1.9.07

1 DE SEPTIEMBRE. ANIVERSARIO


Primero fueron unos textos en Onda Cero. Luego pasaron a Punto Radio. Contar en dos minutos un detalle de la historia de la ciudad. Una colaboración que luego se hizo algo más difícil: narrar una pequeña historia de la ciudad que hubiera ocurrido en el día que marcara el almanaque. Nacía así “El almanaque de Sevilla”, una sección de radio que pronto tuvo buena aceptación. Hubo quien nos pidió los textos por escrito y hasta hubo quien grababa esos dos minutos de pequeñas historias. Por eso decidimos trasladarlos a un lugar que perdurara. Modernidad de nuestros tiempos: un blog.
Así nació, hace un año, este invento. Sin más pretensiones que ser un lugar donde recordar un detalle de la historia de la ciudad. Desde entonces han sido más de ochenta las historias que hemos contado...
Siempre pensé (ahora hablo en primera persona) que esto sería un lugar para unos pocos. No me preocupé ni por el contador ni por añadir más cosas (mi torpeza informática y el cambio diario de pañales me impide dedicar más tiempo a esto). Aunque poco a poco me di cuenta de la importancia del invento. Sólo por la fidelidad y el interés de tanto amables visitantes este rincón merece la pena. Cuando me decidí, hace unas semanas, a colocar el contador, me di cuenta de que esto crecía: hasta cuatrocientas visitas diarias... A algunos os pongo cara, a otros sólo os pongo el apodo, a todos os tengo presentes en la lectura semanal de estas pequeñas historias. Sólo tengo palabras de agradecimiento y la petición de comprensión por no ser un contestador rápido de cuestiones o de sugerencias. Lo más grande de este invento está al otro lado de esta pantalla de ordenador. Aunque no tenga rostro, ni nombre, ni apellidos...
Desde hoy el almanaque (con el precedente quijotesco desgraciadamente no previsto) vuelve a abrir sus páginas. Con su modestia inicial. Con un proyecto futuro: recopilar en una publicación una pequeña historia sevillana de cada día de la semana, un libro con 365 historias...
Una novedad: junto a los textos, se colgará cada semana una foto sin más comentario. La palabra será vuestra. Espero que juntos sigamos pasando cada día las paginas de este almanaque: quedáis invitados.

28.8.07

28 DE AGOSTO. QUIJOTE


“Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo toda la vida”. No recuerdo quien dijo la frase. Tampoco importa. En un lugar de la razón nació una vez un hidalgo que fue sobre todo un loco para miles de sanchos...
Siempre pensaste que una gruesa línea separaba la realidad de los sueños, los pensamientos e ilusiones de la puta realidad. Por eso las mejores chicas se iban con otros, las mejores notas no iban en tu boletín y, por supuesto, las grandes finales las jugaban los demás. Tú sobrevivías en tu mediocridad ilusionada, asentada en miles de desilusiones y de repeticiones que marcaban una constante en tu vida. Realidad frente a deseo. Lo que querías y lo que pasaba. Tu vida necesitaba un loco hidalgo que llenara de ilusiones tu existencia. Ya lo dice el refrán: “el mal que no tiene cura, es locura”. Esa era tu relación la liturgia del balón. Tanto que, ante tanto Sancho Panza, tú repetías aquello de que “quien vive sin locura, no es tan cuerdo como parece”. Y a fuerza de esperar llegaste a conocer a un Quijote que te hizo realidad tus sueños de libros andantes. Era alto, delgado y con perilla. Quijotesco en el sentido puro. Apareció en tu vida con una volea. Después de cientos de minutos y de años te espera, aquella pierna izquierda te sacaba de la realidad y hacía cumplir tu viejo e idealizado sueño. Farolillos eternos. Había nacido el Quijote que te mandaba a la ínsula Barataria de una final europea en la que triunfarían tus amores rojiblancos.
Y como “quien con locura nace, con locura yace” tu sueño continuó gracias a aquel hidalgo, y lo que era un utopía se repitió hasta en cinco ocasiones.
Pero la puta realidad nunca le perdonó a aquel quijote que triunfara el reino de las ilusiones. Por eso mandó contra él a todas sus huestes. Y el primer partido de liga fue su troya particular, como aquel hidalgo de los libros. Realidad frente a ilusión, la muerte frente a la vida. El joven quijote luchó contra aquellos molinos hasta que pudo. Pero los gigantes suelen derrotar a los sueños. Y el hombre que amó a unos colores rojiblancos fue llevado al destierro de otros mundos. Aquí le lloramos muchos sanchos, pero quizás ese amor no es otra cosa que un ejemplo de sabiduría. Por eso has recordado otro refrán “Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado / y con pobre mesa y casa / en el campo deleitoso / con sólo Dios se acompaña / y a solas su vida pasa / ni envidiado, ni envidioso.” Y te has consolado sabiendo que lo grandes partidos tienen un tiempo añadido. Un tiempo infinito para jugar en otros cielos. Un tiempo infinito para seguir creando ilusiones con una zurda...
Has sentido una gran pena, quizás en el fondo una gran envidia. Como escudero de tu tiempo, asentado en esa gordura que llaman realismo, querrías ser más de una vez Quijote. Como aquel zurdo que un día te llevó al reino de los cielos...
Vale.

18.8.07

17 AGOSTO. DESCANSO



Con vistas de playa urbana el almanaque cierra sus páginas por descanso hasta el próximo 1 de septiembre. Para entonces cumplirá su primer año. Sólo tengo palabras de agradecimiento para tantos amables lectores. Volveremos pronto. Un saludo.

14.8.07

15 DE AGOSTO. LA SONRISA ETRUSCA


Te ha besado el aire de una mañana de agosto. Te has vestido con el peso de tus recuerdos y, un año más, has salido a la calle.
Parecías que no andabas sino que deambulabas, no se notaba lo que eras sino lo que sentías. El tiempo se había parado en el amanecer de un día de verano de un año que no importaba. Ni datos, ni horarios, ni saludos, ni prisas. El momento, sólo el momento. No has sido tú, pero sí el que fuiste una vez y el que probablemente, nunca quisiste dejar de ser...
Has llegado a la Catedral por el camino más corto, el de tus callejones olvidados y el de tus recuerdos de la infancia. Buscabas el buen sitio que nadie te ha tenido que indicar. Público habitual en el lugar habitual. Una máxima barroca: ni más, ni menos. Y allí, en tu lugar en el mundo has dando rienda a tus recuerdos ...
Recuerdos de un tiempo pasado. Te vestían de domingo y te sacaban al amanecer. No había derecho... Aunque al llegar la procesión algo cambiaba tu cara. Quizás fuera una sonrisa que se contagiaba...Quizás fuera tu imaginación la que te sacaba de tu sitio en el público y te llevaba a los brazos de aquella Señora. Por un momento de olvidabas de todo lo que había alrededor. Y de lo que te contaban: que si una imagen fernandina, que si la Edad Media, que si los ángeles, que si otras vírgenes, que si los nardos, que si el manto de los castillos y leones, que si la tumbilla... Que sí, que a ti te importaba poco. Porque tu ya te habías situado en brazos de aquella mujer de madera, enigmática, más antigua que el tiempo. Sonaban las marchas de tu Semana Santa y unas zapatilla blancas os llevaban siempre de frente, como las buenas cuadrillas. Y te olvidabas de todo. Unas manoplas de madera te protegían y en tu trono comprendías porqué reinaban los reyes. La mirada al frente de una Mujer de cabellos de oro...como en los villancicos de tu abuelo. No te importaban ni corales, ni brillantes, ni oros, ni bordados. Sólo te importaba aquella sonrisa que te envolvía... Cuando pasabas delante de los Mercadantes veías otras sonrisas góticas pero aquella era especial. Alguien te la comparó una vez con la sonrisa de los etruscos. ¡Qué gran acierto!. La risa moderada del que reina por encima de todas las cosas. Por eso tú llegabas casi a reírte entre aquellas manoplas de madera... Todo pasaba en un tiempo corto, probablemente el justo...
Un años más, cuando has vuelto a tu casa has creído ver a tu abuela, la del nombre sevillano. Quizás fuera su sonrisa...un día como el de hoy celebraba la importancia de su nombre. Un día en que tú te hacías un niño. Un niño que, cada año, sigue sintiendo que estrena unos zapatitos de plata...

2.8.07

4 AGOSTO. NIEVES DE VERANO


Imagínese que en Sevilla nevara hoy o mañana, o cualquier día de Agosto. Un milagro que nadie se atrevería a explicar. Pues algo así ocurrió en Roma en el año 352. El sevillano que conoce la Ciudad Eterna en Agosto suele hacer la comparación con su Sevilla natal, aunque allí puede disfrutar de las fuentes que aquí no disfrutamos. Pues en esa Roma veraniega cuenta la tradición que nevó el 4 de Agosto del año 352. En una de sus colinas, el monte Esquilino, se produjo el milagro. Y la interpretación se la dio la Virgen a un noble patricio, Juan. También su esposa conoció el porqué del milagro. La Virgen deseaba que en aquel lugar se alzara una basílica dedicada a su nombre. Era el milagro de la Virgen de Agosto. O de la Virgen Blanca. O de la Virgen de las Nieves. Con cualquiera de estas advocaciones la conocemos.
La historia la pintó Bartolomé Esteban Murillo en dos pinturas para la Iglesia de Santa María la Blanca, en plena judería, un lugar que ya albergó en época medieval a una de las sinagogas de Sevilla. En estos lienzos Murillo representó el sueño del patricio, el milagro del Monte Esquilino, la entrevista con el papa Liberio y la procesión para señalar el lugar de la que sería la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Todo ello lo condensó en dos cuadros que serían una de las atracciones de la reforma barroca que se hizo a la iglesia en 1665. Lienzos que se adaptaban a los arcos, que se aparecían entre las yesería barrocas de las bóvedas, que explicaban la historia de la imagen titular del templo. Pero esto es pasado. Los invasores franceses robaron los cuadros en 1810 y fueron llevados a Francia junto a casi un millar de lienzos, dato que no debería ser olvidado en estos tiempos en los que solemos desdeñar la historia. En Francia fueron adaptados como cuadros de formato rectangular. Se le añadieron unas enjutas doradas que muestran la planta y el alzado de la Basílica de Roma, según diseños del arquitecto francés Percier. Las reclamaciones españolas tras la caída de Napoleón lograron que los cuadros fueran devueltos. Pero no a Sevilla. Las pinturas se depositaron en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y en el año 1901 pasaron al Museo del Prado. En la iglesia sevillana se colocaron en su lugar unas simples copias que nos traen la nostalgia de dos obras maestras que fueron robadas del lugar para el que se crearon. Su sitio no es el Museo del Prado. Su sitio es la pequeña iglesia barroca de la judería sevillana.
En estos tiempo de demandas tantas veces injustificadas alguien podría reclamar que las obras de Murillo volvieran a su lugar de origen. No hablamos de desmembrar un archivo, ni de fraccionar un patrimonio, ni de razones de enfrentamiento político. Hablamos de devolver un tesoro pictórico que fue robado de Sevilla. Hablamos de un patrimonio cultural colectivo.
Aunque, viendo lo que suele importar esto, antes que el regreso de las pinturas será más fácil que en Sevilla nieve cualquier día de Agosto...

25.7.07

26 DE JULIO. LA ABUELA DE DIOS


Calle Pureza. Andabas buscando la sombra que te protegiera del sol de Julio. El sol de la Velá. Por tu memoria aparecía la figura de tu abuela que parecía seguir susurrando la retahíla que tanta gracia te hacía. Como buena trianera la repetía muy a menudo: “Señora Santa Ana / en tus manos dejo mi casa. / Señora Santa Ana / cuídame el puchero / por tu hija María y por tu nieto verdadero...”. Siempre recordabas aquello cuando entrabas en la parroquia. Tampoco olvidabas las enseñanzas de aquel profesor que te descubrió tu propia ciudad. Él te contó que es una iglesia del siglo XIII construida por un rey Sabio porque había sido curado de una enfermedad de la vista. Todavía recuerdas que te leyó un texto donde se contaba cómo a aquel rey se le salieron los ojos de sus cuencas y que Santa Ana lo curó. Qué cosas. Te entretenías pensando en esto cuando ibas camino de tu sitio de siempre. Era en un lateral, junta a dos santas trianeras, Justa y Rufina. Estaban en un cuadro muy antiguo, recuerdas que lo pintó un tal maestro de Moguer porque era de una época en la que los pintores no firmaban sus obras. ¡Qué tiempos!. Pensaste que hoy nadie haría nada sin firmarlo. También pensaste que nadie elige hoy el nombre de Justa ni de Rufina para sus niñas y eso que son las patronas de la ciudad... Tu profesor te había contado que fueron mártires hace muchos años. Sea usted mártir para caer en el olvido...Pero tú habías venido, un año más, a ver a Santa Ana. Y a la Virgen. Y al Niño...Siempre les tuviste especial devoción. Y en estos días parecían tener un brillo especial. Entre cirios rojos. Entre el oro viejo matizado por el incienso. Viendo el retablo volviste a recordar a tu profesor. Era una historia muy complicada. Y eso que tienes memoria para los nombres. Un retablo de 1540. Esculturas de Nufro Ortega y Nicolás de Jurate. Y sobre todo las pinturas. Unas tablas de un pintor flamenco, Pedro de Campaña, aquí, en plena Triana. Y las historias que contaban eran muy complicadas: el nacimiento de San Juan, el nacimiento de la Virgen, el abrazo ante la Puerta Dorada...Recuerdas que eran unas escenas que contaban historias apócrifas, tan complicadas como las de tus telenovelas. Era algo así como que Santa Ana se había casado con Cleofás, con Salomé y con Joaquín. Sus hijas María Salomé y María Cleofás formarían parte de ese grupo de las Tres Marías...qué complicado, pensaste. Y dirigiste tus pensamientos y tus oraciones hacia el grupo medieval, con reformas barrocas, con aire casi familiar. La abuela de Dios y tú frente a frente. Recordaste a otra abuela. La tuya. La que decía “Santa Ana bendita, de las tres limosnas que das al día, una sea la mía”. Recordándolo, al salir a la calle, no pudiste evitar una sonrisa. Un farolillo, el olor marino a río y a sardinas, el jaleo de la cucaña, la sonrisa de la Abuela de Dios...entre tantos recuerdos no te habías dado cuenta pero habían llegado a Triana los días más señalaítos...

15.7.07

18 DE JULIO. MARINA


18 de Julio. Tu vecino, el del bigotillo corto y el fijador, te sigue hablando del día del glorioso alzamiento. Prefieres no discutir con él. Tu abuela te hablaba del Movimiento y a ti eso te sonaba a baile de otra época. Tu amigo el capillita te hablaba de la fundación de la hermandad de la Encarnación en Triana, allá por 1554, ya sabes, el precedente de la actual de San Benito. Y sobre todo te hablaba de las imágenes que se quemaron el 18 de julio de 1936 en Sevilla: el Cristo de San Agustín, la Hiniesta, las imágenes de San Roque, las de San Bernardo...La tía de tu vecina añadirá que la Macarena durmió aquella noche escondida en un cajón para que no la quemaran. Todo cambia. Porque tu vecino de abajo, el del talante, te habla del día internacional de la lucha contra el franquismo. Hablas con tu padre y te habla de la paga extra y de la inauguración en 1954 del Hospital Virgen del Rocío. Como tu padre es de los rancios lo sigue llamando García Morato y si tu abuelo entra en la conversación te contará otra vez que lo llamaban Corea porque allí murieron muchos obreros durante su construcción. Y no se te ocurra darle mucha conversación porque en días como hoy empieza a imitar los discursos de Queipo de Llano y te acaba contando los fusilamientos en la muralla. Ya sabes como acaba aquello: tu abuelo se va directo a la Macarena, pisotea la tumba de Queipo y repite aquello de “ya estás muerto y yo todavía aquí”. Y te volverá a contar que era tan malo que el día que murió tembló la tierra...
Para lo que da un 18 de julio. Abres el almanaque y recuerdas algo. Día de Santa Marina. Llamas a tu amiga Marina y acabáis hablando del origen de su nombre. Ella te cuenta la leyenda medieval: Marina se hizo pasar por hombre para entrar en un convento junto a su padre viudo y le juró no revelar su identidad. En el convento fue acusada de una violación que nunca pudo cometer y tuvo que criar un hijo que no era suyo. Al cabo del tiempo la volvieron a admitir en el convento, siempre pesando que era un hombre y hasta que no murió no se dieron cuenta de que era una mujer oculta bajo el hábito de un fraile. Toda una historia que recuerdas mientras tu amiga te cuenta que muchos confunden a Santa Marina con santa Margarita, patrona de las parturientas. En fin...18 de julio: santas travestidas, cofradías, pagas extras, alzamientos y movimientos, guerras y cofradías... Definitivamente, el día de hoy da para mucho. Que usted lo aproveche.

17 DE JULIO. LAS PATRONAS


Las dos mujeres que tienen más retratos repartidos por la ciudad son dos perfectas desconocidas para la mayoría. No son modelos, ni actrices, ni siquiera llegan a la categoría de famosillas...No las conoce mi vecina, ni salen en la prensa rosa, ni venden exclusivas, ni se habla de ellas en la peluquería. Y encima tienen un nombre raro, Justa y Rufina. Toma ya. Nada más y nada menos que las patronas de la ciudad. Aunque son muy pocos los que lo saben.
A Justa y a Rufina le hicieron retratos los mejores artistas: Esquivel, Velázquez, Murillo, Domingo Martínez, Espinal...hasta el mismo Francisco de Goya las pintó para la Catedral. Y no sólo eso. También tienen esculturas y calle.
Siempre aparecen igual. Una junto a otra y la Giralda en medio, que tanto monta, monta tanto. Nunca sabemos cuál es cada una, que en el fondo da lo mismo. Y alrededor siempre tienen algún cacharro de cerámica que nos recuerda su historia y su leyenda.
Justa y Rufina eran alfareras en Triana, allá por el siglo III. Cuentan sus biógrafos, no autorizados por supuesto, que eran fervientes cristianas en una época en la que el cristianismo no andaba muy bien visto, que Roma todavía era pagana. Y no debían ser muy amantes de las procesiones, que hay que ver lo que han cambiado los tiempos. Y es que un día de verano, viendo una procesión con la diosa Salambó se negaron a adorarla, incluso algunos dicen que llegaron a romper la imagen de la diosa. Imagínense a estas dos hermanas en nuestros días...la cuestión es que fueron juzgadas por Diogeniano, el gobernador de la Bética, y mandadas a prisión. Dicen que su cárcel está en la actual iglesia de la Trinidad y que allí fueron brutalmente martirizadas, aunque ellas soportaron todas la torturas, que ni los leones se atrevieron a tocarlas. Después del martirio, Justa murió el 17 de julio y su cuerpo se arrojó a un campo donde siglos después construyeron una estación de tren. Y le dieron su nombre. Y sobre su cuerpo martirizado corren diariamente los ejecutivos para no perder el AVE.
Rufina tardó algunos días en morir. Y su cuerpo lo arrojaron a lo que llamaron Campo de los Mártires. Allí hicieron pisos muchos siglos después, dicen que muy caros.
A Justa y a Rufina las hicieron santas. Y patronas de la ciudad. Y ellas se dedicaron a sostener a la Giralda cuando había algún terremoto. Pero hoy en día no están de moda. Son muy pocos los que la conocen. Y ocurre algo curioso. Comprendo que tienen nombres raros, raros. Quizás por eso nadie les pone sus nombre a sus hijas. Pero qué quieren que les diga. Cuando paso lista en clase tengo a Jennifer, a Joanna y a Vanessa. Será que los tiempos han cambiado mucho...

9.7.07


10 DE JULIO. EL GIGANTE.

He abierto el almanaque y he visto tu nombre. Al cerrarlo me he acordado de los que me dicen que nunca exististe. Quizás seas fruto de la imaginación, quizás seas sólo una leyenda o el cuento de un viejo gigante de nombre extraño... Quizás sólo seas un símbolo que nunca se hizo de carne y hueso. Pero a mí me parece que eres un vecino eterno de mi ciudad. Y es que alguien tan grande no podía pasar desapercibido...
Al cerrar el almanaque he dejado volar la imaginación...turismo virtual que lo llaman... Te he visto en tantos lugares...
Alguien te pintó en una tabla en el siglo XV, con unos panes de oro para decorar el convento de San Benito de Calatrava. Todavía te conservan el Museo e incluso te han restaurado en los últimos años. Un Dios de la madera te hizo en tres dimensiones y te colocó en la parroquia del Salvador. Estoy deseando volver a verte allí, que creo que también te restauraron. Pero tu grandeza está sobre todo en la Catedral. Allí si que eres un gigante: Colón, a tu lado es un enanito y llevas casi quinientos años viendo desfilar eminencias y escuchando a los que dicen que tienes seis dedos o a los que cuentan que eres primo de Atlas... Y es que tú también cargaste el mundo a tus espaldas...
Pero yo me quedo con tu presencia en los conventos. Estás encerrado en Santa Clara y estás a la vista en Santa Paula. Allí un viejo portero me contó tu historia. Me dijo que tenías un nombre extraño, Réprobo y que procedías de Canaán. Eras alto y tan fuerte como un gigante. Estuviste tentado por el demonio pero un ermitaño te hizo ver la vida de otro modo. Te dijo que si ayudabas a cruzar un río con los caminantes a tus espaladas acabarías encontrando a Dios. Aquello te gustó. Al fin y al cabo te permitía mostrar a todos tu fuerza. Ganabas un buen dinero y todo el mundo hablaba de ti, de la facilidad con las que cargabas a las personas sobre tu hombro. No se te olvidará aquel día. Un niño te pidió que lo llevaras al otro lado del río. Era muy pequeño, no te costaría trabajo. Pero cuando ibas por la mitad del cauce casi no podías más. Recuerdas que le dijiste:
“Mira niño, pesas como si llevara el mundo encima”.
- El te respondió:
“No sólo llevas al mundo, sino a su Creador. A partir de ahora te llamarás Cristóforo, el que porta a Cristo, y tu vara florecerá en al orilla del río”. Desde entonces eres un símbolo de muchas cosas. Cuando hoy me monte en un taxi y te vea en una medalla con un Niño Jesús y tu vara florida recordaré dos cosas. Una, que las cosas más grandes aparentan ser las más pequeñas. Dos, que son muchos los que se siguen echando el mundo a su espaldas. Quizás por eso siga funcionando. Por eso existes, San Cristóbal. Por eso hoy nos acordamos de ti

5.7.07

4 DE JULIO. CUBA


“Si la guerra dura mucho / se abaratará el jamón / por los muchos yankis / que matará el español”.
Sevilla, 4 de julio de 1898. Algo así cantaban todavía por las calles de una ciudad confiada en si misma, contenta de mirarse su ombligo e ilusionada por una posible victoria en la Guerra de Cuba. Nada de eso pasó. Ni la guerra duró mucho, ni se abarató el jamón, ni se mató a esos yankis que decía la canción. Más bien al revés.
Aquel 4 de julio la prensa local todavía daba noticias positivas sobre la evolución de la guerra de Cuba. Una prensa muy especial. Imagínense que un periódico de entonces, El Noticiero Sevillano, había abierto una suscripción popular para construir un acorazado y luchar contra los Estados Unidos. David contra Goliat. Pero el español todavía se creía parte de un imperio que hacía mucho tiempo que dejó de existir. Y el sevillano de 1898 era feliz pensando en otras cosas: las zarzuelas de Chueca y Valverde, las corridas de Guerrita y Bombita ó los paseos decadentes por el paseo de las Delicias. Lo de Cuba quedaba lejos.
Pero aquel 4 de julio comenzaron a difundirse los rumores. Unos decía que eran interesados. Otros le daban todo el crédito. En una época sin radio ni televisión y con un prensa dominada por los intereses políticos había poco donde acudir, Las noticias tardaban días en llegar. Pero algo malo debía haber ocurrido: se notaba en el ambiente. Fueron muchos los que se reunieron a la espera de telegramas que confirmaran los rumores. Para ello se agolparon en los casinos y en los centros de reunión donde había telégrafo, un aparato que se convirtió en el centro de todas las miradas. Junto a la calle Sierpes, en el Círculo de Labradores, se formó la reunión más numerosa. Se congregaron tantas personas que la directiva decidió no cerrar. Había que esperar noticias. Algunos esperaban lo peor...
Ya de madrugada se confirmaron los presagios. El almirante Pascual Cervera y Topete, al mando de la flota española, se había enfrentado a los barcos de Estados Unidos. Su intención era romper el bloqueo de la isla de Cuba. Casi no hubo batalla. La superioridad americano destruyó casi todos los barcos españoles y el almirante Cervera fue hecho prisionero por los Estados Unidos. Aquellos sevillanos que escucharon la noticia en aquel telegrama no daban crédito. España perdía definitivamente sus colonias, aunque todavía quedaban los últimos de Filipinas. Durarían poco. Los sevillanos conocieron aquel día de julio de 1898 la muerte del imperio colonial español. Para sus nietos había nacido una frase que decir en los momentos más duros, un lema que parece acompañarnos muchos días en nuestros paseos por la ciudad: “Hijo mío, más se perdió en Cuba”

1.7.07

3 DE JULIO. LA PESTE


Con el calor de julio el olor en la calle era insoportable. El olor a muerte lo impregnaba todo. Había muertos por la calle que nadie recogía. Había enfermos que nadie atendía. Había vivos que parecían muertos...
Aquel día de julio de 1649 Sevilla era una ciudad fantasma. Media ciudad se ocupaba de enterrar a la otra mitad. La mayor epidemia de peste jamás conocida asolaba a todos y cada uno de sus barrios. Los muertos se amontonaban por la calles sin encontrar quien los enterrara y las fosas comunes se llenaban de cadáveres sin nombre que nadie reclamaba. La gran urbe del Sur de Europa empezaba a escribir su punto y final Desaparecían los sevillanos pero sobre todo desaparecían sus esperanzas... Hasta aquel día de julio...
El día anterior los dos cabildos de la ciudad habían decidido recurrir a la intercesión milagrosa de aquel devoto crucifijo. Estaba en el convento de San Agustín y nunca había fallado: ni en épocas de sequía ni en épocas de inundación. Pero lo de ahora era mucho peor. Por eso, el día anterior llevaron en andas al viejo crucifijo medieval hasta la Santa Iglesia Catedral, con un gran acompañamiento de todas las órdenes religiosas de la ciudad. Hasta el cortejo estaba diezmado. Hubo quien contó los cientos de frailes que faltaban en aquella comitiva. Cuado llegó a la Catedral, entre olores a descomposición y ratas, el cabildo Catedral salió a recibirlo. En el público alguien parecía escribir una letanía de memoria colectiva: “Polvo, cenizas, corrupción y gusanos, y olvido, olvido...”
El viejo crucificado de pelo natural se quedó en la Catedral. Fueron muchos los que en su última agonía acudieron a venerarlo. Rondaba la muerte que igualaba a grandes y pequeños. Y escaseaba la esperanza en una solución a la epidemia. A la mañana siguiente el crucificado volvió a su viejo convento extramuros la ciudad. Parecía milagroso, pero aquella noche hubo menos muertos en la ciudad. Parecía milagroso, pero aquel día pudieron enterrarse los muertos de la jornada anterior. Incluso algunas fosas preparadas para la jornada quedaron vacías. Los empleados del cabildo pudieron rematar algunas de las cruces callejeras que señalaban los lugares donde se habían enterrado a miles de contagiados. Parecía milagroso, pero aquel día no hubo nuevos casos de contagio. Por eso muchos miraron con devoción a aquel viejo crucificado medieval y le juraron devoción eterna. La peste empezaba a remitir. La muerte empezaba a abandonar la ciudad. Un milagro de un día de julio de 1649. Día de Santo Tomás Apóstol.
“Ver para creer”

25.6.07

26 DE JUNIO. LA ILUSIÓN


Apenas eras un niño. Un niño que se aprendió, probablemente, la primera lista de nombres de su vida. Luego vendrían otros, pero aquellos no los olvidarás nunca. Los nombrabas muy rápido, como si fueran una letanía de las que rezabas en los rosarios de tu época. No se te olvidan: Bueno, Cayuso, Villalonga, Torrontegui, Félix, Leoncito, López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal.
26 de junio de 1939. Aquel día llegaban a la ciudad los héroes de tu infancia. El día anterior te habían hecho sentir un niño feliz. Un día de color en medio de una época negra. Recuerdas tus zapatillas gastadas y algunos días en los que no había mucho para comer. Una Sevilla negra de la que te salvaban los colores del equipo de tus sueños. Sueños en rojo y blanco.
Con una mezcla extraña de sentimientos recuerdas la vieja radio familiar. La había fabricado un tío tuyo, tú no sabía cómo, pero aquello se parecía más a una caja de puros. Pero sonaba. Y casi siempre se oían cosas muy serIas, y noticias que ponían tristes a tus padres. Algunas veces, cuando tu abuelo te mandaba aquello, tú esperabas lo peor:
- “Anda niño, pon el parte...”
Entonces encendías la radio y oías noticias de una guerra que pensabas lejana, y músicas serias y hasta algunos discursos de un tío que te parecía un borrachete con muy mal humor...
Pero con el fútbol era diferente. Cuando escuchabas los resultados de tu equipo tenías un motivo para la ilusión, una ventana abierta a tus sueños rojiblancos. Y aquel año había sido bueno. Primero había caído el Ceuta, luego el Atlético Aviación y luego el Alavés. Lo del Aviación no se te olvida: eso de que la delantera de tu equipo se pareciera a los Stukas te sonaba a batallita de las que salían en el Nodo. Un gran año en medio de tanta miseria. Pero lo mejor fue aquella final. Fue en Barcelona, frente al Racing de Ferrol. Tu equipo se paseó y ganó por seis tanto a dos. Tu ídolo, Campanal, metió tres goles. También marcaron Pepillo y Raimundo. La final la había presidido un general con nombre de Mosca y aquella Copa ya se llamó del Generalísimo. Eso te sonaba a exageración...
Todavía los recuerdas. Al día siguiente, el equipo de las ilusiones de tu infancia llegaba a Sevilla. Ilusiones rojiblancas de un niño en una época en blanco y negro…
Han pasado muchos años. Ya no eres un niño. Más bien estás en eso que llaman tercera edad. Ya no hay generalísimos... ahora las copas las entregan los reyes. Pero tú vives un tiempo de ilusiones. Algunos te han dicho que te ven cara de niño. Un niño que sigue viviendo ilusionado…

18.6.07

19 DE JUNIO. EL ASISTENTE


Los tiempos cambian. Siempre fueron 24 y encima caballeros. Hoy son 33, como el número que se repite en el médico...
La tarde de aquel día de junio de 1767 don Pablo estaba nervioso. En pocas horas tomaría posesión del cargo de Asistente de Sevilla, el más importante de los 24 caballeros...
Pablo de Olavide había nacido en Lima, Perú, en el año 1725. Y fue hijo de un tiempo ilustrado en el que se aspiraba a que no importaran orígenes, pasado o tradiciones. Importaba la razón.
Había pasado ya por Francia y desde el año anterior era intendente de los reinos de Andalucía en 1766. En este cargo comenzó su obsesión para mejorar la Universidad y el campo. Creó un nuevo plan de Estudios Universitarios y un Plan de Reforma Agraria. Ideas reformistas que consolidaría con el cargo de Asistente de la ciudad de Sevilla. Para entendernos, el cargo de alcalde. Por eso Don Pablo estaba nervioso aquella tarde. Deseaba comenzar a trabajar pronto. Aquella Sevilla era lo menos parecido a sus ideales: una ciudad anclada en el pasado, con calles estrechas, mal alineadas y muy mal pavimentadas. Una ciudad que ponía en la calle más de cien rosarios públicos por las calles, cientos de procesiones y que se decoraba con cientos de cruces en cada esquina. Mal casaba aquello con sus ideas.
Desde aquella tarde serían muchas las cartas que escribiría al gobierno central lamentando la corrupción. “Será necesario muchas veces usar remedios enérgicos. No se cura la gangrena con colirios” . Era una idea que tenía en mente y que no se cansaba de repetir. Trabajaría por la ciudad, lo tenía claro. Para ello había pensado un plan de limpieza de las calles, una obra de defensa contra las inundaciones, el embellecimiento del río, la creación de los alcaldes de barrio para mejorar la gestión de la ciudad. Una ciudad para la que recuperaría el teatro, prohibido desde el siglo anterior porque se pensaba que era cosa del demonio. Pero no abandonaría su tertulia, aquella por la que pasaban muchos ilustres de nuestro callejero: Reinoso, Alberto Lista, Jovellanos...
Quizás su actuación más conocida fue la división de la ciudad en cuarteles y barrios, todos numerados con unos azulejos en azul que seguimos viendo en muchas calles. Junto a ello, Olavide promovió el primer plano de la ciudad.
No sabía don Pablo aquella tarde de 1767 que chocaría con los jesuitas y que la Inquisición lo mandaría a la cárcel. El mejor alcalde tendría que huir a una Francia donde conocería la revolución y donde volvería al cristianismo. Volvería a España, muriendo en Baeza en 1802.
Aquella tarde de 1767 no sabía lo que le esperaba. Ya lo dijo Voltaire “aquí va don Pablo de Olavide, un hombre que sabe pensar...”.
Pensar, pensar... Piense en el médico. Diga 33. Y por pensar, piense en nuestros concejales...

10.6.07

12 DE JUNIO. EL "DESEADO"


“Don dije digo, dije Diego”. Ese parece el lema de más un político. No es nuevo. Hubo un tiempo que pareció ser el lema del propio rey de España. Un rey que pasó de ser “El Deseado” al “Incapacitado”. Un chaqueta vieja con camisa nueva. Un chaquetero, que diríamos hoy...
Sevilla, 12 de junio de 1823. El rey no daba crédito a lo que estaba pasando. El pueblo que lo había alabado ahora lo insultaba. Con prisa y protegido por la guardia real fue llevado al puerto para embarcar rumbo a Cádiz. Un cortejo real deslucido: había temor a la multitud y no era para menos. Al salir del Alcázar se oyeron los primeros gritos contra Fernando VII. Unos gritos que siguieron y que al llegar al puerto se convirtieron en una auténtica algarabía...
Allí recordó el Rey algunas escenas de los últimos meses. Cuando llegó a aquella ciudad fue bien recibido. Hacía tres años que había tenido que comulgar con la dichosa Constitución. Por eso se declaró el más constitucional. Y fue bien recibido por el pueblo. En esa ciudad había sido abuelo sólo un par de meses antes. Y recordó sobre todo el día de su aclamación popular. Había decidido dar una vuelta a la ciudad y volver a entrar por la calle donde estaba el busto del viejo rey Pedro I. El carruaje real era demasiado grande y prácticamente se quedó encajado en una esquina. Cuando el público notó su presencia dio grandes vivas al Rey. Y fueron muchos los que le recordaron que era un rey deseado... Eso ocurrió sólo unos meses antes. Porque cundo llegó el Corpus la cosa parecía haber cambiado. Tuvo que ver la procesión desde un mirador del Alcázar. Y aunque la procesión fue bella, el ambiente ya le pareció frío. Fernando VII ya no se sintió tan deseado. Conforme pasaron los días la situación en la calle empeoró. Las noticias que llegaban de fuera no eran buenas. Un congreso en Verona había aprobado la invasión de España por los franceses para volver a darle el poder absoluto al Rey. El único poder en el que Fernando VII siempre había creído. Pero el pueblo sevillano se rebeló: disturbios, quejas, manifestaciones... Un pueblo engañado.
Pero lo del día anterior no tuvo nombre. En la sesión del Parlamento, Alcalá Galiano lo declaró como rey incapacitado mentalmente. Una afrenta... Eso pensaba Fernando VII cuando subía en un barco con destino a Cádiz. En el paseo de las Delicias habían llegado a tirarle naranjas y verduras podridas. Sevilla lo había condenado definitivamente...
184 años después Fernando VII sigue en Sevilla. Una gran estatua suya lo recuerda. Casi nadie sabe donde está. Cerca de una torre medieval, el peor de la rey de la historia de España habita en el olvido sevillano...
Pregunta: ¿Dónde habitará, dentro de unos años, el busto de Don Manuel Ruiz de Lopera?

4.6.07

5 DE JUNIO. EL BAUTIZO


El niño había salido llorón. Aquella noche apenas dejó dormir a sus padres, que además acumulaban los nervios propios del día siguiente. Porque antes de acostarse habían dejado todo preparado. Encima de la mesa estaba el velo que había usado dos años antes en su boda. Doña Juana, la abuela del pequeño lo había puesto con mucho cuidado sobre la mesa de entrada. Serviría como batón. Don Juan, el abuelo, había llegado algo más tarde aquel día pero una doble alegría se reflejaba en su cara. Al nuevo nieto se unía un gran pedido de calzas que había mandado a América. Lo había cobrado por anticipado y ya sabía que lo emplearía al día siguiente para invitar a los vecinos. Jerónima, la joven madre, todavía estaba algo molesta por el parto. Molesta pero feliz. Tanto como Juan, su marido, un hombre serio acostumbrado al mundo de las notarías que aquel día dejaba ver una amplia sonrisa en su rostro. Al día siguiente se bautizaba el que era su primer hijo.
Sevilla, un día de junio de 1599. Barrio de la Morería. A la calle de la Gorgoja llegaba don Pablo Ojeda muy temprano, venía casi corriendo de su casa en la Magdalena y traía sus mejores calzas y unas cajas en una bolsa. Su olor a anís delataba que eran bollos recién comprados en la monjas de Santa Inés. Ya estaban todos preparados: el padre, los tíos Fernando y Ana y los abuelos. Doña Jerónima se tuvo que quedar en casa descansando. Cuando despidió a su hijo, le dijo a Juan: no tardéis y traédmelo hecho un buen cristiano. Camino de la vieja iglesia mudéjar de San Pedro, doña Ana, la señora que freía los huevos en el puesto junto a la Compañía, les hizo un vaticinio:
“Este niño será importante, pasará a la historia”.
Al padrino aquello le pareció otra historia más de aquella loca, pero, como le hizo gracia, le regaló unos bollos de las monjas.
La ceremonia fue breve. Cuando el viejo párroco preguntó el nombre elegido, casi contestaron al unísono:
- “Se llamará Diego, como su abuelo”.
- “Diego, yo te bautizo en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo”.
El niño volvería a casa cristiano.
Antes de salir, el padre de la criatura se paró a rezar un momento delante del viejo crucificado de la peluca. Siempre le tuvo gran devoción y aquel día le agradeció que el niño hubiera nacido lleno de salud. Al salir, el padrino se encontró a unos pícaros que jugaban a pares y nones. Otro cantaba aquello de “kikirikí, calla bobo que no es para ti”. Don Pablo, orgulloso de ser padrino, volvió a repartir bollos e incluso dio alguna moneda.
El cortejo salió rápido para su casa: el niño ya tenía hambre y había que invitar a los amigos. Mientras, en la sacristía alguien apuntaba el nombre del nuevo cristiano: Diego. Con el tiempo se conocería como Velázquez. El más grande pintor de todos los tiempos...

28.5.07

29 DE MAYO. EL ASESINATO


Dicen que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen. Por eso cada año no faltas a la cita. Es en el Alcázar de Sevilla. Un día como hoy. Hace ya más de seiscientos años...
Paseando por el interior del Palacio volverás a encontrarte con rincones que conoces de sobra. Seguro que un día como hoy, algún guía volverá a contar la historia:
“Estaba el rey Don Pedro en Sevilla en su Alcázar, veintinueve días del mes de mayo de este dicho año y llegó allí don Fadrique, maestre de Santiago, que venía de cobrar la villa y el castillo de Jumilla, que es en el reino de Murcia. Y el maestre llegó a Sevilla el dicho día martes por la mañana a hora de tercia, y halló que el rey jugaba a las tablas en su Alcázar, y cuando llegó le besó la mano y la de otros caballeros que jugaban con él. Nada le hacía presagiar lo que iba a ocurrir. Fue entonces el Rey al cuarto que llamaban del Caracol a hablar con Doña María de Padilla, que puso triste cara cuando se enteró de las intenciones de Don Pedro. Mientras, el maestre Don Fadrique se llegó al corral del Alcázar y no encontró las bestias que parecían haber salido por una puerta que nunca se abría. Algo iba mal. Alguien advirtió al maestre de que algo malo iba a ocurrir. En esto llegaron dos caballeros al sitio del maestre, don Ferrán Sánchez y don Juan Fernández. Con voz temblorosa dijeron:
- “Señor , el rey os llama”.
Llegóse el maestre al sitio que llamaban Patio del Yeso. Allí estaba Don Pedro con unos ballesteros de la guardia de palacio. Silencio y cruce de miradas. En esto el rey habló a un ballestero y díjole:
“Pedro López, prended al maestre de Santiago”.
Con dudas el ballestero asió a don Fadrique diciéndole:
“Sed preso”.
El terror se dibujó en sus caras cuando el rey volvió a hablar:
- “Ballesteros, matad al maestre”.
Dijeron que no sabían hacerlo, cuando un consejero les gritó.
“Traidores, ¿no veis que os manda el rey?
Entonces los ballesteros alzaron sus mazas contra el maestre, que se defendió como pudo, sacando su espada y plantando cara en el combate. Pero allí estaban Nuño Fernández, Juan Diente y Rodrigo Pérez, ballesteros que a fuerza de golpes consiguieron reducir al maestre. Al primer golpe siguió otro más. Ya en el suelo, fue herido mortalmente por las mazas de todos. Y fue el propio rey Pedro el que le asestó el golpe de gracia, clavándole su propia espada con los yesos de Mahoma como testigo. Y cuando el rey acabó con otro caballero que intentó huir, hizo más dura su leyenda. Fuera de sí gritó:
- “Disponed, la mesa aquí, encima del muerto”.
Y dicen que aquel día, el rey Cruel comió encima de la sangre de su última víctima....”
Un año más volverás al lugar del crimen. Te gustaría oír lo de rey Justiciero en lugar de Cruel. Parece que nada cambia. Hoy nadie entiende a los fantasmas...

22.5.07

22 DE MAYO. SANTA RITA


“El portón. Los arcos. (Para un andaluz la felicidad anda siempre detrás de un arco). Los muros blancos del convento. Los ventanillos ciegos bajo espesas rejas.”
Con estas palabras describía Cernuda la felicidad que nos espera tras la puerta de un convento. 22 de mayo, Santa Rita en tu almanaque. Te irás con Cernuda a un convento. A buscar el silencio. A buscar la felicidad. Quizás un imposible. Pero para nuestra protagonista de hoy nada hay imposible.
Hoy es el día del convento de San Leandro, el de las yemas, el de la pila del pato que un día robaron, el de los blancos muros y dulces sabores. Un convento con siglos de historia. Un lugar donde nada es imposible... Un azulejo de su fachada lo recuerda. Santa Rita. Sabemos que lo que se da no se quita, aunque los bancos y las financieras no se enteren... Entrarás a la iglesia. Hay algo del Islam en estos conventos: desde el exterior no te haces una idea del interior. Lo que era un blanco muro se transformará en la riqueza barroca de una iglesia. Retablos barrocos, vírgenes, pinturas... Al fondo el coro alto y el coro bajo, dos recuerdos de que el reino de la monjas agustinas no es de este mundo. Si parecen de nuestro mundo los dos santos juanes que están a izquierda y derecha, Juan el Bautista y Juan el Evangelista. Fue Martínez Montañés el que los sacó de un trozo de madera. Pero Alguien de arriba parece que los quiso sacar a este mundo. Y los dos trozos de madera parecerán cobrar vida uno frente a otro. Los disfrutarás. Recordarás a aquel escultor que miró a su obra y al verla tan real le dijo: “Habla”. Quien sabe... Igual se arrancan.
Porque esta tarde de mayo buscarás lo imposible. Será tu petición a una santa que verás vestida de negro entre flores, velas y rezos. Se llamaba Margarita y era italiana. Todos la conocen por Rita, Rita de Casia. Alguien te contará que vivió en el siglo XIV, que se casó obligada por las circunstancias y que soportó a un marido que le aplicaba lo que hoy llaman violencia de género. Toma ya. Una vida nada fácil. Rita enviudó y quiso entrar en un convento agustino. Aquí entra la leyenda. Al no ser aceptada fueron los ángeles del cielo los que la llevaron volando al interior. Y es que ya se sabe: para Dios no hay nada imposible. Delante de aquella imagen con su llaga en la frente podrás meditar sobre la dificultades de la vida.... Pide un imposible y espera, que todo llega. Si no, mira los años que llevábamos algunos esperando un título...y los que vinieron...  Para celebrarlo puedes comprar yemas en el torno. Abre la caja de madera y vuelve a recordar a Cernuda. Al probarla habrás besado los labios de un ángel. Para el que espera la felicidad existe. En tu ciudad. Puedes conocerla esta tarde en el convento de San Leandro.

14.5.07

15 DE MAYO. CULTO AL CUERPO


Por orden del Señor Alcalde se hace saber:
Que hoy 15 de mayo es declarado hispalense día del culto al cuerpo, según manda nuestra muy noble y leal memoria histórica.
Sevillanos todos y sevillanas todas:
Sepan que el culto al cuerpo no es nada nuevo. Comenzó hace muchos años en esta nuestra ciudad. Un día de mayo como hoy del año 1729 canónigos de la Catedral componían tibias, fémures, costillas, homoplatos, falanges (con perdón), tarsos, metatarsos e incluso la noble calavera de un antiguo rey, Patrón de la ciudad y Santo entre cosas. Se llamaba Fernando III. Los sevillanos y las sevillanas deben saber que aquel día se sacó su cuerpo de una caja de madera para trasladarlo a su urna definitiva en la Capilla Real de la Catedral, así llamada por ser panteón de Reyes. Los sevillanos y las sevillanas deben saber que aquel día se culminaba, con perdón, la construcción de un sueño. Ya saben: nada nuevo bajo el sol. Después de años de espera, los sevillanos y las sevillanas de antaño eran felices al ver a su Santo Patrón bajo la nueva urna de plata de Laureano de Pina, uno que ,dicen, fue un buen orfebre. Un día para recordar: misa votiva, la familia Real en Sevilla y por la tarde nada más y nada menos que una procesión. Todos juntos y bien avenidos. Y eso que decían que el siglo de las Luces fue un siglo laico, pero parece que a la familia de Felipe V le gustaba aquello de las varas, y al Consistorio de entonces tanto como al de hoy... Nada nuevo bajo el sol.
Los sevillanos y las sevillanas deben saber que entonces sí que se gastaba en procesiones, no como ahora. En la procesión de aquel año salió la Tarasca y los gigantes del Corpus y detrás más de treinta cofradías con su pendones. Eran otros tiempos. Ustedes saben que hoy esto no se permitiría. Y sepan que detrás venían todas las comunidades religiosas de la ciudad, cada una con la imagen de su devoción en parihuelas, que antes eran muy exagerados y sacaban a los santos para cualquier cosa. Sepan, sevillanos y sevillanas, que el ayuntamiento de entonces salió delante de la urna del rey Fernando, ya saben ustedes que eran otros tiempos Y junto a la urna del rey, la familia Real: infantes, príncipes y el mismísimo Rey, cada uno con una cinta de oro, una familia amplia y no como ahora...
Aquel día de 1729 se instaló definitivamente al rey Fernando en la urna de la Capilla Real. Sepan todos que fue el día del inicio de culto al cuerpo en esta caprichosa ciudad de Sevilla.
Por todo lo cual este Ayuntamiento dispone:
Primero que el día de hoy sea declarado universalmente del culto al cuerpo.
Segundo: que esta ciudad sea declarada del culto al cuerpo de las personas, título que, al parecer no tenemos...

Nota: cualquier parecido de este bando con la realidad es pura coincidencia...

7.5.07

7 DE MAYO. EL ENGAÑO


Reinaba en España su Católica Majestad Felipe II. Un letrero decía que quien no había visto Sevilla no había visto maravilla. Sevilla centro del orbe. Día en que se cometió gran bajeza, oh gran Sevilla, Roma triunfante en ánimo y nobleza...
Cuentan que aquel día de mayo de 1597 aquel honrado caballero salió decidido a dar un paseo por la ciudad. Era buen día para visitar el mercado. Allí vio a un hombre que vendía unos cuartos de carne tan hermosos que le dio ganas de comprarlos.
Preguntóle al vendedor que respondió con gran primor:
- ¡Mire vuesa merced qué carne de carnero, mejor no la hallará en el mundo entero...!
Agradóle la carne al caballero y encargo a su mozo que la comprara para el almuerzo. Compró el mozo la carne y cuando la llevó a casa halló que estaban asidas con una hebra de hilo entre las piernas. Aguardó que viniese el señor y con tono serio le narró:
- Mire vuesa merced que creo que hay engaño, pensamos en una cosa y carne nos dieron de otro paño.
Con cara de indignación, el caballero pidió una explicación:
- No puede, señor, ser más clara mi queja: no es carne de ternero sino de oveja.
De corrido y veloz tomó el caballero la carne y fue a casa del Conde y le contó el suceso. Este ratificó el engaño y prometió justicia al caballero, y echándole dos relaños, le aconsejó con esmero:
- No hay más que hablar, que a la justicia y a la Inquisición, chitón.
Al día siguiente volvió el caballero al mercado y encontraron al vendedor con la prueba del delito. Carne cosía de oveja, pregonando al mundo entero que aquella era carne de carnero. Un embuste de mucho fuste. Pero como eran tiempos de justicia el conde malhumorado prendió al vendedor desvergonzado y para aumentarle su pena lo cargó de cadenas. Que mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y moche y que las truchas y las mentiras, cuanto mayores, mejores. Fue el reo llevado a la cárcel, doscientos azotes fueron dados en sus espaldas y un peor escarmiento dio fin al tormento: a las diez del día salió el criminal a la calle. Le pusieron en el pescuezo el peor de los collares: dos libras de carne y paseo en burro.
¡Burro! gritaba la gente, ¡Burro más que burro!. Y tras el paseo de la vergüenza se culminó la dura sentencia: el afamado embustero fue desterrado de Sevilla, dice el cronista que esto alborotó a la gentecilla.
Todo ocurrió en mayo, un día como otro cualquiera. El día que un embustero acabó como un basurero, de su ciudad salió llorando y una lección iba dando: que el que a otro quiere engañar, el engaño en él se puede tornar.
Moraleja: en tiempos de electoral fiebre, que no le den gato por liebre...