18.11.15

RITA




El portón. Los arcos. (Para un andaluz la felicidad anda siempre detrás de un arco). Los muros blancos del convento. Los ventanillos ciegos bajo espesas rejas.”
                                                                                                          (Luis Cernuda)

Quien busca haya y quien cree y quiere, puede. Déjate de más historias y piérdete en el silencio de un muro blanco horadado por un portón. Como en el poema de Quevedo,  muros blancos si un tiempo fuertes hoy desmoronados. Milagrosamente, pero en pie. Aunque pueda parecer un imposible, como cada segundo de la vida cotidiana. Muros en la ruina presididos por el retrato de la constancia vestida de negro con el corazón ardiente de San Agustín. Está en el exterior pregonando su presencia interior, como la belleza de las mujeres verdaderamente hermosas. A tu espalda sobrevivió el pato de la pila y tras el portón espera Santa Rita, lo que se da no se quita, aunque los bancos y las financieras no se enteren. Entra al templo del corazón ardiente en la portada: el amor o es fuego o no es nada. La vida o es dificultad o es muerte. Que se lo digan a la santa…    
Hay algo del Islam en el templo: desde el exterior no imaginas el interior, como en las amantes hipócritas. El blanco muro se transforma riqueza barroca. Al fondo, el coro alto y el coro bajo, dos recuerdos de que el reino de la monjas agustinas no es de este mundo. Si parecen de nuestro mundo los dos santos juanes enfrentados,  el Bautista y el Evangelista. Fue Martínez Montañés el que los sacó de un trozo de madera, pero Alguien de arriba parece que los quiso sacar a este mundo. Quizás sientes que parecen cobrar vida uno frente a otro y recuerdas al escultor que al ver la realidad de su obra le dijo: “Habla”. Quien sabe... Igual se arrancan. En tu visita vienes a buscar lo imposible. La petición a una santa vestida de negro entre flores, velas y rezos. Se llamaba Margarita y era italiana. Todos la conocen por Rita, Rita de Casia. Vivió en el siglo XIV y se casó obligada por las circunstancias, soportando a un marido que le aplicaba lo que hoy llaman violencia de género. Nada nuevo bajo el sol. Una vida nada fácil… Ninguna lo es.  Rita enviudó y quiso entrar en un convento agustino. Al no ser aceptada, los ángeles del cielo la llevaron volando al interior. Ya se sabe: para Dios no hay nada imposible. La llaga sobre su frente te hace meditar sobre las dificultades de la vida, hay quien vive y quien sobrevive. Le pides un imposible y aguardas, que todo llega y todo se pasa, y la paciencia todo lo alcanza. Metáfora de una ciudad que parece estar implorando continuamente su mera supervivencia. Así ha sido a lo largo de los siglos: milagrosa. Es la sensación que te reviste al salir del templo… Te espera una simple caja de madera, otra metáfora, que guarda en su interior unas yemas que saben al beso de un ángel. Cierras los ojos y te dejas besar por el alado espíritu. Es Santa Rita. Es un convento. Es Sevilla. Aquí nada es imposible.