Lo había intentando todo con su hija. Remedios naturales, médicos y milagrosos. Vía lenta y rápida. Incluso había buscado la vía milagrosa.Todo era poco para su hija...Lo del año pasado fue la gota que colmó el vaso. El clavo al que agarrarse cuando flaquea la confianza y cuando flaquea aquello que llaman fe. Viendo que había pocos avances con la niña, se decidió a ir al Palmar. Habían anunciado un milagro: se iba a aparecer la Virgen. No creía mucho en aquellas supercherías, pero no estaba de más intentarlo. Soportó el traslado más allá de Utrera, la insoportable caminata, el larguísimo rosario y las diferentes prédicas y homilías entremezcladas. Fue una más entre tantas miles de personas. Cuando se anunció el milagro fue una de las miles que alzó su botella de agua, más bien garrafa, para convertirla en agua milagrosa. Nada de nada. Ni vió a la Virgen ni vió la mejoría esperada en su hija...
-Adiós a los milagros –pensó- Nada como la ciencia- . Por eso acudió a aquel médico del cual tenía tan buenas referencias.
Toda una eminencia- le habían dicho.
Era la frase que tenía en la mente cuando entró en su consulta. A ella lo de eminencia le sonaba a cardenales pero aquel doctor no le dio precisamente esa impresión. Un hombre pegado a una pipa. Ojos negros, bigote entre Pancho Villa y galán sudamericano, barba mal afeitada y una constante sonrisa que flirteaba con los mordiscos a una pipa que duraba más tiempo apagada que encendida. Su aire cercano y amable le hizo desahogarse como nunca lo había hecho.
- Mire doctor. Se trata de la niña. Lo suyo viene desde la infancia. Quizás desde su concepción. Si ya se lo decía yo al padre... Mira Manolo, que no ha sido tu mejor noche. Y de pocas ganas salen niños desganados. Así fue el embarazo: siete meses de vómitos y de náuseas. Nació muy pronto. Sietemesina y con poco peso. Hubo que emplear forceps, ventosas y no me acuerdo qué más. Encima con las orejillas depegadas.... Se puso amarilla unos días y tuvo el cólico del lactante durante dos meses. Ahí empezaron los problemas... Primero fue la falta de crecimiento, luego las dificultades de movilidad, luego el diagnóstico del leve retraso mental y por último lo de las dificultades de audición. De ahí vinieron las dificultades para hablar. Y de ahí la depresión infantil. Y supongo que de una maldita garrafa de agua las dichosas diarreas que padece desde hace un año y....
El doctor escuchó con atención entre equilibrios por el fuego inestable de una pipa chupada cual su homónima de los kioscos. Con seriedad meditó el diagnóstico. Ella suspiró aliviada esperando la respuesta de la ciencia. Estaba delante suya. Con aire profundo y serio, el doctor comenzó su esperada intervención:
-Vamos a ver , señora, ¿usted se cree que yo soy la Virgen de Fátima?.






















