque parecieran de otro mundo. Porque el tuyo era el de aquellos javieres y el de aquellos ejercicios de Cuaresma en la oscuridad:
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”


A Manolo Patolín, el niño de pantalones cortos que cumple años

9.11.07

FOTO DE LA SEMANA. LAMENTO


"Hasta el mihrab de piedra llora,
hasto los púlpitos se afligen,
hechos como están en madera.
Tú que permaneces indiferente:
el destino te está llamando y, si duermes,
esta época va a vapulearte.
Alegre y confiado, su mismo país la olvida,
pero ¿puede tener patria el género humano
después de haber perdido Sevilla"


(Abu-l-Baqá de Ronda)

5.11.07

6 DE NOVIEMBRE. DIOS DE DIOS


Cuando el escultor se levantó aquella mañana sintió sobre sus espaldas el peso de la responsabilidad. Sobre la mesa de su taller de la collación de la Magdalena descansaba el documento que le obligaba a realizar una obra de importancia, una “hechura de Cristo del natural de dos varas de largo, enclavado, en madera de cedro y con la cruz de ciprés de cuatro varas con sus clavos de hierro pavonados” . Era todo un reto. Por muchas cosas. Por la persona que se lo había encargado y por las condiciones que le había planteado.
Toda la noche estuvo recordando la visita de Don Gaspar Pérez de Torquemada, el conocido mercader que le encargó la obra. Insistió mucho en que debía ser parecido al Cristo del arcediano Vázquez de Leca. Nada menos que un crucificado del gran maestro: Juan Martínez Montañés...
Se despertó temprano aquella fría mañana de noviembre de 1611. Sobre su mesa el contrato y los quinientos reales de vellón que le había entregado el mercader a cuenta. Le había impresionado su apariencia: un hombre cultivado pero cercano, de gran porte pero sencillo, accesible pero con gran profundidad, con apariencia intelectual pero al mismo tiempo cargado de sentimientos. Su ropa lo decía todo: ricas telas negras que contrastaban con unas sencillas alpargatas negras. Todo esto recordaba el escultor cuando imaginaba cómo sería el Crucificado que iba a realizar. Lo primero era ir a ver el modelo, el Cristo de Vázquez de Leca.
Lo conocía personalmente. Por eso decidió visitarlo por la mañana. Vivía cerca. En su casa recordó aquellas historias que contaban sobre aquel donjuan. Cuando le invitó a su capilla particular, Vázquez de Leca le contó que tenía intención de donar aquel crucificado a la Cartuja de las Cuevas.
-“ Menos mal, he llegado en el momento justo” pensó el escultor.
Delante del modelo, el escultor Francisco de Ocamp no fue capaz de mirar los ojos del Crucificado. Parecía que le hablaban a lo más hondo de su corazón. A sus pies, el escultor sólo pudo recordar una oración, aquello de Dios de Dios, luz de luz. Y cuando pudo abrir los ojos no pudo evitar mirar la imagen con ojos de análisis: sudario, anatomía, rostro, musculatura, posición, encarnadura...
Al salir de aquella casa un cúmulo de sensaciones se agolpó en su mente. Pensó en perfección, en músculos, en clavos, en cedro y en ciprés, en una mirada y en un mercader, en unas ricas telas y en unas alpargatas negras. Más tarde, cuando empezó a trabajar en la imagen, en medio de una negra madrugada sólo musitaba una oración: “de la misma naturaleza que el Padre...”
Aquella noche de 1611 el Cristo del Calvario nacía en la mente de un viejo escultor...

1.11.07

FOTO DE LA SEMANA. LOS MUERTOS


"Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara..." (Bernarda Alba)

A la canina que cavila...

29.10.07

30 DE OCTUBRE. EL LOCO


“El mal que no tiene cura, es locura... el mal que no tiene cura, es locura” Esta era la frase que repetía una y otra vez el nuevo inquilino del Hospital de Los Inocentes. Había llegado el día anterior. Parecía que lo suyo era grave pero en algunos momentos daba señales de mucha lucidez...Sobre todo cuando comenzaban sus sermones.
Sevilla, octubre del año del Señor de 1681. Pasillo del Hospital de San Cosme y San Damián, por nadie conocido así. Hospital de los Inocentes para todos los vecinos del barrio de San Marcos. Pasillo de un hospital de locos. Como el “Enano Camorrillas”, capaz de pelearse hasta con el azulejo de los dos santos que había a la puerta el edificio. O como el “Niño San Bartolo”, que tocaba una flauta con agujero solo, ya fuera suya o de cualquier otro majara. También paseaba por allí el “Licenciado Fétido”, conocido por airear los trapos sucios de su más profunda interioridad y regalarlos con toda la generosidad posible.
- “Toma, este cuesco para ti”, solía decir por los pasillos.
Y al sonido irreverente le acompañaba las risotadas del “Peíto de Mairena”, del “Loco de la Calle Feria” y del “Bobo de la Costanilla”. Toda una galería de locos que aquel día conoció al nuevo habitante del hospital. Lo llamaban “el de los sermones”. Y si no fuera por su mirada perdida, podría haber pasado por un lúcido orador. Cuando lo trajeron el día anterior se lo advirtieron al director:
- “Mire que parece cuerdo pero es bien loco. Si le deja hablar le dirá un sermón. Y no es cuestión de aguantarlo. Que muchas veces incluso dice la verdad...”
Algo así había ocurrido unos días antes. El loco de lo sermones se encontraba en la puerta del Palacio Arzobispal. Ya había dado su sermón de la mañana a quien lo quisiere oír. Pasó por allí el Arzobispo y el sermonero lo saludó con reverencia. Su Eminencia se le acercó y, llamándole por su nombre, le preguntó por las obras de la Catedral:
- “Amaro, ¿Qué te parece lo que estoy haciendo?”.
A lo que el loco respondió:
-“Usted hace lo mismo que Cristo pero al revés... Cristo convertía las piedras en pan para los pobres y Su Eminencia convierte el pan de los pobres en piedras...” En silencio el prelado se marchó pensativo. A los pocos días el Loco Amaro ingresaba en el Hospital de San Cosme y San Damián. Un médico lo diagnosticó a la llegada. “Amaro: loco”. La palabra resonó en los oídos del sermoneador. Loco, loco. Y aquel día de octubre se oyó en los pasillos del hospital un breve y certero sermón: “Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo toda la vida..”

22.10.07

23 DE OCTUBRE. EL CONFERENCIANTE


El conferenciante sabía que muchas de sus charlas terminaban mal. Hablaba claro y criticaba las males de una España que por aquel entonces, el año 1912, parecía seguir anclada en el pasado. Había venido a Sevilla invitado por el Círculo Republicano. Le había impactado su Semana Santa, para lo bueno y para lo malo, pero no podía soportar dos de las señas de la ciudad: el flamenco y las dichosas corridas de toros.
Al llegar al salón de actos le sorprendió una asistencia masiva, con un público variado: muchos jóvenes, algunos señores de la alta burguesía, y alguna señora vestida para la misa del domingo. Sentado en la tribuna escuchó una presentación correcta, ni muy exagerada en el recuento de sus libros o de sus andanzas, ni con la cortedad superficial de otros sitios. Estaba algo absorto cuando oyó la frase introductoria:
- "Señoras y señores, cedo la palabra a Don Eugenio Noel".
Tras el forzado aplauso, el conferenciante decidió entrar en materia haciendo una cita a uno de sus maestros:
- Me van ustedes a permitir que cite a don Miguel de Unamuno, en su opinión cobre el tema que nos ocupa: “uno de los mayores males de España es la afición a los toros y a la flamenquería contada su secuela de superficialidad y ramplonería con la chulería, y aún con otras peores, es que entre la gente de la afición es donde más se leen los semanarios pornográficos, y, me aseguran, que apenas hay casa de lenocinio en donde no se encuentren libros y seminarios de toreo...”
Notó que había asistentes que se incomodaban por aquellas palabras. Daba igual. Continuó atacando lo que llamó el flamenquismo, llegó a decir que era uno de los males del señoritismo andaluz; atacó las corridas de toros diciendo que era un síntoma de la decadencia de España, recordó que ni a Baroja ni a Azorín ni a Unamuno les gustaba el flamenco, y unió la prostitución, las juergas flamencas y las corridas de toros como los tres males del país. Fue aquí cuando llegó lo peor. Uno de los asistentes se levantó y le gritó:
- "¡Será maricón!. Éste nos quiere dejar sin juergas, sin toros y sin putas. Váyase a su tierra...!"
No fue el único. Varios de los asistentes más jóvenes se levantaron con intención de agredirlo y el conferenciante tuvo que salir corriendo. Aquí comenzó una larga carrera que atravesó buena parte de la ciudad entre golpes, empujones y gritos de los que defendían el flamenco y los toros y los que se habían atrevido a hacer una crítica. Fue un 23 de octubre de 1912: el día que Don Eugenio Noel, el más antitaurino de la época, corrió por el centro de Sevilla.
Menos mal que no existía “El Tomate”...

15.10.07

16 DE OCTUBRE. MIERDA


No serían ni las siete de la tarde cuando llamaron a la puerta. Lo recuerdas como si fuera ayer. Habían llamado poco antes por teléfono preguntando por el doctor. Algo habitual en pacientes con poco tiempo y para una consulta siempre llena. Cuando sonó la puerta había algo de desconfianza en la mirada de aquellos jóvenes. Miraron a su alrededor y apenas hicieron comentarios sobre la consulta, quizás ojearon alguna fotografía del doctor con algún famoso cantante. Siguen estando colgadas en las paredes, entre títulos de largo nombre, pero ahora parecen tener una carga de pésame colectivo... Te sorprendió que uno de los jóvenes no quisiera sentarse. Tendría prisa. Hubo un cruce de miradas y entraron en acción. Siempre pensaste que eso quedaba para las películas, pero aquel maldito día te tocó la entrada para un pase en directo. El que parecía más joven empujó violentamente la puerta de la consulta y entró corriendo. Quizás fueron tres, cuatro o cinco segundos. Alguien gritó cuando vió al joven sacar la pistola y apuntar sobre el doctor. Él, que tantas voces había curado, no tuvo tiempo ni para alzar la suya. Disparo mortal a quemarropa. Sólo recuerdas el rojo que tiñó su bata blanca y la carrera de los dos clientes. La locura había llamada a tu puerta antes de la siete de la tarde de aquel 16 de octubre. Habían matado al doctor Muñoz Cariñanos.
Casi no reaccionaste pero hubo a tu alrededor quien salió corriendo. Corrían los asesinos pero los sentimientos galopaban más. Te contaron que llegaron a la Alameda y que, corriendo, se plantaron en la Macarena. Apenas unos minutos. Desde tu calle Jesús del Gran Poder a la Basílica de tu Virgen en apenas un momento. Lo que para ti siempre fue un paseo era una macabra carrera para otros. Cerca del Parlamento fue el tiroteo con unos policías. Hirieron a uno de ellos que quiso coger un coche mientras gritaba “mierda, me han dado, mierda...”•.Al momento era detenido Jonn Igor Solana pero el compañero escapó. Toda Sevilla, y esto si que no es un tópico, contuvo la respiración durante horas. Había que atrapar al otro asesino. A las pocas horas Harriet Iragi, semidesnudo, sangrando de su herida, era acorralado por la policía en el mismo barrio. “Soy de la ETA, no disparen”. Alguien te contó que al ser detenido hubo que lavarle la mierda que se había hecho en los pantalones... Todavía te parece que fue ayer. En días como hoy te acuerdas que dos años más tarde fueron condenados a 53 años de prisión. Pero sobre todo te acuerdas de la mierda en los pantalones de aquel paciente. Y cuando sigues oyendo hablar de referéndum, de autodeterminación, de conflicto, de patrias y de banderas piensas que la mierda sigue a tu alrededor. Una mierda que sigue oliendo igual de mal...

8.10.07

9 DE OCTUBRE. EL REGRESO


Todavía resonaban en sus reales tímpanos los insultos que había recibido cuatro meses antes. Los recordaba uno por uno: inepto, incapaz, idiota, mala bestia, apestado, dictador... Todavía recordaba la lluvia de objetos que le despidió de la ciudad cuando se montaba en un barco para huir por el río. Todavía creía oler aquellas verduras podridas que llegaron a manchar sus ricas galas; todavía creía sentir aquel huevo podrido que impactó en su cuidado pelo y en lo más profundo de su poca dignidad... Habían pasado cuatro meses, aunque a aquel rey todo le parecía demasiado cercano.
Sevilla, octubre de 1823. El rey Fernando VII dejaba de ser el Incapaz y se convertía de nuevo en el Deseado. En sólo cuatro meses. La llegada de las ropas francesas de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis había vuelto a poner las cosas en su sitio. El rey con todo su poder, como disponían las leyes de derecho divino...
Al menos eso era lo que pensaba Fernando VII cuando regresaba la ciudad que los había expulsado unos meses antes. Los que antes lo criticaron ahora lo alababan. Desde el camino de Eritaña se fue acercando a la ciudad en una carroza triunfal forrada de raso blanco y guarnecida con flores, tirada por gruesos cordones de oro y seda carmesí. Al avistarse la Giralda se empezó a oír el tañido de las campanas que sonaban en honor del rey. Una algarabía que se mezcló con las salvas de artillería en la Enramadilla y en la Resolana de la Caridad. Al llegar a la Puerta de Triana, entre vítores y alabanzas, una muchedumbre quitó los caballos que tiraban de la carroza y cargó con el real peso de Don Fernando VII, el ,hasta entonces, rey cautivo. En aquel lugar, el gobernador militar, don Tulio Oneill presentó en bandeja de plata las llaves de la ciudad al Rey. El Deseado se acordó de nuevo del día que le tiraron las verduras podridas. Ahora le ponían las cosas en bandejas de plata. Nunca mejor dicho. Para que luego dijeran algo de las carambolas de Fernando VII... Todo esto pensaba mientras escuchaba un coro de niñas cantando y mientras repicaban las campanas del convento del Pópulo y de San Pablo. Sevilla era una fiesta. Una fiesta de días en la que todos los sectores de la ciudad rendirían pleitesía a Fernando VII. El Rey que vendió dos veces España era recibido de nuevo entre el fervor de la multitud. Y no hubo gremio, ni barrio, ni cargo, ni vecino que no se apuntara a la fiesta...
Quizás la ciudad no tenga remedio. Siglos después los criticados gobernantes vuelven al poder y los criticados presidentes vuelven a los palcos. Sí señor. ¡Qué vivan la caenas...!

1.10.07

2 DE OCTUBRE. EL ATENTADO


Todo estaba listo. Había que actuar con cuidado, sin levantar sospechas. El barril de pólvora y la mecha estaban preparados. El escenario también. En pocas horas el maldito siciliano de los cien pleitos pasaría a la historia de los arzobispos hispalenses...
Sevilla año del Señor de 1692. Sólo los más viejos del lugar recordaban algo del obispo que quiso poner en orden a las cofradías. Fue a comienzos del siglo. Pasaron otros nombres por la silla arzobispal y hubo quien recordó el viejo refrán: “te sucederá quien bueno te hará”... Pero lo del último no tenía nombre. Había nacido en Aragón pero venía de Sicilia, y había sido menino de la Corte de Felipe IV. Vamos, que era cabezota, mafioso y con aires de grandeza...
Llegó a Sevilla en abril de 1684. No se les olvidaba. Víspera de Domingo de Ramos. Y desde entonces todo habían sido problemas: con el cabildo, con la audiencia, con el clero, con el pueblo... Un obispo extranjero que se atrevía a luchar contra las costumbres asentadas en una ciudad que todavía se creía el centro del mundo... Aquellos danzantes lo habían soportado con resignación porque su trabajo no peligraba. Pero hacía ya dos años que se le ocurrió la última: suspender las danzas del Corpus. No quedaba más remedio: había que acabar con aquel insolente ...
Los conjurados llevaban días trazando el plan. En una de sus reuniones secretas, mientras maldecían a aquel tipo agrio con lentes a lo quevedo, señalaron la fecha. Sería aquella noche. El arzobispo solía confesar en aquel asiento por las mañanas. Unos de los conjurados rió con saña mientras imaginaba la escena:
- "Le vamos a meter sus penitencias por su santo culo..."
Ni más ni menos. Debajo del asiento del confesionario estaría su fin. Un fin espectacular....Y además con el apoyo de muchos: desde algún seise hasta algún canónigo, desde algún caballero veinticuatro a más de un clérigo....
Los elegidos consiguieron entrar en la parroquia del Sagrario la misma noche del 2 de octubre. En la oscuridad consiguieron camuflar la mecha y un enorme barril de pólvora. Con la ayuda del viejo sacristán lograron colocar el artefacto en el confesionario. Cuando los conjurados salieron de la parroquia imaginaban la explosión: cruz pectoral, anillo, lentes y el puto aragonés volando por los aires... Ya vendría un arzobispo mejor...
Pero la torpeza dio fin a la conjura. Al amanecer fue descubierto el tosco artilugio por una monaguillo de la parroquia. El atentado contra don Jaime de Palafox había sido frustrado...
Cuentan las malas lenguas que poco cambió en Sevilla desde entonces. Aunque hay quien dice que desde entonces los obispos sevillanos pleitean poco, confiesan menos y suelen mirar debajo de los asientos...

24.9.07

25 DE SEPTIEMBRE. LA MANO NEGRA


“A los nietos de la negra, el dinero le blanquea las manos”. Era un refrán que había escuchado aquel malvado mulato en más de una ocasión. Muchos decían que la codicia lo acompañó desde la cuna. Y es que Francisco de las Heras, que así se llamaba el mulato, siempre luchó por el dinero. Sin escrúpulos, que ya lo decía el refrán: “aunque salga de manos asquerosas, el dinero, huele a rosas...”
Sevilla, septiembre del año del Señor de 1750. El criado mulato no perdonó a su señor que lo reprendiera el día anterior. Cuando fue sorprendido jugando a las cartas, el dueño le gritó que “juegos de manos eran de villanos” y que “un buen cristiano tenía las manos blancas, que son las que no ofenden”. No lo soportó más. Al día siguiente, en silencio, sin que su mano derecha supiera lo que hacía su izquierda, decidió esperarlo al anochecer. Poco imaginaba el Marqués de Moscoso cuando volvió de América que su fin estaba cerca: en las manos de un criado mulato. El muy malvado lo esperó escondido en una calleja cercana al convento de Madre de Dios. Con el paso del tiempo notaba cómo sus manos se iban calentando, “que el que espera desespera” y que “las manos calientes amor tienen ausente”. En medio de la oscuridad, sin compañía, el Marqués apareció ya bien entrada la noche. Allí lo asaltó el esclavo mulato, le clavó un cuchillo y logró herirlo, más queriendo huir, el marqués resbaló con el caballo en el atrio del convento de San José. Allí fue su fin. El pérfido mulato volvió a acuchillarlo y derramó su sangre en la puerta del convento mercedario. En la oscuridad de la noche salió corriendo por las callejas de la judería. Pero ya lo dice el refrán: “lo que se hace con las manos, se desbarata con los pies”. Y es que el mulato cayó al suelo en la persecución y fue detenido por dos alguaciles del lugar.
La noticia corrió en Sevilla como la pólvora: un mulato asesinaba al marqués de Moscoso. Rápidamente fue condenado a muerte en un juicio implacable. Pero no una muerte sin más. A los tres días el pérfido criado recibió doscientos crueles azotes en la Cárcel Real. Todo mientras su carcelero le gritaba: ¡toma, hideputa!, que “cuando Dios da, da a manos llenas”. A la semana siguiente, mientras la nobleza enterraba al Marqués a la espera de su traslado al convento del Loreto, el mulato era vilmente ahorcado en la plaza de San Francisco. Con un detalle: un esbirro le cortaba la mano para colocarla en el lugar del crimen...
El día 25 de septiembre una mano negra colgaba de una pica en la judería. Fue un día lluvioso, una lluvia que parecía querer limpiar la sangre de aquel asesino. Pero ya lo sentenció una vieja del lugar: “manos de puta, de ladrona y de corneja, cuanto más se lavan, más negras se quedan...”

17.9.07

18 DE SEPTIEMBRE. EL PROVOCADOR


Convento de Regina Angelorum. Misa dominical. Frailes dominicos y pueblo seguían los latines de la liturgia. Se esperaban las palabras del provocador desde el púlpito. Subió lentamente. De forma pausada. Casulla bordada en las alturas. Y en medio de la tierra de María Santísima largó su teoría: “María fue concebida como vos y como yo y como Martín Lutero...”. El fraile Molina acababa de abrir la polémica sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen...
Sevilla, septiembre de 1613. Las palabras de un dominico habían “puesto horror en la orejas cristianas”. Había dudado de la Concepción Inmaculada de la Virgen... No se podía tolerar. El pueblo actuaría. No en el momento: Molina pudo salir con vida de la iglesia aunque días más tarde denunciaba que le habían colocado una bomba en su dormitorio...
Para bomba la que estalló por Sevilla. Había que acabar con aquellos perros dominicos. Se celebraron reuniones de hermandades y la primera en actuar, para algo se las daba de primitiva, fue la hermandad del Silencio. Convocó para el 18 de septiembre una salida extraordinaria de desagravio. Cuentan las crónicas que fue una procesión digna de ver. A la caída de la tarde, miles de personas se congregaban en los alrededores de la calle de las Armas, junto a la iglesia de San Antón. Los hermanos de la hermandad de Jesús Nazareno salieron a la calle portando cirios, con banderas celestes y blancas. Entre el pueblo se oyeron cánticos y alabanzas a la Virgen. Varios hermanos portaban al final del cortejo una imagen de la Virgen que despertó la piedad de todoS los asistentes. Entre el público, un jovencito llamada Diego imaginó a la niña de sus sueños como una Inmaculada. Cuando volviera a su taller haría el boceto que tenía en la mente. Otro de los asistentes, una tal Miguel del Cid, tuvo tiempo para hilvanar una poesía a la Inmaculada. La pareció incluso ocurrente, quizás la presentaría a algún concurso de los que se habían convocado. Todo en medio de una procesión de desagravio que fue un éxito de público. Al finalizar, Dieguito marchó con el boceto en la mente y Miguel remató su composición. Decía así: “Aunque le pese a Molina/ y a los frailes de Regina/ al prior y al provincial / María fue concebida / sin pecado original”. Una poesía algo ripiosa pero que seguramente tendría éxito. Había nacido la Sevilla defensora de la Inmaculada Concepción...
Han pasado casi cuatrocientos años de aquel día. El boceto soñado se hizo luego un cuadro que, como tantos, no se conserva en Sevilla. Quizás hoy, al joven que se sentía poeta le pondrían un atril de pregonero. Y seguro que el maldito provocador se movería por mil y un programas basura de la tele contando su dichosa teoría....

11.9.07

11 DE SEPTIEMBRE. EL TARUGUERO


- En nombre del rey, queda usted preso por taruguero...
Esta fue la frase, quizás algo cómica, pero en el fondo terrible que escuchó aquel grandullón al salir de su trabajo en la fábrica de Tabacos. Los cronistas no quisieron que su nombre pasara a la posteridad, pero fue el primer condenado tras la pragmática publicada unas semanas antes...
Sevilla, septiembre de año 1750. La gran industria de la ciudad seguía siendo el monopolio del tabaco. En hoja o picado, el oro en hoja que venía de América sólo se trabajaba en la nueva fábrica extramuros la ciudad, la mayor de la Europa del momento. Miles de operarios atravesaban sus rejas diariamente y pasaban un duro control: el tabaco no podía salir de aquella fortaleza bajo ningún concepto. Pero la necesidad es más rápida y lista que las leyes y aquel trabajador, del que no conocemos su nombre, acumulaba deudas que no podía pagar. Por eso se atrevió a sacar tabaco de la fábrica. Nada menos que tabaco picado....
La primera vez le costó mucho trabajo. Un compañero le propuso sacar tabaco con el método más seguro: escondido donde más pecado había y donde menos miraban en los controles. Vamos, en el lugar donde la espalda perdía su honesto nombre...
Con mucho esfuerzo aquel cigarrero había hecho de tripas corazón, y nunca mejor dicho... En una tripa de vaca estirada se introducía el tabaco en polvo, se ataba, se agachaba el compañero, se bajaba los pantalones, se contenían respiración y esfínteres y... ¡hala!, tabaco escondido. El corpulento cigarrero notó al principio numerosas molestias e hinchazones, incluso una consecuencia inconfesable: los aires de aquella tripa acababan trastocando sus aires propios, con un resultado nefasto. Pero el dinero era el dinero y cuando vendía la mercancía en el exterior se olvidaba de aquellos problemas...
Pero algo falló en el control de aquel día. Al ser cacheado por los soldado se cumplió el viejo refrán: “la voz del culo no tiene remedio ni disimulo”. Le hicieron bajarse sus vestimentas y el retortijón fue mayúsculo. Algo extraño había allí dentro. Entre risas, un soldado le dijo: Válgame Dios, “que de barriga gigante, pedo retumbante” y con poco tacto le extrajo la tripa de vaca llena de tabaco. Detenido por taruguero...
Aquel gordiflón tembló de vergüenza. Quizás la cárcel, quizás los azotes, quizás fuera ejecutado. Qué más daba...Él, un cigarrero de gran porte, salió preso de la fábrica, con las vergüenzas al aire y escuchando a aquellos guardianes: ¡Vaya con el cigarrero, gigantón, pedorrón, ancho de espalda y estrecho de culo...” El fin del refrán fue la condena de aquel taruguero un día de septiembre de 1750...

3.9.07

4 DE SEPTIEMBRE. LA SICILIANA


Cosas de la vida. Aunque naciste en el siglo XII, no te trajeron a Sevilla hasta 1700. Son muchos años pero sigues conservándote joven...
Posiblemente esta tierra te recordó a la tuya, que son muchos los que dicen que Sevilla y Sicilia se parecen mucho. Por eso no te sentiste extraña. Por eso y porque fuiste bien acogida desde un principio. Primero pasaste unos días en Santa Marina y luego te asentaste definitivamente en San Lorenzo. Cuando te trajo el cardenal Palafox hubo que explicar tu historia a tus vecinos. Fue entonces cuando empezaste a ser una vecina más. Les contaron que eras una niña de apenas 14 años cuando se te apareció la Virgen y te recomendó que huyeras de este mundo. Alguien me llegó a comentar que eras tan bella que tu atractivo ponía en peligro la belleza de tu alma. Eran otros tiempos. Hoy rápidamente habrías sido portada de Interviú...
Pero en tu época no era así. Unos ángeles te llevaron a la cueva del Monte Coscina y cuando tus padres se enteraron, te trasladaron al monte Pellegrino. La verdad es que sería un disgusto para ellos, un padre tan importante, descendiente de Carlomagno y su hija hecha una anacoreta, vamos una hippie de su época...
Supongo que cuando llegaste a Sevilla en el siglo XVIII notarías un clima como el de tu tierra. Por eso te adaptaste pronto. Y es que en tu convento de monjas capuchinas no se vive nada mal: en pleno centro, con muchos metros cuadrados y sin pagar hipoteca... Y encima rodeada de silencios y de belleza...Porque desde tu nueva cueva has visto casi de todo. Fue el cardenal Salcedo el que acabó la primera iglesia. Años más tarde, allá por 1761 lo pasaste muy mal: un incendio destruyó tu casa, la casa de las monjas. Pero otro príncipe de la iglesia, el cardenal Solís, la reconstruyó con todo lujo. ¡Lujos a ti, que te había ido a vivir a una cueva...! Retablos barrocos, imágenes pinturas, dorados...una especie de cueva siciliana de maderas y oros. Todavía recuerdas al cardenal, era tuerto, e incluso el día en que trajeron su corazón para que descansara en su convento... Y es que tu nueva cueva es un privilegio. Cada año ves desde ella una Virgen dormida que parece ir al cielo... Aunque lo que de verdad te conmueve es ver al Señor de Sevilla de regreso. Desde la altura. Cuando lo ven aparecer en la mañana del Viernes Santo algunos creen que se caerá en medio de la calle. No saben que aguanta gracias al aroma de tus rosas y al ejemplo de tu penitencia...
Hoy, 4 de septiembre, celebramos tu día, el de de una santa llamada Rosalía. Dicen que eres abogada contra las epidemias. Te rezaré para que nos libres de las peores epidemias de nuestros días. Se llaman incultura y egoísmo. Haz algo Rosalía, que ya hay demasiados contagiados...

1.9.07

1 DE SEPTIEMBRE. ANIVERSARIO


Primero fueron unos textos en Onda Cero. Luego pasaron a Punto Radio. Contar en dos minutos un detalle de la historia de la ciudad. Una colaboración que luego se hizo algo más difícil: narrar una pequeña historia de la ciudad que hubiera ocurrido en el día que marcara el almanaque. Nacía así “El almanaque de Sevilla”, una sección de radio que pronto tuvo buena aceptación. Hubo quien nos pidió los textos por escrito y hasta hubo quien grababa esos dos minutos de pequeñas historias. Por eso decidimos trasladarlos a un lugar que perdurara. Modernidad de nuestros tiempos: un blog.
Así nació, hace un año, este invento. Sin más pretensiones que ser un lugar donde recordar un detalle de la historia de la ciudad. Desde entonces han sido más de ochenta las historias que hemos contado...
Siempre pensé (ahora hablo en primera persona) que esto sería un lugar para unos pocos. No me preocupé ni por el contador ni por añadir más cosas (mi torpeza informática y el cambio diario de pañales me impide dedicar más tiempo a esto). Aunque poco a poco me di cuenta de la importancia del invento. Sólo por la fidelidad y el interés de tanto amables visitantes este rincón merece la pena. Cuando me decidí, hace unas semanas, a colocar el contador, me di cuenta de que esto crecía: hasta cuatrocientas visitas diarias... A algunos os pongo cara, a otros sólo os pongo el apodo, a todos os tengo presentes en la lectura semanal de estas pequeñas historias. Sólo tengo palabras de agradecimiento y la petición de comprensión por no ser un contestador rápido de cuestiones o de sugerencias. Lo más grande de este invento está al otro lado de esta pantalla de ordenador. Aunque no tenga rostro, ni nombre, ni apellidos...
Desde hoy el almanaque (con el precedente quijotesco desgraciadamente no previsto) vuelve a abrir sus páginas. Con su modestia inicial. Con un proyecto futuro: recopilar en una publicación una pequeña historia sevillana de cada día de la semana, un libro con 365 historias...
Una novedad: junto a los textos, se colgará cada semana una foto sin más comentario. La palabra será vuestra. Espero que juntos sigamos pasando cada día las paginas de este almanaque: quedáis invitados.

28.8.07

28 DE AGOSTO. QUIJOTE


“Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo toda la vida”. No recuerdo quien dijo la frase. Tampoco importa. En un lugar de la razón nació una vez un hidalgo que fue sobre todo un loco para miles de sanchos...
Siempre pensaste que una gruesa línea separaba la realidad de los sueños, los pensamientos e ilusiones de la puta realidad. Por eso las mejores chicas se iban con otros, las mejores notas no iban en tu boletín y, por supuesto, las grandes finales las jugaban los demás. Tú sobrevivías en tu mediocridad ilusionada, asentada en miles de desilusiones y de repeticiones que marcaban una constante en tu vida. Realidad frente a deseo. Lo que querías y lo que pasaba. Tu vida necesitaba un loco hidalgo que llenara de ilusiones tu existencia. Ya lo dice el refrán: “el mal que no tiene cura, es locura”. Esa era tu relación la liturgia del balón. Tanto que, ante tanto Sancho Panza, tú repetías aquello de que “quien vive sin locura, no es tan cuerdo como parece”. Y a fuerza de esperar llegaste a conocer a un Quijote que te hizo realidad tus sueños de libros andantes. Era alto, delgado y con perilla. Quijotesco en el sentido puro. Apareció en tu vida con una volea. Después de cientos de minutos y de años te espera, aquella pierna izquierda te sacaba de la realidad y hacía cumplir tu viejo e idealizado sueño. Farolillos eternos. Había nacido el Quijote que te mandaba a la ínsula Barataria de una final europea en la que triunfarían tus amores rojiblancos.
Y como “quien con locura nace, con locura yace” tu sueño continuó gracias a aquel hidalgo, y lo que era un utopía se repitió hasta en cinco ocasiones.
Pero la puta realidad nunca le perdonó a aquel quijote que triunfara el reino de las ilusiones. Por eso mandó contra él a todas sus huestes. Y el primer partido de liga fue su troya particular, como aquel hidalgo de los libros. Realidad frente a ilusión, la muerte frente a la vida. El joven quijote luchó contra aquellos molinos hasta que pudo. Pero los gigantes suelen derrotar a los sueños. Y el hombre que amó a unos colores rojiblancos fue llevado al destierro de otros mundos. Aquí le lloramos muchos sanchos, pero quizás ese amor no es otra cosa que un ejemplo de sabiduría. Por eso has recordado otro refrán “Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado / y con pobre mesa y casa / en el campo deleitoso / con sólo Dios se acompaña / y a solas su vida pasa / ni envidiado, ni envidioso.” Y te has consolado sabiendo que lo grandes partidos tienen un tiempo añadido. Un tiempo infinito para jugar en otros cielos. Un tiempo infinito para seguir creando ilusiones con una zurda...
Has sentido una gran pena, quizás en el fondo una gran envidia. Como escudero de tu tiempo, asentado en esa gordura que llaman realismo, querrías ser más de una vez Quijote. Como aquel zurdo que un día te llevó al reino de los cielos...
Vale.

18.8.07

17 AGOSTO. DESCANSO



Con vistas de playa urbana el almanaque cierra sus páginas por descanso hasta el próximo 1 de septiembre. Para entonces cumplirá su primer año. Sólo tengo palabras de agradecimiento para tantos amables lectores. Volveremos pronto. Un saludo.

14.8.07

15 DE AGOSTO. LA SONRISA ETRUSCA


Te ha besado el aire de una mañana de agosto. Te has vestido con el peso de tus recuerdos y, un año más, has salido a la calle.
Parecías que no andabas sino que deambulabas, no se notaba lo que eras sino lo que sentías. El tiempo se había parado en el amanecer de un día de verano de un año que no importaba. Ni datos, ni horarios, ni saludos, ni prisas. El momento, sólo el momento. No has sido tú, pero sí el que fuiste una vez y el que probablemente, nunca quisiste dejar de ser...
Has llegado a la Catedral por el camino más corto, el de tus callejones olvidados y el de tus recuerdos de la infancia. Buscabas el buen sitio que nadie te ha tenido que indicar. Público habitual en el lugar habitual. Una máxima barroca: ni más, ni menos. Y allí, en tu lugar en el mundo has dando rienda a tus recuerdos ...
Recuerdos de un tiempo pasado. Te vestían de domingo y te sacaban al amanecer. No había derecho... Aunque al llegar la procesión algo cambiaba tu cara. Quizás fuera una sonrisa que se contagiaba...Quizás fuera tu imaginación la que te sacaba de tu sitio en el público y te llevaba a los brazos de aquella Señora. Por un momento de olvidabas de todo lo que había alrededor. Y de lo que te contaban: que si una imagen fernandina, que si la Edad Media, que si los ángeles, que si otras vírgenes, que si los nardos, que si el manto de los castillos y leones, que si la tumbilla... Que sí, que a ti te importaba poco. Porque tu ya te habías situado en brazos de aquella mujer de madera, enigmática, más antigua que el tiempo. Sonaban las marchas de tu Semana Santa y unas zapatilla blancas os llevaban siempre de frente, como las buenas cuadrillas. Y te olvidabas de todo. Unas manoplas de madera te protegían y en tu trono comprendías porqué reinaban los reyes. La mirada al frente de una Mujer de cabellos de oro...como en los villancicos de tu abuelo. No te importaban ni corales, ni brillantes, ni oros, ni bordados. Sólo te importaba aquella sonrisa que te envolvía... Cuando pasabas delante de los Mercadantes veías otras sonrisas góticas pero aquella era especial. Alguien te la comparó una vez con la sonrisa de los etruscos. ¡Qué gran acierto!. La risa moderada del que reina por encima de todas las cosas. Por eso tú llegabas casi a reírte entre aquellas manoplas de madera... Todo pasaba en un tiempo corto, probablemente el justo...
Un años más, cuando has vuelto a tu casa has creído ver a tu abuela, la del nombre sevillano. Quizás fuera su sonrisa...un día como el de hoy celebraba la importancia de su nombre. Un día en que tú te hacías un niño. Un niño que, cada año, sigue sintiendo que estrena unos zapatitos de plata...

2.8.07

4 AGOSTO. NIEVES DE VERANO


Imagínese que en Sevilla nevara hoy o mañana, o cualquier día de Agosto. Un milagro que nadie se atrevería a explicar. Pues algo así ocurrió en Roma en el año 352. El sevillano que conoce la Ciudad Eterna en Agosto suele hacer la comparación con su Sevilla natal, aunque allí puede disfrutar de las fuentes que aquí no disfrutamos. Pues en esa Roma veraniega cuenta la tradición que nevó el 4 de Agosto del año 352. En una de sus colinas, el monte Esquilino, se produjo el milagro. Y la interpretación se la dio la Virgen a un noble patricio, Juan. También su esposa conoció el porqué del milagro. La Virgen deseaba que en aquel lugar se alzara una basílica dedicada a su nombre. Era el milagro de la Virgen de Agosto. O de la Virgen Blanca. O de la Virgen de las Nieves. Con cualquiera de estas advocaciones la conocemos.
La historia la pintó Bartolomé Esteban Murillo en dos pinturas para la Iglesia de Santa María la Blanca, en plena judería, un lugar que ya albergó en época medieval a una de las sinagogas de Sevilla. En estos lienzos Murillo representó el sueño del patricio, el milagro del Monte Esquilino, la entrevista con el papa Liberio y la procesión para señalar el lugar de la que sería la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Todo ello lo condensó en dos cuadros que serían una de las atracciones de la reforma barroca que se hizo a la iglesia en 1665. Lienzos que se adaptaban a los arcos, que se aparecían entre las yesería barrocas de las bóvedas, que explicaban la historia de la imagen titular del templo. Pero esto es pasado. Los invasores franceses robaron los cuadros en 1810 y fueron llevados a Francia junto a casi un millar de lienzos, dato que no debería ser olvidado en estos tiempos en los que solemos desdeñar la historia. En Francia fueron adaptados como cuadros de formato rectangular. Se le añadieron unas enjutas doradas que muestran la planta y el alzado de la Basílica de Roma, según diseños del arquitecto francés Percier. Las reclamaciones españolas tras la caída de Napoleón lograron que los cuadros fueran devueltos. Pero no a Sevilla. Las pinturas se depositaron en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y en el año 1901 pasaron al Museo del Prado. En la iglesia sevillana se colocaron en su lugar unas simples copias que nos traen la nostalgia de dos obras maestras que fueron robadas del lugar para el que se crearon. Su sitio no es el Museo del Prado. Su sitio es la pequeña iglesia barroca de la judería sevillana.
En estos tiempo de demandas tantas veces injustificadas alguien podría reclamar que las obras de Murillo volvieran a su lugar de origen. No hablamos de desmembrar un archivo, ni de fraccionar un patrimonio, ni de razones de enfrentamiento político. Hablamos de devolver un tesoro pictórico que fue robado de Sevilla. Hablamos de un patrimonio cultural colectivo.
Aunque, viendo lo que suele importar esto, antes que el regreso de las pinturas será más fácil que en Sevilla nieve cualquier día de Agosto...

25.7.07

26 DE JULIO. LA ABUELA DE DIOS


Calle Pureza. Andabas buscando la sombra que te protegiera del sol de Julio. El sol de la Velá. Por tu memoria aparecía la figura de tu abuela que parecía seguir susurrando la retahíla que tanta gracia te hacía. Como buena trianera la repetía muy a menudo: “Señora Santa Ana / en tus manos dejo mi casa. / Señora Santa Ana / cuídame el puchero / por tu hija María y por tu nieto verdadero...”. Siempre recordabas aquello cuando entrabas en la parroquia. Tampoco olvidabas las enseñanzas de aquel profesor que te descubrió tu propia ciudad. Él te contó que es una iglesia del siglo XIII construida por un rey Sabio porque había sido curado de una enfermedad de la vista. Todavía recuerdas que te leyó un texto donde se contaba cómo a aquel rey se le salieron los ojos de sus cuencas y que Santa Ana lo curó. Qué cosas. Te entretenías pensando en esto cuando ibas camino de tu sitio de siempre. Era en un lateral, junta a dos santas trianeras, Justa y Rufina. Estaban en un cuadro muy antiguo, recuerdas que lo pintó un tal maestro de Moguer porque era de una época en la que los pintores no firmaban sus obras. ¡Qué tiempos!. Pensaste que hoy nadie haría nada sin firmarlo. También pensaste que nadie elige hoy el nombre de Justa ni de Rufina para sus niñas y eso que son las patronas de la ciudad... Tu profesor te había contado que fueron mártires hace muchos años. Sea usted mártir para caer en el olvido...Pero tú habías venido, un año más, a ver a Santa Ana. Y a la Virgen. Y al Niño...Siempre les tuviste especial devoción. Y en estos días parecían tener un brillo especial. Entre cirios rojos. Entre el oro viejo matizado por el incienso. Viendo el retablo volviste a recordar a tu profesor. Era una historia muy complicada. Y eso que tienes memoria para los nombres. Un retablo de 1540. Esculturas de Nufro Ortega y Nicolás de Jurate. Y sobre todo las pinturas. Unas tablas de un pintor flamenco, Pedro de Campaña, aquí, en plena Triana. Y las historias que contaban eran muy complicadas: el nacimiento de San Juan, el nacimiento de la Virgen, el abrazo ante la Puerta Dorada...Recuerdas que eran unas escenas que contaban historias apócrifas, tan complicadas como las de tus telenovelas. Era algo así como que Santa Ana se había casado con Cleofás, con Salomé y con Joaquín. Sus hijas María Salomé y María Cleofás formarían parte de ese grupo de las Tres Marías...qué complicado, pensaste. Y dirigiste tus pensamientos y tus oraciones hacia el grupo medieval, con reformas barrocas, con aire casi familiar. La abuela de Dios y tú frente a frente. Recordaste a otra abuela. La tuya. La que decía “Santa Ana bendita, de las tres limosnas que das al día, una sea la mía”. Recordándolo, al salir a la calle, no pudiste evitar una sonrisa. Un farolillo, el olor marino a río y a sardinas, el jaleo de la cucaña, la sonrisa de la Abuela de Dios...entre tantos recuerdos no te habías dado cuenta pero habían llegado a Triana los días más señalaítos...

15.7.07

18 DE JULIO. MARINA


18 de Julio. Tu vecino, el del bigotillo corto y el fijador, te sigue hablando del día del glorioso alzamiento. Prefieres no discutir con él. Tu abuela te hablaba del Movimiento y a ti eso te sonaba a baile de otra época. Tu amigo el capillita te hablaba de la fundación de la hermandad de la Encarnación en Triana, allá por 1554, ya sabes, el precedente de la actual de San Benito. Y sobre todo te hablaba de las imágenes que se quemaron el 18 de julio de 1936 en Sevilla: el Cristo de San Agustín, la Hiniesta, las imágenes de San Roque, las de San Bernardo...La tía de tu vecina añadirá que la Macarena durmió aquella noche escondida en un cajón para que no la quemaran. Todo cambia. Porque tu vecino de abajo, el del talante, te habla del día internacional de la lucha contra el franquismo. Hablas con tu padre y te habla de la paga extra y de la inauguración en 1954 del Hospital Virgen del Rocío. Como tu padre es de los rancios lo sigue llamando García Morato y si tu abuelo entra en la conversación te contará otra vez que lo llamaban Corea porque allí murieron muchos obreros durante su construcción. Y no se te ocurra darle mucha conversación porque en días como hoy empieza a imitar los discursos de Queipo de Llano y te acaba contando los fusilamientos en la muralla. Ya sabes como acaba aquello: tu abuelo se va directo a la Macarena, pisotea la tumba de Queipo y repite aquello de “ya estás muerto y yo todavía aquí”. Y te volverá a contar que era tan malo que el día que murió tembló la tierra...
Para lo que da un 18 de julio. Abres el almanaque y recuerdas algo. Día de Santa Marina. Llamas a tu amiga Marina y acabáis hablando del origen de su nombre. Ella te cuenta la leyenda medieval: Marina se hizo pasar por hombre para entrar en un convento junto a su padre viudo y le juró no revelar su identidad. En el convento fue acusada de una violación que nunca pudo cometer y tuvo que criar un hijo que no era suyo. Al cabo del tiempo la volvieron a admitir en el convento, siempre pesando que era un hombre y hasta que no murió no se dieron cuenta de que era una mujer oculta bajo el hábito de un fraile. Toda una historia que recuerdas mientras tu amiga te cuenta que muchos confunden a Santa Marina con santa Margarita, patrona de las parturientas. En fin...18 de julio: santas travestidas, cofradías, pagas extras, alzamientos y movimientos, guerras y cofradías... Definitivamente, el día de hoy da para mucho. Que usted lo aproveche.

17 DE JULIO. LAS PATRONAS


Las dos mujeres que tienen más retratos repartidos por la ciudad son dos perfectas desconocidas para la mayoría. No son modelos, ni actrices, ni siquiera llegan a la categoría de famosillas...No las conoce mi vecina, ni salen en la prensa rosa, ni venden exclusivas, ni se habla de ellas en la peluquería. Y encima tienen un nombre raro, Justa y Rufina. Toma ya. Nada más y nada menos que las patronas de la ciudad. Aunque son muy pocos los que lo saben.
A Justa y a Rufina le hicieron retratos los mejores artistas: Esquivel, Velázquez, Murillo, Domingo Martínez, Espinal...hasta el mismo Francisco de Goya las pintó para la Catedral. Y no sólo eso. También tienen esculturas y calle.
Siempre aparecen igual. Una junto a otra y la Giralda en medio, que tanto monta, monta tanto. Nunca sabemos cuál es cada una, que en el fondo da lo mismo. Y alrededor siempre tienen algún cacharro de cerámica que nos recuerda su historia y su leyenda.
Justa y Rufina eran alfareras en Triana, allá por el siglo III. Cuentan sus biógrafos, no autorizados por supuesto, que eran fervientes cristianas en una época en la que el cristianismo no andaba muy bien visto, que Roma todavía era pagana. Y no debían ser muy amantes de las procesiones, que hay que ver lo que han cambiado los tiempos. Y es que un día de verano, viendo una procesión con la diosa Salambó se negaron a adorarla, incluso algunos dicen que llegaron a romper la imagen de la diosa. Imagínense a estas dos hermanas en nuestros días...la cuestión es que fueron juzgadas por Diogeniano, el gobernador de la Bética, y mandadas a prisión. Dicen que su cárcel está en la actual iglesia de la Trinidad y que allí fueron brutalmente martirizadas, aunque ellas soportaron todas la torturas, que ni los leones se atrevieron a tocarlas. Después del martirio, Justa murió el 17 de julio y su cuerpo se arrojó a un campo donde siglos después construyeron una estación de tren. Y le dieron su nombre. Y sobre su cuerpo martirizado corren diariamente los ejecutivos para no perder el AVE.
Rufina tardó algunos días en morir. Y su cuerpo lo arrojaron a lo que llamaron Campo de los Mártires. Allí hicieron pisos muchos siglos después, dicen que muy caros.
A Justa y a Rufina las hicieron santas. Y patronas de la ciudad. Y ellas se dedicaron a sostener a la Giralda cuando había algún terremoto. Pero hoy en día no están de moda. Son muy pocos los que la conocen. Y ocurre algo curioso. Comprendo que tienen nombres raros, raros. Quizás por eso nadie les pone sus nombre a sus hijas. Pero qué quieren que les diga. Cuando paso lista en clase tengo a Jennifer, a Joanna y a Vanessa. Será que los tiempos han cambiado mucho...

9.7.07


10 DE JULIO. EL GIGANTE.

He abierto el almanaque y he visto tu nombre. Al cerrarlo me he acordado de los que me dicen que nunca exististe. Quizás seas fruto de la imaginación, quizás seas sólo una leyenda o el cuento de un viejo gigante de nombre extraño... Quizás sólo seas un símbolo que nunca se hizo de carne y hueso. Pero a mí me parece que eres un vecino eterno de mi ciudad. Y es que alguien tan grande no podía pasar desapercibido...
Al cerrar el almanaque he dejado volar la imaginación...turismo virtual que lo llaman... Te he visto en tantos lugares...
Alguien te pintó en una tabla en el siglo XV, con unos panes de oro para decorar el convento de San Benito de Calatrava. Todavía te conservan el Museo e incluso te han restaurado en los últimos años. Un Dios de la madera te hizo en tres dimensiones y te colocó en la parroquia del Salvador. Estoy deseando volver a verte allí, que creo que también te restauraron. Pero tu grandeza está sobre todo en la Catedral. Allí si que eres un gigante: Colón, a tu lado es un enanito y llevas casi quinientos años viendo desfilar eminencias y escuchando a los que dicen que tienes seis dedos o a los que cuentan que eres primo de Atlas... Y es que tú también cargaste el mundo a tus espaldas...
Pero yo me quedo con tu presencia en los conventos. Estás encerrado en Santa Clara y estás a la vista en Santa Paula. Allí un viejo portero me contó tu historia. Me dijo que tenías un nombre extraño, Réprobo y que procedías de Canaán. Eras alto y tan fuerte como un gigante. Estuviste tentado por el demonio pero un ermitaño te hizo ver la vida de otro modo. Te dijo que si ayudabas a cruzar un río con los caminantes a tus espaladas acabarías encontrando a Dios. Aquello te gustó. Al fin y al cabo te permitía mostrar a todos tu fuerza. Ganabas un buen dinero y todo el mundo hablaba de ti, de la facilidad con las que cargabas a las personas sobre tu hombro. No se te olvidará aquel día. Un niño te pidió que lo llevaras al otro lado del río. Era muy pequeño, no te costaría trabajo. Pero cuando ibas por la mitad del cauce casi no podías más. Recuerdas que le dijiste:
“Mira niño, pesas como si llevara el mundo encima”.
- El te respondió:
“No sólo llevas al mundo, sino a su Creador. A partir de ahora te llamarás Cristóforo, el que porta a Cristo, y tu vara florecerá en al orilla del río”. Desde entonces eres un símbolo de muchas cosas. Cuando hoy me monte en un taxi y te vea en una medalla con un Niño Jesús y tu vara florida recordaré dos cosas. Una, que las cosas más grandes aparentan ser las más pequeñas. Dos, que son muchos los que se siguen echando el mundo a su espaldas. Quizás por eso siga funcionando. Por eso existes, San Cristóbal. Por eso hoy nos acordamos de ti

5.7.07

4 DE JULIO. CUBA


“Si la guerra dura mucho / se abaratará el jamón / por los muchos yankis / que matará el español”.
Sevilla, 4 de julio de 1898. Algo así cantaban todavía por las calles de una ciudad confiada en si misma, contenta de mirarse su ombligo e ilusionada por una posible victoria en la Guerra de Cuba. Nada de eso pasó. Ni la guerra duró mucho, ni se abarató el jamón, ni se mató a esos yankis que decía la canción. Más bien al revés.
Aquel 4 de julio la prensa local todavía daba noticias positivas sobre la evolución de la guerra de Cuba. Una prensa muy especial. Imagínense que un periódico de entonces, El Noticiero Sevillano, había abierto una suscripción popular para construir un acorazado y luchar contra los Estados Unidos. David contra Goliat. Pero el español todavía se creía parte de un imperio que hacía mucho tiempo que dejó de existir. Y el sevillano de 1898 era feliz pensando en otras cosas: las zarzuelas de Chueca y Valverde, las corridas de Guerrita y Bombita ó los paseos decadentes por el paseo de las Delicias. Lo de Cuba quedaba lejos.
Pero aquel 4 de julio comenzaron a difundirse los rumores. Unos decía que eran interesados. Otros le daban todo el crédito. En una época sin radio ni televisión y con un prensa dominada por los intereses políticos había poco donde acudir, Las noticias tardaban días en llegar. Pero algo malo debía haber ocurrido: se notaba en el ambiente. Fueron muchos los que se reunieron a la espera de telegramas que confirmaran los rumores. Para ello se agolparon en los casinos y en los centros de reunión donde había telégrafo, un aparato que se convirtió en el centro de todas las miradas. Junto a la calle Sierpes, en el Círculo de Labradores, se formó la reunión más numerosa. Se congregaron tantas personas que la directiva decidió no cerrar. Había que esperar noticias. Algunos esperaban lo peor...
Ya de madrugada se confirmaron los presagios. El almirante Pascual Cervera y Topete, al mando de la flota española, se había enfrentado a los barcos de Estados Unidos. Su intención era romper el bloqueo de la isla de Cuba. Casi no hubo batalla. La superioridad americano destruyó casi todos los barcos españoles y el almirante Cervera fue hecho prisionero por los Estados Unidos. Aquellos sevillanos que escucharon la noticia en aquel telegrama no daban crédito. España perdía definitivamente sus colonias, aunque todavía quedaban los últimos de Filipinas. Durarían poco. Los sevillanos conocieron aquel día de julio de 1898 la muerte del imperio colonial español. Para sus nietos había nacido una frase que decir en los momentos más duros, un lema que parece acompañarnos muchos días en nuestros paseos por la ciudad: “Hijo mío, más se perdió en Cuba”

1.7.07

3 DE JULIO. LA PESTE


Con el calor de julio el olor en la calle era insoportable. El olor a muerte lo impregnaba todo. Había muertos por la calle que nadie recogía. Había enfermos que nadie atendía. Había vivos que parecían muertos...
Aquel día de julio de 1649 Sevilla era una ciudad fantasma. Media ciudad se ocupaba de enterrar a la otra mitad. La mayor epidemia de peste jamás conocida asolaba a todos y cada uno de sus barrios. Los muertos se amontonaban por la calles sin encontrar quien los enterrara y las fosas comunes se llenaban de cadáveres sin nombre que nadie reclamaba. La gran urbe del Sur de Europa empezaba a escribir su punto y final Desaparecían los sevillanos pero sobre todo desaparecían sus esperanzas... Hasta aquel día de julio...
El día anterior los dos cabildos de la ciudad habían decidido recurrir a la intercesión milagrosa de aquel devoto crucifijo. Estaba en el convento de San Agustín y nunca había fallado: ni en épocas de sequía ni en épocas de inundación. Pero lo de ahora era mucho peor. Por eso, el día anterior llevaron en andas al viejo crucifijo medieval hasta la Santa Iglesia Catedral, con un gran acompañamiento de todas las órdenes religiosas de la ciudad. Hasta el cortejo estaba diezmado. Hubo quien contó los cientos de frailes que faltaban en aquella comitiva. Cuado llegó a la Catedral, entre olores a descomposición y ratas, el cabildo Catedral salió a recibirlo. En el público alguien parecía escribir una letanía de memoria colectiva: “Polvo, cenizas, corrupción y gusanos, y olvido, olvido...”
El viejo crucificado de pelo natural se quedó en la Catedral. Fueron muchos los que en su última agonía acudieron a venerarlo. Rondaba la muerte que igualaba a grandes y pequeños. Y escaseaba la esperanza en una solución a la epidemia. A la mañana siguiente el crucificado volvió a su viejo convento extramuros la ciudad. Parecía milagroso, pero aquella noche hubo menos muertos en la ciudad. Parecía milagroso, pero aquel día pudieron enterrarse los muertos de la jornada anterior. Incluso algunas fosas preparadas para la jornada quedaron vacías. Los empleados del cabildo pudieron rematar algunas de las cruces callejeras que señalaban los lugares donde se habían enterrado a miles de contagiados. Parecía milagroso, pero aquel día no hubo nuevos casos de contagio. Por eso muchos miraron con devoción a aquel viejo crucificado medieval y le juraron devoción eterna. La peste empezaba a remitir. La muerte empezaba a abandonar la ciudad. Un milagro de un día de julio de 1649. Día de Santo Tomás Apóstol.
“Ver para creer”

25.6.07

26 DE JUNIO. LA ILUSIÓN


Apenas eras un niño. Un niño que se aprendió, probablemente, la primera lista de nombres de su vida. Luego vendrían otros, pero aquellos no los olvidarás nunca. Los nombrabas muy rápido, como si fueran una letanía de las que rezabas en los rosarios de tu época. No se te olvidan: Bueno, Cayuso, Villalonga, Torrontegui, Félix, Leoncito, López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal.
26 de junio de 1939. Aquel día llegaban a la ciudad los héroes de tu infancia. El día anterior te habían hecho sentir un niño feliz. Un día de color en medio de una época negra. Recuerdas tus zapatillas gastadas y algunos días en los que no había mucho para comer. Una Sevilla negra de la que te salvaban los colores del equipo de tus sueños. Sueños en rojo y blanco.
Con una mezcla extraña de sentimientos recuerdas la vieja radio familiar. La había fabricado un tío tuyo, tú no sabía cómo, pero aquello se parecía más a una caja de puros. Pero sonaba. Y casi siempre se oían cosas muy serIas, y noticias que ponían tristes a tus padres. Algunas veces, cuando tu abuelo te mandaba aquello, tú esperabas lo peor:
- “Anda niño, pon el parte...”
Entonces encendías la radio y oías noticias de una guerra que pensabas lejana, y músicas serias y hasta algunos discursos de un tío que te parecía un borrachete con muy mal humor...
Pero con el fútbol era diferente. Cuando escuchabas los resultados de tu equipo tenías un motivo para la ilusión, una ventana abierta a tus sueños rojiblancos. Y aquel año había sido bueno. Primero había caído el Ceuta, luego el Atlético Aviación y luego el Alavés. Lo del Aviación no se te olvida: eso de que la delantera de tu equipo se pareciera a los Stukas te sonaba a batallita de las que salían en el Nodo. Un gran año en medio de tanta miseria. Pero lo mejor fue aquella final. Fue en Barcelona, frente al Racing de Ferrol. Tu equipo se paseó y ganó por seis tanto a dos. Tu ídolo, Campanal, metió tres goles. También marcaron Pepillo y Raimundo. La final la había presidido un general con nombre de Mosca y aquella Copa ya se llamó del Generalísimo. Eso te sonaba a exageración...
Todavía los recuerdas. Al día siguiente, el equipo de las ilusiones de tu infancia llegaba a Sevilla. Ilusiones rojiblancas de un niño en una época en blanco y negro…
Han pasado muchos años. Ya no eres un niño. Más bien estás en eso que llaman tercera edad. Ya no hay generalísimos... ahora las copas las entregan los reyes. Pero tú vives un tiempo de ilusiones. Algunos te han dicho que te ven cara de niño. Un niño que sigue viviendo ilusionado…

18.6.07

19 DE JUNIO. EL ASISTENTE


Los tiempos cambian. Siempre fueron 24 y encima caballeros. Hoy son 33, como el número que se repite en el médico...
La tarde de aquel día de junio de 1767 don Pablo estaba nervioso. En pocas horas tomaría posesión del cargo de Asistente de Sevilla, el más importante de los 24 caballeros...
Pablo de Olavide había nacido en Lima, Perú, en el año 1725. Y fue hijo de un tiempo ilustrado en el que se aspiraba a que no importaran orígenes, pasado o tradiciones. Importaba la razón.
Había pasado ya por Francia y desde el año anterior era intendente de los reinos de Andalucía en 1766. En este cargo comenzó su obsesión para mejorar la Universidad y el campo. Creó un nuevo plan de Estudios Universitarios y un Plan de Reforma Agraria. Ideas reformistas que consolidaría con el cargo de Asistente de la ciudad de Sevilla. Para entendernos, el cargo de alcalde. Por eso Don Pablo estaba nervioso aquella tarde. Deseaba comenzar a trabajar pronto. Aquella Sevilla era lo menos parecido a sus ideales: una ciudad anclada en el pasado, con calles estrechas, mal alineadas y muy mal pavimentadas. Una ciudad que ponía en la calle más de cien rosarios públicos por las calles, cientos de procesiones y que se decoraba con cientos de cruces en cada esquina. Mal casaba aquello con sus ideas.
Desde aquella tarde serían muchas las cartas que escribiría al gobierno central lamentando la corrupción. “Será necesario muchas veces usar remedios enérgicos. No se cura la gangrena con colirios” . Era una idea que tenía en mente y que no se cansaba de repetir. Trabajaría por la ciudad, lo tenía claro. Para ello había pensado un plan de limpieza de las calles, una obra de defensa contra las inundaciones, el embellecimiento del río, la creación de los alcaldes de barrio para mejorar la gestión de la ciudad. Una ciudad para la que recuperaría el teatro, prohibido desde el siglo anterior porque se pensaba que era cosa del demonio. Pero no abandonaría su tertulia, aquella por la que pasaban muchos ilustres de nuestro callejero: Reinoso, Alberto Lista, Jovellanos...
Quizás su actuación más conocida fue la división de la ciudad en cuarteles y barrios, todos numerados con unos azulejos en azul que seguimos viendo en muchas calles. Junto a ello, Olavide promovió el primer plano de la ciudad.
No sabía don Pablo aquella tarde de 1767 que chocaría con los jesuitas y que la Inquisición lo mandaría a la cárcel. El mejor alcalde tendría que huir a una Francia donde conocería la revolución y donde volvería al cristianismo. Volvería a España, muriendo en Baeza en 1802.
Aquella tarde de 1767 no sabía lo que le esperaba. Ya lo dijo Voltaire “aquí va don Pablo de Olavide, un hombre que sabe pensar...”.
Pensar, pensar... Piense en el médico. Diga 33. Y por pensar, piense en nuestros concejales...

10.6.07

12 DE JUNIO. EL "DESEADO"


“Don dije digo, dije Diego”. Ese parece el lema de más un político. No es nuevo. Hubo un tiempo que pareció ser el lema del propio rey de España. Un rey que pasó de ser “El Deseado” al “Incapacitado”. Un chaqueta vieja con camisa nueva. Un chaquetero, que diríamos hoy...
Sevilla, 12 de junio de 1823. El rey no daba crédito a lo que estaba pasando. El pueblo que lo había alabado ahora lo insultaba. Con prisa y protegido por la guardia real fue llevado al puerto para embarcar rumbo a Cádiz. Un cortejo real deslucido: había temor a la multitud y no era para menos. Al salir del Alcázar se oyeron los primeros gritos contra Fernando VII. Unos gritos que siguieron y que al llegar al puerto se convirtieron en una auténtica algarabía...
Allí recordó el Rey algunas escenas de los últimos meses. Cuando llegó a aquella ciudad fue bien recibido. Hacía tres años que había tenido que comulgar con la dichosa Constitución. Por eso se declaró el más constitucional. Y fue bien recibido por el pueblo. En esa ciudad había sido abuelo sólo un par de meses antes. Y recordó sobre todo el día de su aclamación popular. Había decidido dar una vuelta a la ciudad y volver a entrar por la calle donde estaba el busto del viejo rey Pedro I. El carruaje real era demasiado grande y prácticamente se quedó encajado en una esquina. Cuando el público notó su presencia dio grandes vivas al Rey. Y fueron muchos los que le recordaron que era un rey deseado... Eso ocurrió sólo unos meses antes. Porque cundo llegó el Corpus la cosa parecía haber cambiado. Tuvo que ver la procesión desde un mirador del Alcázar. Y aunque la procesión fue bella, el ambiente ya le pareció frío. Fernando VII ya no se sintió tan deseado. Conforme pasaron los días la situación en la calle empeoró. Las noticias que llegaban de fuera no eran buenas. Un congreso en Verona había aprobado la invasión de España por los franceses para volver a darle el poder absoluto al Rey. El único poder en el que Fernando VII siempre había creído. Pero el pueblo sevillano se rebeló: disturbios, quejas, manifestaciones... Un pueblo engañado.
Pero lo del día anterior no tuvo nombre. En la sesión del Parlamento, Alcalá Galiano lo declaró como rey incapacitado mentalmente. Una afrenta... Eso pensaba Fernando VII cuando subía en un barco con destino a Cádiz. En el paseo de las Delicias habían llegado a tirarle naranjas y verduras podridas. Sevilla lo había condenado definitivamente...
184 años después Fernando VII sigue en Sevilla. Una gran estatua suya lo recuerda. Casi nadie sabe donde está. Cerca de una torre medieval, el peor de la rey de la historia de España habita en el olvido sevillano...
Pregunta: ¿Dónde habitará, dentro de unos años, el busto de Don Manuel Ruiz de Lopera?

4.6.07

5 DE JUNIO. EL BAUTIZO


El niño había salido llorón. Aquella noche apenas dejó dormir a sus padres, que además acumulaban los nervios propios del día siguiente. Porque antes de acostarse habían dejado todo preparado. Encima de la mesa estaba el velo que había usado dos años antes en su boda. Doña Juana, la abuela del pequeño lo había puesto con mucho cuidado sobre la mesa de entrada. Serviría como batón. Don Juan, el abuelo, había llegado algo más tarde aquel día pero una doble alegría se reflejaba en su cara. Al nuevo nieto se unía un gran pedido de calzas que había mandado a América. Lo había cobrado por anticipado y ya sabía que lo emplearía al día siguiente para invitar a los vecinos. Jerónima, la joven madre, todavía estaba algo molesta por el parto. Molesta pero feliz. Tanto como Juan, su marido, un hombre serio acostumbrado al mundo de las notarías que aquel día dejaba ver una amplia sonrisa en su rostro. Al día siguiente se bautizaba el que era su primer hijo.
Sevilla, un día de junio de 1599. Barrio de la Morería. A la calle de la Gorgoja llegaba don Pablo Ojeda muy temprano, venía casi corriendo de su casa en la Magdalena y traía sus mejores calzas y unas cajas en una bolsa. Su olor a anís delataba que eran bollos recién comprados en la monjas de Santa Inés. Ya estaban todos preparados: el padre, los tíos Fernando y Ana y los abuelos. Doña Jerónima se tuvo que quedar en casa descansando. Cuando despidió a su hijo, le dijo a Juan: no tardéis y traédmelo hecho un buen cristiano. Camino de la vieja iglesia mudéjar de San Pedro, doña Ana, la señora que freía los huevos en el puesto junto a la Compañía, les hizo un vaticinio:
“Este niño será importante, pasará a la historia”.
Al padrino aquello le pareció otra historia más de aquella loca, pero, como le hizo gracia, le regaló unos bollos de las monjas.
La ceremonia fue breve. Cuando el viejo párroco preguntó el nombre elegido, casi contestaron al unísono:
- “Se llamará Diego, como su abuelo”.
- “Diego, yo te bautizo en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo”.
El niño volvería a casa cristiano.
Antes de salir, el padre de la criatura se paró a rezar un momento delante del viejo crucificado de la peluca. Siempre le tuvo gran devoción y aquel día le agradeció que el niño hubiera nacido lleno de salud. Al salir, el padrino se encontró a unos pícaros que jugaban a pares y nones. Otro cantaba aquello de “kikirikí, calla bobo que no es para ti”. Don Pablo, orgulloso de ser padrino, volvió a repartir bollos e incluso dio alguna moneda.
El cortejo salió rápido para su casa: el niño ya tenía hambre y había que invitar a los amigos. Mientras, en la sacristía alguien apuntaba el nombre del nuevo cristiano: Diego. Con el tiempo se conocería como Velázquez. El más grande pintor de todos los tiempos...