29.12.08

31 DE DICIEMBRE. DECÁLOGO DE NOCHEVIEJA (RANCIA)




1.- Creerás en la Nochevieja. Pensarás que este año será diferente, divertida, novedosa...
2.- Te vestirás de Domingo de Ramos. (Las pajaritas se quedan en San Bernardo o en algún ilustre colegio oficial...)
3.- Honrarás a tu familia política: suegra, suegro, cuñados, el nuevo novio de tu hermana, sobrinos... Las mismas gracias y chistes un año más. (Más rancias todavía).
4.- Caerás en la horterada. A última hora visitarás la tienda de la cruz (junto a Santa Catalina) y comprarás un ridículo braslip rojo. (Como buen rancio las mariconadas del tanga no te afectarán todavía...).
5.- No llorarás. (Y mira que tendrás motivos: el chiste de tu cuñado, la gracia del nuevo novio de la niña, la decoración hortera que te has visto obligado a poner, la versión del Tamborilero según Sergio Dalma, la televisión en conjunto...
6.- Añorarás el pasado: el último tema melódico de Paul Mauriat que tu padre pondrá en el pinchadiscos, el villancico seudo erótico que tu prima cantará después de las uvas, la eterna melodía de Machín que el abuelo tarareará sin saber la letra, las domingas de Sabrina saliendo en la tele...
7.- Tomarás las uvas viendo la Primera. Como siempre. Con el Sandeman (tío de la Capa) y la idiota de turno (suele ser la Obregón). Soportarás a la tía abuela que sigue sin enterarse de los cuartos y al idiota del cuñado que insiste en empezar antes para entrar antes el año.
8.- Creerás en el Altísimo. Lo cual significa que esperarás algo del dichoso cotillón que, un año más, has pagado.
9.- Volverás a la casa del Padre (entre efluvios de gintoni, sidra el gaitero y bifiter). Allí volverás a dar por perdida la noche: mientras quitas la pelotilla de pelusa de tu ombligo sentirás la ridiculez del rojo de tus calzoncillos. No caerás en el vicio solitario, que tampoco es bueno empezar así el año. Mejor tómate unas peladillas y no pienses en otras idem.
10.- Verás los saltos de esquí y el concierto de año nuevo con un bote de Almax. Por supuesto te gustaría que fuera en el Maestranza y que sonara Caridad del Guadalquivir.

Estos diez mandamientos se resumen en dos. Primero, amar la Semana Santa sobre todas las cosas y, segundo, esperar lo que un gran amigo suele desearnos: "que el año que comienza sea un Domingo de Ramos continuo, lleno de paz, amor, gracia y esperanza; despojado de toda amargura y que, guiados por una buena estrella, nos permita manener, aunque con humildad y paciencia, la cabeza enhiesta”.
Quizás sea mejor recurrir a los clásicos: “Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza”. Cernuda tampoco sabía dar una explicación al misterioso y lento transcurrir de las hojas de un almanaque...
Vale.

28.12.08

28 DE DICIEMBRE. AGUINALDOS INOCENTES

Los tiempos cambian. Día de inocentes que eran santos pero que no llevaban muñequito a la espalda. Día de bromas o día para no tomarse a broma. Día de tradición: presunta, como muchos inocentes o como muchas tradiciones...
Para Velázquez y Sánchez era el día de los aguinaldos. Y le daba toda la tradición del mundo. Hablaba del recuerdo de aquellos inocentes que fueron degollados en tiempos de Herodes y de una costumbre de época romana. Ya llegaría otro herodes para sentarse en San Juan de la Palma. Dubitativo. Meditabundo. Como el familiar al que pedías el aguinaldo, ese sobresueldo o paguita ya olvidado, un día como el de hoy. Tradición romana. Eso decía el cronista que recordaba cómo en el año séptimo de la fundación de Roma empezó esta costumbre, por haber entregado Rómulo a Tacio, el rey de los sabinos, algunas ramas cortadas del bosque consagrado a Strenua, la que, con el tiempo, le daría nombre a la industria. Fue algo así como una alianza eterna. Desde entonces, los romanos se hacían regalos como anticipo de una felicidad completa para el próximo curso. Aguinaldos de invierno. Luego vendrían la tarjetita del tío del butano, la felicitación del querido jefe y la mano alargada hacia el abuelito o la tía política. Inocentes... Antes llamaban así a los locos. Tenían su día, hoy quizás olvidado. El que les quitó su día no tuvo un buen ídem. Menos, el que le quitó su casa. Se llamaba hospital de san Cosme y san Damián. En la ciudad de los dos nombres (ya se sabe, el oficial y el de verdad), el hispalense hospital de los dos santos doctores era conocido por los sevillanos como Hospital de los Locos. Que siempre los hubo y siempre los habrá. Un centro que estaba en la collación de Santa Marina y que fue promovido hace siglos por el alma generosa de Marco Sancho. Inocentes y promotor todavía tienen calle. “Compadecido de dementes y furiosos que andaban por las calles” se decidió a fundar el hospital. Que vuelva Marco Sancho ya... Un hospital confirmado por Inocencio VIII en 1488, pero que fue fundado muchos años antes. Llegó a tener como patronos al propio rey Enrique IV y a los Reyes Católicos. Los reyes posteriores mantuvieron el patronato de un centro en el que, si fallecía el loco sin herederos, la herencia pasaba a la institución Locos ricos y pobres. Siempre los hubo. Siglos después pasaron a Miraflores y hubo quien pensó que los locos tenían que saltar la reja. Almonteños a las afueras de tu ciudad. Ya se sabe que no tenían recluidos a todos los que lo merecían...
Ya no hay hospitales, ni manicomios pero sí locos. Inocentes de toda la vida. Tienen su día. Alargan la mano y, a lo mejor, sólo están pidiendo un buen aguinaldo.

25.12.08

25 DE DICIEMBRE

La espera. La ilusión. El tiempo. La vida...
Los regalos y el tiempo para regalar, los sentimientos y las ganas de sentir, las alegrías y las ganas de alegrar, la esperanza y la desesperación del que espera y del que ya ni espera. Todo queda y todo pasa. Pero algo queda. En un rincón del mundo. Cargado de noticias. Buenas y malas. La vida misma. La buena nueva y las menos buenas...
La compañía y la soledad, saber que estás ahí o sentirlo, la presencia y la ausencia. Familia, familia política y política de familia... Los sentimientos...
Incienso de Reyes y humedad de viejas cajas, caramelos pisados y esperanzas renacidas, creer en mundo mejor, y luchar por él; roscón de nata o peladilla, anisete de la abuela o cubata de fin de año, marisco pasado e ilusiones renacidas, la madera del niño que besas y el perfume a nada de las monjas, la misa del Gallo y el gallo en la mesa, las castañas calientes y el libro recién abierto, el perfume de la mujer que descubres y el perfume del olvido, las calles de toda la vida y el olor de la nostalgia, el anís y el clavo, el primer mantecado y el mantecado de limón, el perfume de la compañía y el de la soledad... Los olores.
La mesa que te espera y la que desespera, el rincón de casa y el rincón de la capilla, las calles de tu infancia y la infancia que se echa a la calle, el compás de un viejo convento y el compás de las palmas en medio de un hogar; el lugar de tus sueños, el del sueño y donde habitan tus sueños; la esquina donde te besa el aroma de castañas y el beso en una esquina con una castaña a cuestas, el rincón y el gran espacio, el espacio para la firma en una carta cargada de ilusiones y el espacio donde colocarlas cuando se hacen realidad; lo grande y lo pequeño, el gran almacén y el almacén de tus recuerdos, la casa de los padres y la casa del Padre, el pesebre y el hueco debajo del árbol, el lugar para encontrarse y el lugar para perderse, el laberinto de la memoria y los callejones de la vida; la plaza y la fuente, la avenida y el portal, el interior y el exterior. Todo los lugares. Todos se hacen grandes.
La luz que nos ha nacido y la que está por nacer, la zambomba de colores y la estrellita que se apaga; la bengala y el cohete, el raso de una capilla y dormir al raso; los cirios y las velas de fantasía, la tarjeta de siempre o el correo de colorines, las listas del langostino y la lista de la compra, el cirio recién apagado y la cera que está por arder, la bombillita del nacimiento y la de tu interior, las que parpadean y las que luchan por no extinguirse. In Ictu Oculi... Las luces.
Esperar, reír, llorar, suspirar, recordar, dormir, descansar, anhelar, compartir, soportar, comprender, ser, estar... Volver. Volver a ser niño. El Niño del pesebre. Dios se hizo hombre, quizás sólo niño. Grandeza y misterio. Dios de Dios. Luz de Luz. Algo debió pasar...

23.12.08

24 DE DICIEMBRE. WILLY

Que por una noche todos los pobres tengan un lugar para comer... Algo parecido era el lema que se repetía en la película Plácido, de Berlanga. Acoger por una noche a un pobre en su mesa, un retrato de la España más negra de los cincuenta que incluía incluso una subasta de pobres. Cena de navidad con indigente. Todo un bodegón de El Roto. Era algo así como tener una especie de pobre particular...
En mi infancia teníamos un pobre particular en el barrio. Hoy lo llamaríamos sin techo, indigente o marginado social. Eufemismo estúpidos de nuestro tiempo... La cuestión es que el pobre de mi barrio era todo un personaje. Nadie sabía su nombre ni su procedencia. Los niños lo conocíamos por Willy. Vivía en la calle. Tenía su zona de influencia y su propio radio de acción. Mostraba un porte impropio de un olvidado. Veías a Willy y creías ver a un personaje de la literatura: alto, con una barba que amarilleaba, con la piel curtida y arrugada. Y sobre todo su voz, una voz que envidiaría cualquier locutor de radio. Una voz cascada por la intemperie y por el vino, por los problemas y por la experiencia, por lo que había vivido y lo que tenía que vivir.
Willy formaba parte del paisaje del barrio. Veías sus cartones y te imaginabas que andaba cerca. Como parte del barrio, actuaba como una especie de calendario, de almanaque callejero. El invierno llegaba cuando Wily sacaba un raído abrigo que nos recordaba tiempos mejores. El invierno se iba cuando Wily cambiaba sus zapatillas de cuadros grises por cualquier otro zapato encontrado en los mejores contenedores de la zona. Llegaba la feria porque Wily se colocaba un farolillo en la cabeza. Y tú pensabas qué pasaría por aquella cabeza que se colocaba la feria por montera y afrontaba los días en la calle.
El verano llegaba cuando nuestro vecino de la calle sacaba a la acera una vieja silla de playa. La playa en Sevilla. Toma ya. Ni Maria Trifulca ni ná, la playa llegaba con la silla de Willy. A su alrededor congregaba a niños que todavía le hablaban con el respeto debido:
- ¿Usted conoció la guerra?
- Y tanto hijo...
Y una voz grave de actor de teatro nos contaba historias fantásticas que nos entretenían las tardes sin colegio.
Pero a Willy lo conocía todo el mundo por su sombrero particular. Le duraba todo el año. Cubría su cabeza con medio balón de fútbol de los de antes, con su hexágonos de cuero. Toda una metáfora de nuestro tiempo. Un quijote con un yelmo de mambrino en plan futbolero, que usaba una botella de vino como lanza y gritaba sus fantasías a los vecinos de la calle. Un día, sin darnos cuenta, lo echamos en falta. Y nos enteramos que aquel loco vecino nos había abandonado para siempre.
De vez en cuando nos enteramos que un vagabundo muere olvidado en las calles de tu ciudad. Quizás alguno podría sentarse a tu mesa, que no hay mejor mesa que la compartida. La mejor nochebuena dura 365 días.

21.12.08

21 DE DICIEMBRE. ARQUEOLOGÍA SEVILLANA


El arqueólogo y Sevilla siempre se llevaron mal. Inutilidad de oficio, que pensaron muchos: siempre mirando piedras para decir lo importante que es algo que ya no existe. A quien le importará... Todo un lastre para hacer un aparcamiento sobre una mierda de mosaico o un buen bloque de pisos sobre una porquería de casucha antigua. Un freno a la modernidad, sí señor. Y eso que los arqueólogos tienen algo de CSI: te cogen un corte de suelo y te dicen lo que vino antes y lo que llegó después. Como las arrugas superpuestas. Claro que en Sevilla lo tienen fácil: estratigrafía nítida. Dicho en otras palabras: la superposición de edificios en Sevilla suele llevar el mismo orden lógico. No suele fallar; sigue, más o menos, este orden: restos de columnas romanas – mezquita- edificio religioso cristiano – sede de tertulia - cuartel – teatro – cine – almacén - supermercado. Infalible, hagan la prueba.
Pueden irse a la calle Tetuán. Allí estuvo el hospital del Espíritu Santo, edificio religioso que acabó siendo teatro. Quizás el más famoso de la Sevilla en blanco y negro: el teatro San Fernando.
Se inauguró un día como hoy de 1847. Por supuesto, el lugar ya había pasado por el tradicional estado de abandono, de almacén y de tertuliana sede, aunque el nuevo uso ciertamente prometía: ser el gran teatro de la ciudad. Aquella noche se inauguró solemnemente con un estreno de Ópera. La obra Los Lombardos fue la elegida. Las voces de Carlotta Vittadini, Luisa Cocco, Cuterina Persoli, Luisa Perzoli, Giovanni Solieri y Benedicto Galliani fueron algunas de las encargadas de llevar a cabo la gran inauguración. El Diario de Sevilla de la época hizo la más completa descripción del evento, no escatimando elogios sobre la calidad de la obra presentada, la nutrida concurrencia de primeras autoridades o la belleza de las damas de la alta burguesía sevillana que lucieron aquella noche de diciembre sus mejores galas. Todo un éxito que se constató durantes varios días, ya que la pieza inaugural se siguió representando hasta el 2 de enero. Nacía un gran centro teatral en Sevilla y nacía un duro competidor para los locales que, por entonces, funcionaban en la ciudad: el Principal, el de la Misericordia y el de la Feria.
Pasó el tiempo, las modas, las óperas, la copla, el cine y el abandono. Los abuelos son ya los únicos que recuerdan el antiguo teatro San Fernando. Los arqueólogos diferenciarán con claridad que al teatro sucedió un nuevo edificio nada emblemático y nada singular: unos grandes almacenes. Nada nuevo bajo el sol.
No sabemos como seguirá la cadena edilicia sevillana.
El bazar de chinos sólo espera su momento...

17.12.08

18 DE DICIEMBRE. EL REPUBLICANO.

“Los Borbones, a los leones...”.
Era la frase que solía repetir casi como una letanía de viejos recuerdos; ya se sabe, aquellas convicciones que se sienten y no se razonan. Toda una religión del sentimiento, sin clérigos y con escasa liturgia. Pero es que a él le gustaba, bromas aparte, razonar sus convicciones. Y no perdía oportunidad para ello. Sus hijos y sus nietos eran su auditorio preferido, cada uno a su nivel. A sus hijos les había repetido una y mil veces que después de la Revolución Francesa se estableció la igualdad de los hombres y que nadie debía tener privilegios por su nacimiento.
- Los franceses acabaron con la desigualdad social, y nosotros-sonreía esperanzado- acabaremos algún día con las injusticias.
Un discurso que se simplificaba cuando se dirigía a lo más pequeños:
- Si todos tenemos un papá y una mamá y si existe ese Dios del que te hablan en la escuela, todos tenemos que ser iguales, porque un buen padre no hace diferencias entre sus hijos...
Un teoría simple y que, según él, no admitía discusión. Por eso le sobraban reyes y reinas, duques y marqueses, altezas y grandezas. Todavía no habían dicho aquello de que la democacia es el menos malo de los sistemas posible, pero el ya lo sabía. Democracia pero sin reyes, ni coronas, ni cetros, ni tronos, ni historias. Lujos, los precisos. Lo cual no quiere decir que el viejo republicano no guardara un rinconcito en su corazón para algunas fantasías...
Sus amigos dicen que todo empezó en San Gil, en el corazón de su roja Sevilla. Aunque no era muy amigo de beatones y santurrones vestidos de negro, aquel día le dio por entrar en la iglesia. No sabía por qué. Quizás por su eterno afán de descubrir. Y vaya si descubrió... Estaba a pie de calle. De igual a igual, madera y carne frente a frente. El dolor revestido con la dignidad de una sonrisa. Las lágrimas de su viejo barrio adornadas de fiesta. La mirada esperanzada de la creencia en un ideal de igualdad. Toda una invitación a creer en la esperanza. Mirada de una mujer hermosa cargada con el dolor de un viejo pueblo. Una dama como símbolo... él que sólo creía en la dama de la bandera tricolor. Pero aquello era diferente: un mundo mejor podía existir, aquella mirada así lo pregonaba. Lo demás no importaba: ni corona, ni joyas, ni oros, ni platas ni terciopelos, ni encajes... Salió de San Gil con la contradicción hecha un pellizco en el fondo de su corazón. Él la hubiera situado en los mismos intestinos. Carne de su carne. Todo por una madera convertida en joven dama. Dama de dolores y de esperanzas. Puso en jaque a sus sentimientos. No había modo de enrocarse...
Algunos dicen que aquel día el viejo republicano comenzó a creer en las reinas...

15.12.08

15 DE DICIEMBRE. GAMBERRADA

“Un estudiante a una niña, le pidió ¿que le pidió? / Un estudiante a una niña le pidió ¿que le pidió? /.Le pidió su prenda dorada y la muy puta se la dio / San Isidoro, somos la hostia, viva la madre que nos parió...”.
Una canción y una letra que sin duda no se colocarán entre las grandes creaciones de la historia de la humanidad, pero que solía aparecer en tu almanaque juvenil allá por estas fechas. Relativamente cercanas pero tan lejanas en casi todo.
Días de exámenes finales y evaluaciones. Se estudiaba BUP y COU, estudios que no eran ni secundarios, ni obligatorios, ni había que revalidar. Serían los años ochenta; año arriba, año abajo. Tú, por supuesto, eras de la pública, el sitio donde antes se aprendía. Los uniformes, los patronos y los escuditos quedaban para otros. Pero el himno era el himno y, aunque ripioso, era sinónimo de gamberrada de fin de curso.
Sin fecha fija. Surgía como un sentir general. Con unos orígenes lejanos y cercanos en la antigua división entre niños y niñas. Los primeros al instituto San Isidoro. Las segundas al instituto Velázquez. Como en una canción del Dúo Dinámico... Aunque para dinámica y movidita aquella fecha...
Solía haber rumores, pero sin saber por qué se elegía el momento en el mismo día. Navidades cercanas, exámenes ya hechos en el aula 7 y ganas de juerga. A media mañana, el abandono de las clases comenzaba a ser general. La realidad es que niños y niñas ya compartían bancos, pero la tradición era la tradición. Por muy salvaje que fuera....
Poco a poco, la huida del centro. Muchos paraban en el camino. Quizás bocadillo de Camilo, quizás Cruzcampo de litro, quizás botellita de mistela... Un día especial. Emociones fuertes. El asalto al instituto Velázquez planeaba en la mente de los estrategas.
El lugar de reunión era la Plaza de San Leandro, vulgo Pila del Pato. Allí volvía a sonar el himno oficioso mientras algún aventajado iba preparando el arsenal. Huevos, pintura, alguna naranja de la zona... Dispuesta la carga se alentaba de nuevo a la tropa. Sentías una mezcla de emoción, de miedo y de instinto primitivo. Alguien lanzaba el primero. El momento había llegado. Decenas de huevos, botes de pintura y naranjas caían sobre la fachada del instituto Velázquez. Manchas y roturas. El enemigo volvía a caer un año más. En poco tiempo. La policía solía llegar en minutos y tú huías hacia la calle Dormitorio buscando cobijo a tus emociones. La fachada quedaba marcada para mucho tiempo. Quizás todavía hubiera tiempo para tontear con alguna alumna, aunque ya daba igual del centro que fuera.
Ocurría en diciembre. Otros tiempos. Llegó la LOGSE, la igualdad y la educación en valores. Desaparecieron los gamberros de tu instituto. Ahora se han hecho universales...

11.12.08

SEVILLA EN SUS OJOS. CARTA AL CANÓNIGO ALBERICO.

Alguien te dijo que lo esencial era invisible a los ojos. Alguien te contó que en los documentos antiguos se hablaba de la ceguera de la vista...corporal. Hay ciegos de nacimiento, ciegos de conocimiento y ciegos de convencimiento. Ceguera para la belleza, para la historia y, lo que es peor, para los sentimientos. Puede ser ceguera total aunque, en ocasiones, puede ser una falta de enfoque, o de encuadre, o de colocación... Menos mal que en la vida existen lazarillos que aún nos siguen enseñando a ver, a sentir, a mirar, a transmitir, a emocionar... Personas que siguen buscando el mejor enfoque para cada escena y que acogen un corazón con más megapixels de los imaginables. Ayudan a entender el mundo que nos rodea. Porque saben mirarlo. Enfocarlo. Comprenderlo... Cuando hace unos meses me encargaron reunir palabras sobre Sevilla en un libro pensé en un maestro llamado Antonio Sánchez. Se suele vestir de canónigo Alberico. Ha puesto una imagen para cada mes del año y ha revestido con la mejor de las letras capitales muchas de las páginas del libro. No puede tener mejor ropaje. No puede haber mejor mirada. No puede existir un corazón más desinteresado para ponerle miradas a un libro que habla del tiempo que pasa... Un libro que comienza citando aquello de que "las cosas no tienen importancia, se la damos nosotros y el tiempo...". El tiempo de Rafael Montesinos pondrá a la mirada más hermosa en el lugar que le corresponde de este rincón del mundo llamado Sevilla.
Gracias, maestro.
Un rancio abrazo.

9.12.08

9 DE DICIEMBRE. FÚTBOL DE DULCE

- ¡Cuánta sevillanía! -pensó para sus adentros.
- ¡Qué gran tarde!
Larga y sevillanísima cola, perdón, fila, para poder comprar exquisiteces. Lo etéreo y lo profano. Un par de cajas debidamente envueltas con lacito de primores conventuales. Salía de la exposición de dulces y se encaminaba hacia su otra devoción. Más mundana. Dual como la ciudad. Unas veces dulce, las más de las veces amarga. Por la calle Oriente, sí Oriente, lo vieron andar de forma parsimoniosa, con una caja de madera en una mano y con perfecta pinza, no exenta de atildamiento, sosteniendo un paquetito en la otra. Alardeaba de sevillanía. En días como aquel era capaz de recordar incluso viejas normativas: “Siendo las conservas y confituras regalos de enfermos y para personas ricas, convenía que la dicha obra fuese buena, y que fueses y se hiciese con buenos azúcares y no echando otras mezclas...”. Ordenanzas antiguas sobre el dulce. ¡Cuánta sevillanía! Dulces para ir al fútbol...
Una cajita y una bolsa asida con perfecta pinza subían por el graderío. A su portador le dio por pensar. Sería el aburrimiento. Mezcla de sensaciones. Adriá en el fondo norte...
“RANKING FUTBOLERO DEL DULCE SEVILLANO:
A LA GLORIA: Yemas de San Leandro, tocino de cielo de Santa Paula, gallina en leche y bienmesabe de Madre de Dios y las torrijas de las extintas Gordas (entiéndase Las Estepeñas, perfectas protagonistas de Hansel y Gretel...).
ZONA UEFA: Almendrado de chocolate y cordiales de Madre de Dios; el dulce alemán de Santa Ana, el bizcocho cisterciense de San Clemente, los pestiños de Santa Inés y los bollitos de Santa Inés.
OTRO AÑO IGUÁ: Las pastas para diabéticas de San Clemente, el petisú revenío de la confitería del barrio, el cortadillo sequerón de San Martín de Porres y la garrapiñá de la primera fila del puesto de la calle Laraña (de oferta por ser del día anterior).
DESCENSO AUTOMÁTICO: Las tartas con dibujitos, especialmente los futboleros (si eran con rayitas verdiblancas peor), la fruta escarchada (¿le gusta a alguien?), el turrón de la feria (con más kilómetros que la mochila de Labordeta) y el mantecado de limón, auténtico y solitario farolillo rojo de cualquier caja que se precie.
MENCIÓN RANCIA: Si había un objeto rancio en Sevilla era la caja de yemas de San Leandro, con sus panelitos y la etiqueta de las agustinas...”.

Había una en sus manos. En la otra, una perfecta pinza que parecía estar motivada en la mancha de algún acto inconfesable. Una jornada dual. Dulces en tarde, nuevamente, amarga.
Se creyó importante... ¡Cuánta sevillanía...!

7.12.08

8 DE DICIEMBRE. SIN PECADO ORIGINAL

“Mujer envuelta de sol, con la luna bajo sus pies y revestida de estrellas”. Concebida sin pecado original. Así lo apuntó ya el Concilio de Éfeso (431). Triunfó en la mentalidad popular del Barroco sevillano. Resistió a dominicos que no creyeron en ella. Fue defendida hasta por un ingenioso hidalgo de cuyo nombre no quiero acodarme. “Soy don Quijote el manchego / que aunque venido de la Mancha / hoy defiendo a la sin Mancha.” Hubo quien juró derramar sangre por ella. Sangre por una inmaculada... Silencio para defender en alto un juramento, con cirio y con espada. Franciscanos y jesuitas en su bando, el bando celeste. Fue pintada, grabada, tallada y soñada de mil y una maneras: triunfante, asunta, ciega o carmelita. Concepción para los amigos. Hasta 1854 no se declaró su dogma. Por una vez en la vida, Sevilla pionera... Aunque ya en 1497 hubo universidades que impulsaron el juramento de la creencia en el dogma para obtener el título de doctor. Siempre nos quedará París...
La proclamación del dogma llegó tarde (1854), pero la ciudad siempre lo consideró como algo de común aceptación. Y fue el recuerdo del centenario del voto de la ciudad el que motivó la erección de un monumento a la Inmaculada mediante suscripción popular. Esta obra conjunta situada en la actual plaza del Triunfo corrió a cargo del arquitecto José Espiau y del escultor marchenero Lorenzo Coullaut Valera. Espiau diseñó un pedestal octogonal con cuatro pilares de orden jónico y su correspondiente tramo de entablamento. Coullaut colocó en los frentes inferiores las figuras de Miguel del Cid, Murillo, Juan de Pineda y Martínez Montañés, defensores del dogma en la poesía, la pintura, la teología y la escultura. Como coronamiento realizó una traslación a la escultura de la Inmaculada que Murillo pintó para el Hospital de los Venerables y que fue sustraída por el mariscal Soult con la invasión francesa. La inscripción “Regina Sine Labe Concepta” completaba un conjunto que fue definitivamente inaugurado el 8 de diciembre de 1918, pasando a figurar desde entonces como uno de los monumentos más representativos de la ciudad. Sobrevivió y sobrevive... Resistió las críticas de Fray Ángel Ortega que, en 1917 censuró la ausencia de referencias a su comunidad. Críticas a un monumento, nada nuevo. Sobrevivió a los radicales que en la República quisieron derribar el monumento y a los que incluso quisieron prenderle fuego. No había madera como en tantas iglesias abrasadas... A duras penas sobrevive al abandono de tanta incultura que hace que un día tenga una pintada y al otro se le caiga el rostro a Montañés por falta de conservación. Sigue siendo un triunfo...No sabemos si resistirá muchos años más escuchando “clavelitos”...

4.12.08

5 DE DICIEMBRE. EL OBISPILLO

Cónclave en el patio del colegio de Santa María de Jesús. Estudiantes del colegio que fundara Maese Rodrigo. Llegó el día de la fiesta. El día del desenfreno. Si Sevilla tenía obispo, en el viejo colegio universitario tenían el obispillo: el más joven y golfo de todos los estudiantes sevillanos.
Año 1641. Veíase cercano el final de trimestre, y los estudiantes cargaron sus intereses en la diversión. Liturgia anual. Un alumno nuevo fue el elegido. Entre carcajadas fue nombrado un novato tartamudo famoso por otras dotes. Llamábase Esteban Dongo. Con la mitra de papel, el fajín de seda y el báculo de madera fue instado a dar su primer discurso:
- ¡Maese Mondongo, diríjase a su feligresía!
Nunca vióse el novato en trance tan singular, siendo su inicial homilía su primera fechoría:
-Ehhhh....Hegggamos del Colegio de Santa Magia! ¡Gindamos culto a Maese Godriggo nuestro fundadogr...!
- ¡Pardiez con el pardillo! -oyóse en la sala- ¡Bien laggo que tiene el frenillo!
Carcajada general y procesión por las calles del entorno. Iba el obispillo lanzando agua bendita entre las risas de su compañeros. Fueron numerosas las sacras estaciones en las que abasteciéronse los estudiantes, llegando el néctar, que algunos llaman divino, a provocar escenas de gran escándalo. Paraban los estudiantes a las damiselas y gritábanles sin disimulo:
- ¡Besen la mano a su Eminencia, que brillante como el anillo tiene el colgante membrillo!
- ¡Reverencia a su Eminencia Dongo, que como su cargo tiene el mondongo.!
Las risas y las reverencias fueron acompañadas de tocamientos breves, rozamientos, apreturas y arrechucamientos que motivaron más de una palabra malsonante. Continuó la algarabía en torno al obispillo y su procesión, que dirigióse al corral de la Montería, donde llegóse a confundir con el público. Allí continuaron risas, tocamientos, enseñamientos y otras algarabías que llegaron a un punto mayor. Con la vergüenzas al aire una damisela acompañante, llegó a pronunciar frase malsonante:
-¡Nunca digas que este cura no es mi padre, ni esta polla no me cabe!.
Lamenta el cronista tener que reproducir tamaña ordinariez, pero más lamenta recordar la escena posterior. Fuego eterno para aquella reunión. Fiesta prolongada hasta el amanecer. Cuerpos envueltos por las oscuridad. Espesura de la noche para censurar los más bajos instintos. Ya lo dice el refrán:
¡A las seis de la mañana, antes de que el sol alumbre, hay más pollas en los coños que pucheros en la lumbre!
Fue un 5 de diciembre del año del Señor de 1641. El día que Mondongo gobernó la más convencida feligresía. Mandanga que tenía el mondongo...
Fue el año que la audiencia prohibió, definitivamente, la fiesta del obispillo.

1.12.08

1 DE DICIEMBRE. LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Un título que no olvidas de una serie de tu infancia. Sólo había un canal de televisión. Una enorme piedra caía en una carretera. Un coche se chocaba contra ella. Exceso de velocidad. Entonces aparecía el presentador, Paco Costas, y te contaba la posibilidad de una segunda oportunidad...
Quizás hay monumentos que se anticiparon a esta serie de los setenta. Sin duda, la iglesia del Divino Salvador es uno de ellos. Tal día como hoy de 1674 se ponía la primera piedra del templo barroco que venía a sustituir a la antigua mezquita musulmana. Reinaba Carlos II con la reina Mariana de Austria en España, se sentaba en el trono apostólico Clemente X, en la silla arzobispal sevillana don Ambrosio de Spínola y Guzmán y en el ayuntamiento don Carlos Ramírez de Arellano. Una primera piedra que se colocaba a las doce y media de un día que cayó en sábado, para más señas. Diversas monedas de la época acompañaron a la primera piedra de un templo diseñado por Esteban García y que contaba con las aportaciones de Bernardo Simón de Pineda y de Pedro Roldán. Apenas sabemos nada de aquel templo, aunque la pareja de artistas anteriores nos sitúa en una fábrica de columnas salomónicas que debieron de impresionar a los fieles de la época. Una obra efímera. Problemas de sustentación provocaron que el templo cayera desplomado (el Salvador siempre pareció imitar a la mismísima catedral) el 24 de octubre de 1679.
Hubo una segunda oportunidad. Los canónigos miraron a la catedral de Jaén como referencia y se pusieron en contacto con Eufrasio López, que supervisó un nuevo proyecto que acabó finalizando el gran maestro del barroco sevillano, Leonardo de Figueroa. En cierto modo fue un proyecto inconcluso. No se llegó a terminar su austera fachada hasta que llegaron los añadidos neoplaterescos posteriores y nunca se realizaron las dos torres campanarios del proyecto original. Vaticano y el Salvador, historias paralelas. La joya del barroco sevillano fue la más clásica y austera arquitectura acogiendo al barroco más espectacular y dinámico. Cayetano de Acosta en su plenitud. Sobrevivió a la pérdida de su carácter de colegiata en 1852, perdió bancos de coro y realizó obras de urgencia a fines del siglo XIX. Algo debía de ir mal...
En la madrugada del 13 al 14 de febrero de 2003 se desprendía una piedra delante del altar de la Virgen del Rocío, en la nave lateral izquierda. Señal de alarma. El Salvador se cerraba y se iniciaba un proceso de restauración sin precedentes, felizmente culminado en marzo de 2008. Juan Garrido en el recuerdo. Nueva oportunidad para el templo.
Te has vuelto a acordar de la piedra en medio de la carretera en el programa de Paco Costas. No es sólo el Salvador: Sevilla entera merece otra oportunidad.

27.11.08

UN BLOG QUE SE CONVIERTE EN LIBRO.

Un libro con 365 historias. Una para cada día del año. Con muchas dedicatorias... A Natalia, que está aprendiendo a leer, A Salud Ojeda, A natural de Sevilla, A Natalia García Márquez, A mi alumno José Enrique, A Loli Rueda, María Pepa, A Loli Jiménez, A mis compañeros del Bécquer, A Laura, A Marié, A Antonio Bustos, A Gloria de Pablo, A Mamen, A Nieves, madre e hija; A Amalio y a Mari Luz, A David Luna, A mi primo Jorge, A Ana Robles, Al maestro en recuadros de la Esperanza, A María del Pilar, A José Enrique, A Eloisa, A David González, A Javier, A eresmicruz, A delporvenir, A Juanma, Al Juanma de los olvidos y recuerdos, A Ricardo, A los niños de Glauca, A Anónimo de Castilla, A Francis, A José Luis, A Zapateiro, A Pregonero de Sevilla, A Orfila, A alguien de la Cava, A Rosa, A Luis, A La Canina que sigue cavilando, A mis hermanos, A El Aguaó, A Julio, A Fernando García Haldón, A Luisito, A Laura, A Manolo Patolín, A Paco Robles, A Natural de Sevilla, A Quique Sánchez, A Maribel, A Pepito, A las monjas del Pozo Santo, A Consuelo, A Rafael Jiménez Sampedro, A Pepe, A Cristóbal Cervantes, A Hércules y Trajano, A Herrera, Carlos; A Víctor García Rayo, A José Antonio Rodríguez, A Carlos Romero, A Maleni, A Natalia, A Lidia, Al Pepe Luis de internet, A la Reina mora, Al canónigo Alberico, A Esteban Romera, A Rosa Expósito, A Álvaro Pastor, A Antonio Cabello, A Francisco Santiago, A los hijos del carbonero de San Martín, A Concha la del Madroño, A la taberna del Tato, A Bogar, A Óscar Gómez, A Rosa Muñoz, A Luis Méndez y a Lusito, A ciriodevirgen, A José Luis Domínguez, A Rocío Plaza, A Silvia Romero, a Moe de Triana, a Encarni y Loli, a María Pepa, A lacava, A Ramón de la Campa, A José Manuel García, a Sor Esperanza, a las monjas de San Clemente, a la gata roma, A Gloria de Pablo, a Mamen, A Matilde, a Lola Gutiérrez, A Carlos Colón, A Manuel Lucena, A Regla, A Lola Gabella, a el carmarlengo, a Jesús Cotta, A Anónimo de Castilla, a Regla y Antonio , A Francisco, A David Luna, A Esperanza, A Ana Robles, A José María Escudero, a Juan Pedro Recio, A Zapateiro, A José Enrique, A Andrés Pérez Domínguez... Quizás faltan muchas, quizás se olvide a muchos, quizás las últimas correciones nos traigan algún olvido... Un libro para dedicar a tantos que leyeron, a tantos anónimos que escribieron, a tantos que escucharon por las ondas de la radio y a tantos que, incluso, nos regalaron historias. Con muchos añadidos, con muchas colaboraciones, con muchas ayudas y hasta con la impagable aportación de un maestro de la fotografía que se suele disfrazar de canónigo Alberico... Gracias a la editorial Jirones de Azul tantas historias quedarán recogidas en un libro cuyas páginas podremos pasar, esta vez sí, físicamente, en muy pocos días... Creo que no tengo palabras, y miren que llevamos palabras a nuestra espaldas, para agradecer tantas cosas. Una obra de ustedes. Para ustedes. Gracias de corazón a todos. El almanaque se hace papel...
Sus manos están invitadas a pasar páginas...

24.11.08

25 DE NOVIEMBRE. SANTA CATALINA


Andar entre el santoral sevillano supone encontrar un santo para las parturientas, una santa para los ciegos, un franciscano que busca novios, un patrono de cualquier profesión o una abogada hasta para las causas más imposibles. Pocos conocen que hay incluso una Virgen cuyo manto protege a los soldados, nada más y nada menos, de las balas que dispara el enemigo. Que venga el guerero del antifaz... Una vieja foto enmarcada así nos lo recordaba en el acceso a la iglesia de Santa Catalina. No era ése, obviamente, su principal interés.
La iglesia de Santa Catalina entra en el amplio grupo de iglesias mudéjares de la ciudad; obras como Omnium Sanctorum, Santa Marina, San Marcos, o San Gil que conjugan en su arquitectura las formas del arte gótico del siglo XIV con elementos decorativos musulmanes, dudando algunos autores sobre su posible origen en una mezquita islámica. Como tantas otras, ha conocido múltiples añadidos que nos hablan de una complicada historia: capillas laterales, una barroca capilla sacramental que es una iglesia dentro de otra, e incluso una portada que no es suya. El público que busca el Rinconcillo o el que la contempla desde el autobús suele desconocer que su portada actual es la antigua de la parroquia de Santa Lucía, trasladada piedra a piedra en 1930 desde otra iglesia mudéjar olvidada.
Ha sido en su historia un monumento con suerte. En 1868 estuvo a punto de ser derribada por los presuntos liberales para ensanchar la zona. Tuvo la suerte de no ser incendiada en 1936 como les ocurrió a otras. Y ha tenido la suerte de ser una iglesia olvidada. Demasiado. Un olvido que llegó a maltrato. Entrar en Santa Catalina era entrar en el olvido y por ese olvido conocer la historia. Era disfrutar con las historias de la titular narradas en un retablo de 1624 de Diego López Bueno, era sobrecogerse en la capilla Sacramental de Figueroa y quedar envuelto en las esculturas de Hita del Castillo, era conocer la grandeza de cofradías populares como la de los Caballos. En su capilla, una antigua estructura como las qubba musulmanas, unos ángeles de la Roldana nos explicaban cómo el arte con mayúsculas puede estar en rincones muy al alcance de todos.
Entrabas en Santa Catalina y volvías al pasado: conocías la divina providencia de San Cayetano, las devociones al Carmelo o al Rosario en sus Vírgenes o la ayuda de Santa Lucía para los problemas visuales.
Piensas y hablas en pasado. Una ceguera que no cura Santa Lucía te impide ver la iglesia desde hace ya años. La ceguera de los inútiles dueños de la iglesia, de los inútiles que te gobiernan y la de los inútiles como tú y tus setecientos mil vecinos que habéis permitido que una joya llegue a la ruina. Quizás no sea el sitio ideal para colocarse medallas, para figurar o para salir en las portadas de los periódicos. Pero merece un hueco en tu almanaque de cosas por hacer. Sobre todo, un día de noviembre como hoy. Es el día de Santa Catalina, la de la rueda, la del retablo olvidado. También es el Día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. A Catalina la están maltratando. Sin géneros...

22.11.08

23 DE NOVIEMBRE. ONOMÁSTICA

Rezo de completas bajo una luz dorada. Siglos de historia en inocentes almas vestidas de blanco y negro que afrontaban el fin de la jornada. Con notable impaciencia, las sombras de las alturas parecían aguardar el fin de la liturgia tantas veces repetida. Había sonado el órgano y la letanía de todas las noches. “Muéstrate Señor propicio, protégenos mientras dormimos”. Desde su tribuna de madera dorada el santo rey, el santo papa y el santo golpista contemplaban la escena. Las sombras ganaban, definitivamente, la batalla a la luz, y las monjas fueron formando según la costumbre. Del coro a la celda. La madre abadesa las fue despidiendo una a una mientras empleaba con solemnidad su hisopo de plata. Bendiciones para fundirse con un negro mar de silencios. Junto a la pequeña puerta de acceso al claustro, madre Angustias se dirigió a la abadesa atreviéndose a romper el silencio de la liturgia:
- Madre: he vuelto a sentir su mirada...
Una mezcla de altivez y de comprensión surcó el rostro de la superiora de las cistercienses.
- Candado en tu boca, silencio en tus labios y perdón en tu corazón... Que San Benito te proteja y que el Altísimo acompañe tus sueños.
Un año más, la abadesa había vuelto a ignorarla. Madre Angustias había vuelto a sentir el desasosiego de años anteriores en la víspera del patrón. Trató de consolarse. Quizás sería el esfuerzo realizado para tener a tiempo el altar de la novena de Santa Gertrudis, quizás serían los ensayos para la función del día siguiente, quizás fuera su propia imaginación... Pero desde que regresó a su celda entre las sombras de las columnas pareadas del claustro comenzó a sentir que este año era diferente. Peor. Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras musitaba sus últimas oraciones antes de acostarse. Por cada rincón de su hábito penetró la carcajada arrogante del viejo barbudo que presidía el altar mayor. Un mal pensamiento sobre uno de los primeros papas de la historia rondó su celda, pero pudo sobreponerse. No fue así toda la noche. A la sensación de acumulación de esas sombras acechantes volvieron a añadirse las risas lascivas de los benedictinos de las paredes, los jadeos de origen inconfesable, los juros y blasfemias más irreverentes y el ruido más indecoroso en el reino de los silencios.
Un año más maldijo su capacidad visionaria o lo que fuera aquello y, un año más, llego al día de la solemne función con ojeras en el rostro y pánico en el corazón. Estaba amaneciendo cuando llegaron todas al coro. Capítulo de sinrazón de monjas atemorizadas. El rezo de maitines tendría que posponerse. Una buena limpieza eliminaría las manchas de vino y el olor a vómito sacrílego...
Este año Clemente se había excedido en su celebración...

17.11.08

17 DE NOVIEMBRE. PORVENIR NEGRO

“Como ya se consideraba cercano el parto de la reina, determinó el Cabildo Eclesiástico rogativas diarias por su feliz alumbramiento, y dos novenarios, el primero a nuestra Señora en su imagen de los Reyes, y San Fernando, en su capilla, y el segundo ante la imagen de Nuestra Señora de la Antigua, a que asistió la Ciudad en rueda plena y empezaron el 19 de octubre.
Llegó la hora deseada entre diez y once de la mañana del 17 de noviembre, dando a luz la Reina una Infanta, que fue inmediatamente bautizada por el eminentísimo cardenal Borja, patriarca de las Indias, en la pila que para este efecto condujeron a esta ciudad los RR.PP Predicadores, en la cual había sido bautizado su patriarca Santo Domingo. Y se le puso por nombre Doña María Antonia Fernanda, que la destinó el cielo para esposa del duque de Saboya Víctor Amadeo, cuyo feliz desposorio se verificó el 12 de abril del año 1750, con grande júbilo de estos reinos, siendo esta la octava persona real que vio la primera luz en Sevilla: habiendo sido la primera la infanta doña Berenguela hija del rey Don Alonso el Sabio, a que siguieron el rey don Fernando el IV, el Infante Don Felipe, su hermano, el rey don Enrique III y su hermano el infante don Fadrique, el infante don Alonso, hijo del rey don Pedro y el príncipe Don Juan, que lo fue de los Reyes Católicos Don Fernando y doña Isabel”.
Varias noticias en una. Sevilla, año 1729. Nacía una infanta, se bautizaba y se casaba al mismo tiempo. Hoy se contaría de otro modo...
Una cesante del tren de la bruja con peluca rubia de Pichardo en la pantalla de la televisión. Anuncio arriba, abajo y en un lateral. Números de teléfono bien remarcados. Mesa de consulta de podólogo de barrio, estampa de San Francisco Javier y cartas del tarot sobre la mesa. El espantapájaro comenzaría la historia antes de barajar las cartas incluso:
“Mira hija. Te va a costar trabajo pero vas a ser madre. Lo veo, lo veo... Pero vas a tener que poner varias velas. Unas blancas y otras negras. Yo ya me encargo. Parece que va a ser niña... O niño. Buen, eso da igual, a su casa viene. ¿Eres de Sevilla? Ah, sí, nacerá a los pies de la Giralda... ¿Cuántos hijos me dijiste que tenías? ah claro... lo veo, lo veo... Va a ser la octava que tengas. Niño o niña.... lo veo, lo veo...El bautizo rapidito... Claro, me dijiste que así te gustaba... ¿Y del amor? Va a ser muy feliz, lo veo, lo veo...Se casará pronto. Ah, que lo tenías previsto... lo veo lo veo...con alguien muy importante...Lo veo, lo veo...Un rey a palos... qué mejor que ser el rey de su casa... lo veo, lo veo... con nombre raro... lo veo, lo veo...Amadeo o algo así...lo veo, lo veo... tiene rima en consonante...lo veo, lo veo... ¿Cómo? ¿gilipollas yo? ¿A que te pongo una vela negra?”

13.11.08

14 DE NOVIEMBRE. QUIETISMO

1. El quietismo fue un movimiento místico surgido en el siglo XVII en el seno de la Iglesia Católica, especialmente en España, Francia e Italia. Fue propuesto por el sacerdote y místico español Miguel de Molinos en su Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior, publicada en 1675.
Enseñaba la pasividad en la vida espiritual y mística, ensalzando las virtudes de la vida contemplativa. Sostenía que el estado de perfección únicamente podía alcanzarse a través de la abolición de la voluntad: es más probable que Dios hable al alma individual cuando ésta se encuentra en un estado de absoluta quietud, sin razonar ni ejercitar cualquiera de sus facultades, siendo su única función aceptar de un modo pasivo lo que Dios esté dispuesto a conceder.
En 1685 Molinos es apresado por el Santo Oficio, condenado a reclusión perpetua y prohibida su obra por Inocencio XI. Numerosos adeptos cristianos terminaron en las hogueras de la Inquisición. También puede ser denominado molinosismo, debido a Miguel de Molinos (no confundir con el molinismo, enseñanzas de otro teólogo español, Luis de Molina) (Wikipedia).
2. “Un retablo de ánimas existió colocado en la fachada del templo de San Andrés; constituyó el recuerdo de la piadosa costumbre de orar de nuestros antepasados. Refiérese que una noche de mes de noviembre de 1708, al sonar las doce, un hombre apareció en el centro de la “Plaza del cementerio” y, dirigiendo sus miradas hacia el retablo, dio con el pie un fuerte golpe sobre el pavimento, exclamando con alta voz al mismo tiempo:
- Maldecidas sean las almas de todos los cristianos que aquí yacen convertidos en polvo. Extinguidos sean todos los vivos que no profesen las sabias doctrinas de Miguel de Molinos.
Dicho esto, siguió en camino dirigiéndose a la “Costanilla de San Andrés”, hoy calle de Daoiz. Pero al llegar a la puerta de la iglesia que comunica con esta vía, una sombra le interceptó el paso y, con acento amenazador, le dijo:
-Impío... ¿qué ofensa te han hecho los fieles que ya moran en la eternidad?.
El “molinista”, sobrecogido de terror, cayó al suelo atacado por un síncope y así lo encontraron al amanecer del siguiente día. Después no pudo articular una sola palabra, el color de su rostro adquirió un tinte ceniciento, y murió al año justo y a la misma hora de haber cometido semejante sacrilegio”
. (Álvarez Benavides)
3. Una historia irreal y una definición real. Leído en internet y leído en un libro clásico de la bibliografía sevillana. No te cabe duda. Aquí no se mueve nadie. Autocontemplación. Teología local. El quietismo es la doctrina de tu ciudad.


10.11.08

11 DE NOVIEMBRE. DON MARTÍN

Una buena capa todo lo tapa. Era una de las frases preferidas de don Martín, ilustre e íntegro catedrático de, las entonces, enseñanzas medias. Una frase que en el día de su onomástica se repitió a si mismo desde el comienzo de una jornada que estaba dispuesto a celebrar de la mejor manera posible.
Lo de la capa no era un simple dicho. El estricto profesor se vanagloriaba, perdón, se enorgullecía, de pertenecer a la selecta asociación amigos de tan noble prenda.
- Prenda española dotada de elegancia innata –solía decir más a menudo de lo que sus alumnos habrían deseado.
En días especiales, y aquel lo era, la descolgaba del armario y ceremoniosamente se ataviaba con ella. De esa guisa fue a la cita obligada de cada año. Había mucho que ver y, sólo al principio, je, je, je..., mucho que ser visto. Con tal noble porte llegó a la iglesia de San Martín, donde fue saludando a los distinguidos miembros de la asociación y donde asistió a la tradicional misa en honor de su santo patrón. Una liturgia densa y profunda, sí señor. Una ceremonia que siguió con la formalidad que requería el acto mientras dejaba volar su imaginación por cada uno de los tesoros artísticos del lugar.
- Una joya oculta - afirmaba con frecuencia.
Mientras que el afamado orador lanzaba al aire su panegírico sobre el santo patrón, el profesor hizo un recorrido mental por el retablo de Ocampo, por la figura del titular, por las pinturas de Lucente de Corregio, por el dorado de Juan y de Diego de Salcedo...Toda una historia del arte y toda una hagiografía en las escenas de la vida del patrón, sus milagros y la famosa escena de la capa... la que todo lo tapa... Eso pensaba al salir de la dilatada ceremonia. Hubo reparto de saludos, felicitaciones compartidas con otros asociados y una excusa general para salir de allí lo antes posible. Porque don Martín, entre contradicciones internas, había decidido celebrar el día en condiciones. Por eso encaminó sus pasos por Morgado camino de Amor de Dios. Pero no iba a su egregio instituto. De hecho, cruzó a la acera de enfrente. No debía ser reconocido. Para eso iba embozado. Mirando a izquierda y a derecha. Su lugar de trabajo estaba demasiado cerca. Tenía que ser raudo. Decidido, buscó el dinero en la cartera mientras le saludaba el olor a ambientador añejo de la sala de cine. Cine X, por más señas. Doble sesión de títulos impublicables. Sudoroso, miró de nuevo a izquierda y derecha. Entraría rápido. En silencio. Lo rompió un grito desde el edificio de enfrente:
- Mirad a don Martín, el de Historia...¡Guaaaaaarrrrooooo!
Creyó morir de vergüenza. Nunca debió olvidar que en su instituto había nocturno ni que a cada cerdo le llega su Martín...


A José María Escudero, que sabe mucho de San Martín

7.11.08

8 NOVIEMBRE. INDIGESTIÓN (HUESOS DE SANTO)

No tenía solución. Cualquier día del año era bueno. Jartible para unos. Insufrible para otros. Monotemático, o sea, animal de un solo tema...
Ya se lo había dicho a su mamá de pequeño:
- Niño, ¿tú qué quieres ser de mayor?
- Yo de mayor nada mamá, sólo Semana Santa...
Por eso, aquella reunión, tras la misa por los hermanos difuntos de la hermandad, fue tan sólo la excusa para dar rienda suelta al poeta que llevaba dentro. Corrió la cerveza, el pescaíto y los malditos gintonics. Distensión general en actitudes y en nudos de corbatas. Lengua estropajosa. Inspiración. Y el muchachito que se acuerda de la onomástica y de una de su grandes devociones. Mandó callar. Puso pose Rodríguezbuzoniana. Muy serio, comenzó su pregón:
“Pero como tú ninguna,
porque tú eres la bandera
del candor y de la hambruna
y eres palo de esta tierra
rincón de amor y flacura,
y quieres tocino de cielo,
y quieres pararte en "La Mina",
y de adobo quieres una fuente,
y chuparías sus espinas,
y quieres escalopines,
y quieres cualquier comida,
y quieres pasteles de gloria,
y quieres hasta salchichas,
y eres como Carpanta,
que por comer mataría,
y eres mojama reseca,
y eres palo que no pía.
Por eso a ti,
Caninatallada con toda la prisa
que no te tallaron mollas,
ni te tallaron "domingas",
te hicieron la capitana
de "Anoréxicas Unidas"
te coronaron de esquelas
y te llamaron Canina
y te soltaron los ángeles
para sentarte en tu silla.
Por eso Caninas habrá,
Pero como, tú, ninguna!”

Risas y aplausos generales. Días de difuntos...
Qué mala es una indigestión de huesos de santo...

(Excelente foto, como siempre, de un canónigo llamado Alberico)

3.11.08

4 DE NOVIEMBRE. ESCLAVOS


Sale la palabra esclavo y viene a tu mente una serie de televisión. Sin duda ninguna. Pero tu pelo debe de estar clareando o tus carnes flojeando. Por aquello de la edad. Un esclavo era Kunta Kinte. Lo querían llamar Toby. Las pasaba canutas. Por supuesto, era negro. Y todos llorábamos cuando veíamos la dichosa serie en la tele, la única, la primera, la que había...
La historia de Sevilla tuvo muchos Kunta Kinte. Llegaron a tener cofradía propia. Alguno incluso fue finalmente famoso. Pero, en general, es la historia de una vergüenza para el género humano. Objetos y no personas. En Sevilla fueron miles. Siempre vivieron mal. Y hubo quien se empeñó en que vivieran peor...
“En la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, viernes cuatro días del mes de noviembre de mil y quinientos y sesenta y nueve años, fue vista y leída una ordenanza hecha por los fieles ejecutores de esta ciudad... Es esto que se sigue:
Por cuanto en esta ciudad hay muchos negros y negras, moriscos y moriscas que son esclavos y esclavas cautivas y con las ocasiones que hay en ellas de tabernas y bodegones donde entren a comer y a beber y se emborrachan y hacen mal acondicionados y soberbios, y borrachos y hacen y cometen delitos que todo redunda en daño y perjuicio para sus amos porque gastan toda su hacienda en librarlos de las travesuras y delitos que hacen, y, lo que es peor, como dichos esclavos se hacen tan a vicios e viciosos con la ocasión de las dichas tabernas y bodegones, llegan a tomar a sus dueños dineros y ropas, hasta las mantas de aderezos de los caballos y mulas y lo que hallan en sus casas, y aun se extienden en hacer otros hurtos, todo para comer y beber en las tabernas y bodegones... Y como cosa que toca tanto al bien y por común de la república de esta ciudad y vecinos y moradores de ella... ordenamos y mandamos que ningún tabernero, bodegonero, ni mesonero, ni ventero, ni personas que guisan y dan de comer en esta ciudad y su tierra y jurisdicción, arrabales ni Triana, acojan en sus casas, taberna o bodegones esclavos y esclavas, negros y negras, blancos y blancas, ni les den de comer, ni de beber en ellas pública ni secretamente pan, ni vino, ni carne ni otros mantenimientos algunos...”.

Duras medidas para los esclavos. Sobre todo porque se podían condenar con penas de cárcel, multas, penas de azotes e incluso el destierro de la ciudad. Lees el texto y te vienen a la mente muchas ideas. Un refrán: “Encima de puto, apaleao”. Una idea: el lenguaje políticamente correcto de negros y negras es bien antiguo. Un sentimiento: llorar, no como Kunta Kinte, sino igual que Pancho en la muerte de Chanquete. Una curiosidad: Sevilla era república ya en el XVI. Todavía no existía Ikea.

31.10.08

1 DE NOVIEMBRE. UN LUGAR EN EL MUNDO

Nací hace muchos años. Si mal no recuerdo, era el año 1694, una época en la que esta ciudad era muy diferente a lo que hoy conocemos. Es un pensamiento que me asalta siempre cuando, cada primero de noviembre, llega mi cumpleaños.
Sólo conocí a mi padre. Se llamaba Sebastián Conde. Creo que en su oficio era uno de los mejores de la ciudad. Después de mi parto llegó a ser alguien cotizado. La verdad es que me modeló con todo el cariño del mundo y me dedicó más tiempo que a la mayoría de mis hermanas. Por eso nací con tanta prestancia: ahuecada, recargada de detalles, llena de símbolos, enigmática, airosa, elegante, llena de contrastes... Está feo que yo lo diga pero fui, sin duda, hija de mi tiempo.
Una hermandad me trajo a mi lugar en la ciudad. Un parto hermoso para el mejor lugar. Nada menos que en la calle Sierpes, el centro de mi mundo. Un lugar para quedarse toda una vida. Eso creía yo...
Porque esta ciudad es caprichosa y no sabe dejar las cosas en su lugar. Ya había llegado a mi madurez, pero me conservaba espléndida. Tendría unos treinta y tantos. Y les dio por moverme. Escuché la causa y no pude dar crédito: el cortejo de unos reyes me movía para pasar con mayor facilidad. Unos reyes... Yo, que estaba acostumbrada a ver pasar a las reinas de Sevilla bajo palio y al rey de San Lorenzo que llegó a ser mi vecino... Creo que fue en 1729. Me llevaron a un convento de monjitas cercano. Siempre digo lo de monjitas porque las llamaban mínimas. Nunca supe por qué...
Fue el inicio de mi calvario. En el sentido figurado, porque mi lugar siempre fue ese... Calvario, porque tardaron casi cinco años en devolverme a mi lugar de la calle Sierpes. Hubo quien se dio cuenta de que no llovía porque yo no estaba en mi lugar. Cinco largos años sin ver procesiones... Aunque luego llegó lo mejor. Todas las procesiones tenían que pasar a mi vera. Lo que disfruté... por poco tiempo. Al final del siglo me volvieron a mover. Otro rey con peluca y con cara bobalicona me trasladó allá por 1796. De nuevo el destierro al conventito. Casi veinte años para volver mi lugar... Y lo peor estaba por llegar. Unos reyes de Brasil volvieron a moverme y llegó el triste día en que me hicieron despedirme de Sierpes. Entré en un convento que habían transformado en museo. Noviciado de arte. Alguien de mi porte entre cuadros antiguos. No hay derecho. Se habían empeñado en acabar con mi vida. Y nadie pidió mi opinión...
Lo peor llegó allá por 1920. Me llevaron a un barrio donde me hicieron santa. A mi edad me hicieron crecer. Una condena eterna. Hoy es mi cumpleaños y maldita sean las ganas que tengo de celebración. Seguiré escuchando turistas a mis pies. Típicos tópicos. Para una cruz de cerrajería de mi porte. Merezco un mejor lugar en el mundo...

27.10.08

29 DE OCTUBRE. MANTECA MILAGROSA

“Señor director de El Oriente:
Público y notorio es en esta ciudad que desde hace más de cuatro años venía mi mujer padeciendo una enfermedad que la imposibilitaba por completo el uso de las piernas, pues que desde esa fecha no sólo no podía andar, pero ni aún ponerse en pie. En tan largo periodo se han empleado con ella cuantos recursos tiene la ciencia médica, ente ellos baños de diferentes clases, aguas minerales, en fin, cuanto humanamente hablando puede hacerse, y todo sin conseguir el más pequeño resultado. Testigo de ello es el facultativo de su asistencia, doctor don Joaquín Palacios, y otros facultativos que la han visto en consulta.
En el estado que acabo de describir la dejé el 23 del corriente al ausentarme de esta capital, y figúrese cuál sería mi sorpresa y mi alegría cuando al regresar el 25 por la noche y llegar a mi casa sale a recibirme a la escalera mi mujer, andando perfectamente, como si nunca hubiera dejado de practicarlo, acompañada de multitud de personas de la familia que había acudido a la novedad del suceso. ¿Y, cómo se obró tan rápida curación? El hacerlo público es el único objeto que me mueve a tomar la pluma, pues lo juzgo como un deber en estos tiempos de incredulidad que atravesamos. Sí, lo diré a la faz del mundo entero, sin temor a las descalificaciones de neocatólico, fanático o supersticioso que pueda merecer de los que no crean en Dios o se burlen de los santos. Quien operó cura tan rápida y portentosa fue Dios todopoderoso, por la intercesión del Bendito Patriarca Señor San José, y el hecho tuvo lugar como voy a referirlo.
La tarde del citado día se presentó en esta casa una caritativa y pobre mujer, cuya fe en el santísimo patriarca es extraordinaria, con un poco de manteca blanca, y otra poca de agua común, pasadas ambas por un perolito que un pobre mendigo dio a una señora que habita en la calle de la Carne, asegurándole que cualquiera cosa pasada por él y aplicada a los enfermos en nombre del patriarca, obraría prodigios. Se personó esta mujer diciendo a la mía que quería darle una unción en las piernas para que pudiera andar. La untura fue dada sin resultado pero pasados unos momentos y bebidos que fueron tres sorbos en memoria de Jesús, María y José y rezada una estación al Santo, salió andando con firmeza y, acto seguido, se puso la mantilla y se fue a la iglesia de San Lorenzo a darlas debidas gracias al Señor.
Al llamar milagrosa a esta curación no es mi intento anticiparme al juicio de la iglesia. Cinco días han transcurrido y continúa con sus piernas en buen estado y quien quiera verla se puede pasar por nuestro domicilio en la calle Conde de Barajas 19.
Sevilla 29 de octubre de 1872.
José Pareja y Alba”.
Agua bendita y manteca milagrosa. Los untados siempre han existido...

26.10.08

27 OCTUBRE. FATULO


Uno.En Hispanoamérica, dícese de aquello que no es legítimo o auténtico. Algo obtenido o hecho o formado de forma engañosa”. Ejemplo : "Posee un título fatulo de abogado cuyas credenciales no son avaladas por las casas de estudio reconocidas o legítimamente establecidas" Sinónimos: Falso, Engañoso, Ilegítimo, Fraudulento, Inmoral, Pirata .
Dos. Llegó a Sevilla a finales de octubre de 1748. Se hacía llamar Hércules del Este, y en su tarjeta de presentación un título remarcaba su distinción: príncipe de Módena. “Iba todos los días a misa a San Pablo, cuya comunidad le recibía y despedía con repique de campanas y sonaba el órgano durante la misa: algunos cuerpos le cumplimentaron por sus diputaciones y no se desdeñaba del tratamiento de ilustre que le prodigaban en las arengas. Daba y recibía fiestas, donde las damas eran muy obsequiadas, pues su inclinación al sexo no era tan dudosa como su calidad de príncipe, y llegó a poner a su disposición el asistente un coche donde se paseaba con mucha dignidad y visitaba algunos establecimientos públicos”. Pasados unos días se comprobó, con la lógica vergüenza del asistente, que el supuesto príncipe era un impostor. Fue encerrado en la Torre de Triana y de allí logró escapar disfrazado, refugiándose en el convento de San Pablo. Después de varios enfrentamientos, fue detenido de nuevo y cargado de cadenas, aunque siguió defendiendo su condición de príncipe hasta su expulsión de la ciudad.
Tres. Eme T. Llegó a tener buena consideración social en la Sevilla de finales del siglo XX. Restaurador, historiador del arte, vestidor de imágenes, erudito de agradable conversación y compañía... Quizás las malas compañías, quizás una inclinación natural le llevaron a una vida de mentiras. Engañó a hermandades, convenció a canónigos y a directores de museos, timó a parroquias, falseó facturas, estafó a bancos... Cuando huyó de España, había 75 causas pendientes contra él. De España a Puerto Rico. Allí se hizo pasar por sacerdote y celebró 77 misas, seis bodas, dos bautizos y sabe Dios, cuántas confesiones y cuántas estafas... Detenido y encarcelado por cura fatulo insitió en su condición sacerdotal desde la cárcel, donde consiguió excarcelaciones para 39 pesos y donde ofició misas. Falseando papeles consiguió escapar y, huido, llegó a conceder entrevistas en su refugio de la selva, denunciando la miseria de las cárceles del país. Fue detenido de nuevo y siguió insistiendo en su condición sacerdotal y pidiendo el regreso a su ciudad natal para recopilar “los papeles” que lo demostraran...
Cuatro. No es un tópico. Hay historias que se repiten. Alguien debería escribir un nuevo tomo de Vidas paralelas...

20.10.08

21 DE OCTUBRE. ONCE MIL VÍRGENES

Ni el madero de la cruz de Cristo, ni los cabellos de San Juan Bautista, ni el hierro de la cadena, ni la piedra del sepulcro, ni los pañales del pesebre, ni las cenizas del gallo que cantó cuando Pedro negó a Cristo... A ti las reliquias que te impresionan están en un cofrecito. Enrejadas. Oliendo todo el año a bollitos. Bollitos del convento de Santa Inés...
Cuando entras al convento de franciscanas no puedes fijar la atención en otro sitio. Mira que por allí anda el fantasma de Maese Pérez, el drama de María Coronel, el cordón de San Blas, la prisa de San Expedito o la belleza de sus retablos barrocos. Nada de nada. Entras y te atrae la dichosa cajita metida en una reja. Clausura hasta en los huesos. O las cenizas. O lo que quede...
Un pulcro letrero lo recuerda: reliquia de las once mil vírgenes. Un historia que siempre te llamó la atención. Cuenta la leyenda que la bretorromana llamada Úrsula u Orsola ("pequeña osa", del latín) se convirtió al cristianismo y prometió guardar su virginidad. Fíjate si hace tiempo de aquello. Pretendida por un príncipe bretón de nombre Ereo, decidió peregrinar a Roma y así consagrar sus votos, algo que consiguió ante el Papa Ciriaco.
De regreso, fue sorprendida en Colonia por el ataque de Atila, el rey de los hunos. Corría el año 451. Como no podía ser menos, el rey bárbaro se enamoró de ella, pero Úrsula se resistió y, junto a otras doncellas que se negaron a entregarse a los apetitos sexuales de los bárbaros, fue martirizada.
En el lugar del martirio, Clematius, un ciudadano de rango senatorial que vivía en Colonia erigió una basílica dedicada a las once mil vírgenes, entre ellas Úrsula. En la inscripción de dedicación de este edificio se nombra a las otras doncellas (Aurelia, Brítula, Cordola, Cunegonda, Cunera, Pinnosa, Saturnina, Paladia y Odialia de Britannia), de las cuales una se llamaba Undecimilla ( "la pequeña undécima", en latín), de donde parece derivarse la idea errónea de que las compañeras de martirio de Úrsula fueran once mil. La cuestión es que sus reliquias fueron repartidas por toda Europa. Y Sevilla no iba a quedarse sin su correspondiente porción... Cuenta el Abad Gordillo que se les hacían unas misas y se guardaban unas velas con las que se aguardaba la llegada de la agonía final, momento en el que se encendían e indicaban, nada más y nada menos, el tiempo que le quedaba al enfermo de vida... Hasta la Iglesia declaró supersticiosa la costumbre e instituyó el culto a las vírgenes el día 21 de octubre en todos los lugares donde se conservara alguno de sus restos.
Historias para recordar delante de una cajita enrejada. En Santa Inés.
¿Hubo alguna vez once mil vírgenes juntas?

17.10.08

19 DE OCTUBRE. EL SEXTO

Si fuera en una corrida, con perdón, el sexto es el último de la tarde. Quien aguante... Si fuera un mandamiento católico estaríamos hablando de no cometer actos impuros. Otras iglesias colocan en ese lugar aquello de no matarás. Quien piense en otra cosa verá lo de llegar al sexto como una fanfarronada imposible. Nada viene al caso. En general, el sexto suele venir tras el quinto, que también dice el refrán que no lo hay malo. Será...
Sevilla, 19 de octubre de 1603. Hubo quien llegó al sexto... monasterio fundado en Sevilla. Los hijos Santo Domingo de Guzmán, conocidos como dominicos, predicadores, domini canis o perros del Señor, que para todo hay sus opiniones, daban licencia para fundar la sexta casa de la orden en Sevilla. Ya existía el convento de San Pablo (hoy iglesia de la Magdalena), el de Santo Domingo de Portaceli (recordado hoy solamente por el colegio jesuita de su nombre), el colegio de Santo Tomás ( en la calle de su nombre junto al Archivo de Indias), Regina (en la calle de su nombre) y el de Montesión (que acoge hoy documentos notariales en plena calle Feria). Un número extraordinario de fundaciones que se podría completar con otra larga lista de conventos femeninos de los que sólo se conserva el de Madre de Dios.
El sitio elegido en octubre de 1603 era cercano al hospital de San Lázaro. El patrono fundado, don Salvador de Brun. El titular elegido, San Jacinto. Aunque no se asentó hasta 1623, ya por entonces se consideró un lugar poco salubre... Y eso que no había llegado el Vacie. La cuestión es que el convento, tras un acuerdo con la hermandad trianera de la Candelaria, fue trasladado, ya en la segunda mitad de siglo, a su lugar actual. Allí comenzaría a construirse una espectacular iglesia con las formas barrocas de los Figueroa. Su historia posterior es la habitual de muchos conventos: fue cuartel de los invasores franceses y hospital en el Trienio Liberal. Con la desamortización, los dominicos perdieron todas sus posesiones en Sevilla. De seis a nada. Escuelas municipales y otros usos. La espectacular iglesia se salvó. En 1906, los dominicos volvieron a la ciudad y desde entonces habitan el convento que dio nombre a una de las calles principales de Triana. Entonces comenzó el lento exilio de las cofradías del templo. A pesar del despoblamiento, sigue siendo una iglesia de enorme interés artístico, tanto en su arquitectura como en su barroco principal. Una iglesia, en general, poco conocida. El único edificio que les quedó a los dominicos hasta que las dominicas de San Vicente fueron sustituidas por dominicos. Adiós a la paridad...
En muchas ocasiones basta con uno de calidad...

13.10.08

14 DE OCTUBRE. ILUSIÓN

Usaba cuello duro y pajarita impecable. La perfección reinaba en las curvas de su atusado bigote y en las palabras que pronunció ante el auditorio. En el aire flotaba todavía el ideal del vicepresidente: “nuestra norma es la disciplina, nuestro ideal la victoria; nuestra aspiración, la fortaleza, y la admiración de los demás, nuestro premio”. Octubre de 1905. Cena en el pasaje Oriente. José Luis Gallego, cuello duro y pajarita, lanzaba al aire el lema de una ilusión: “Todos los hombres de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas tendrán aquí cabida”. Nacía un listado que pudiera llegar a eterno. La internacionalidad de Spencer, la raza de Campanal, la seguridad de Eizaguire, la clase de un Arza, los andares de un “pato” llamado Araujo, las miras internacionales de un Antúnez, la rapidez de unos Stukas, la inteligencia de un Ramón Sánchez Pizjuán, la contundencia de un Rodríguez, el pundonor de un Hita y de un Lora, el corazón de un Berruezo y de un Antonio Puerta, el exotismo de un Alhaj Momodo Nijé, perdón, Biri Biri; la fortaleza de un Scotta o de un Olsen, el señorío de un Muñoz, la entrega de un Nimo, de un Rubio o de un Blanco; las ocurrencias de un Yiyi, el sentimiento de un Cardo, la clase de un Álvarez, la garra de un Bertoni, la maestría de un Francisco, el recorte de un Moisés, la elegancia de un Montero, la garra de un Polster, las cantadas de un Dassaev, el salto de un Zamorano, el regate de un Suker, la rabia de un Caparrós y de un Jiménez, el estilo de un Tsartas, la inteligencia de un león de San Fernando, la grandeza de un primer Juande, la elegancia de un Kanouté y de un Maresca, la velocidad de un Alves, el remate de un Luis Fabiano, la velocidad de un Navas, la grandeza de un portero que mete goles, las carreras de un Pepe Butragueño fuera del campo, la ilusión de un Manolo Patolín y de una tía que podía cantar alineaciones; el regate imposible de un Benjamín y de sus benjamines, la savia renovada de tus compañeros de asiento, de Juan y de Juanillo, de Jesús y de Pablo, del que grita y del que calla; de los que llevan años compartiendo ilusiones y a los que no hay ni que mencionar, de los que vieron finales y de los que les llegó el final antes de verlas; de Maribel y de Gloria, de un José todavía con diminutivo que sintió los colores hasta en una isla lejana; de un Pepe de profesión cura a un Ricardo economista en los ratos libres que su pasión permite... Nombres conocidos y desconocidos, de ayer, de hoy y de mañana. Llevas tu lista junto a tu corazón rojiblanco. Un lista interminable. Todos tienen aquí cabida. Todos entran en una ilusión. Lenguas antiguas te contaron que nació un catorce octubre...

10.10.08

10 DE OCTUBRE. LA ÚLTIMA PIEDRA


Cuando llegó el momento, todo estaba preparado. Muchos años de espera llegaban a su fin. Unos locos se habían propuesto hacer la mayor catedral del mundo. Aquel 10 de octubre de 1506 la iban a terminar.
Eran las once de la mañana. La ceremonia iba a comenzar. En el crucero, en el centro justo de la catedral, se levantaba un enorme cimborrio, una torre repleta de esculturas y de azulejos verdes y blancos. Allí se colocaría la última piedra, después de cien años de trabajo. Por fin se iba a terminar la catedral de Sevilla.
En las alturas, sobre las bóvedas góticas, se reunió la alta sociedad sevillana. Allí estaba, revestido, el deán de la catedral, con una capa que desafiaba al sol de octubre. Junto a él don Juan de Guzmán, el duque de Medina Sidonia. También acudió al acto don Fadrique Enríquez de Ribera, el marqués de Tarifa, que marcaba las modas de la ciudad desde su palacio de la Casa de Pilatos. Pero quien más disfrutó del acto fue Alonso Rodríguez, el maestro mayor de obras. Estaba achacoso, enfermo. Unos meses antes incluso llegó a hacer testamento, pensando que no vería terminar su obra. Los canónigos llegaron a donarle una sepultura en el patio de los Naranjos para que descansara eternamente junto a la Catedral más grande del mundo conocido, la Magna Hispalensis. Pero Dios le concedió llegar a aquel día. Y el maestro pudo ver una ceremonia solemne, con cantos sobre las bóvedas de piedra, con majestuosidad sobre la montaña hueca. Desde las alturas se podía contemplar la obra. La Giralda, todavía musulmana, era el testigo más alto. Pináculos, arbotantes, bóvedas, marcas de cantero, vidrieras de colores... hasta las gárgolas monstruosas parecían contemplar la escena. Serían las doce de aquel día de octubre de 1506 cuando llegó el momento El deán impartió las últimas bendiciones y dos obreros portaron la piedra, la última piedra. Era el fin de las obras de la catedral. Y todas las esculturas del cimborrio, aquella enorme torre, parecieron felices aquel día de octubre de 1506.
Pero la historia de la catedral no terminó allí. La desgracia llegó cinco años más tarde. En diciembre de 1511, aquella enorme torre se hundió por completo. Se perdieron pináculos, azulejos y esculturas. Todo escombros. Sólo se salvo una imagen de Santiago el Menor que hizo Pedro Millán. Alguien la colocó en la capilla de San Hermenegildo. Desde allí ha visto ceremonias, más hundimientos y obras, muchas obras.
Quinientos años después sigue viviendo en su catedral. Dicen algunos que en días como hoy se le nota inquietud en la cara. Algunos lo ven sonreír cuando alguien comenta aquello de “anda hijo, que vas a durar más que las obras de la catedral...”.

6.10.08

7 DE OCTUBRE. ROSARIO DE LOS PAJARITOS

Con su permiso, hoy vamos a hacer una invitación. Vamos a citar a David Beckham, a Madonna, a Haze, a David Bisbal e incluso a David Bustamante. Y a su vecino del quinto, el modernito discotequero. Y a muchos más.
Nos vamos a ir a Los Pajaritos. Invitaremos a muchos niños y jóvenes que en los últimos tiempos llaman a la puerta del convento del barrio para pedir algo. Un colgante que llevan sus ídolos. Cuando llaman a la puerta del convento-guardería piden con interés:
- Oiga. ¿Me podría dar un Rosario?
- ¿Para qué?
- Para qué va a ser... Para colgármelo al cuello, como el Bisbal...
A todos juntos, famosos y no famosos, los vamos a llevar a la parroquia de la Magdalena de Sevilla. Les contaremos que era un antiguo convento dominico y que la parroquia estaba antiguamente en la del Pacífico. Bueno, para que nos entiendan, les diríamos que estaba junto a El Corte Inglés del hogar, en la plaza donde se ponen los tenderetes. La parroquia desapareció en el siglo XIX y pasó al convento dominico de San Pablo. Allí los llevaremos. Atravesaremos por la plaza donde antiguamente estaba el compás del convento. Entraremos a la iglesia. En una de sus puertas está representado Santo Domingo de Guzmán, uno de los primeros a los que les dio por seguir la moda del rosario, aunque él imitó a otro, a San Simón Stock. De esto hace unos ochocientos años. Aunque el rosario entonces era otra cosa...
Sentaremos a nuestros invitados en los bancos del templo, a pesar de todo, una de las iglesias desconocidas de Sevilla. Allí está la Virgen de la Antigua y Siete Dolores, algo así como la Macarena del siglo XVII. Allí está el escudo de la Inquisición, sobre sus cabezas. Allí están los condenados de la Inquisición con su sambenito puesto y esperando en los muros la celebración del auto de fe. Pero nosotros hemos llevado a nuestros invitados a hablarles de ese colgante que usan como adorno. Blanco, negro, traslúcido, de Fátima, del Papa...qué les importa. Les contaremos que el rosario que portan le fue dado a San Simón por la misma Virgen. Desde el siglo XIII lo difunden los dominicos. Pero también hay un rosario hindú, que simboliza la unidad de todo lo existente. O un rosario musulmán, con 99 cuentas, las de los nombres divinos, aunque la que hace la número 100 no se cuente. Para no cansarlos los sentaremos. Les enseñaremos una pintura en el muro, obra de Lucas Valdés. Con muchos barcos. Representa la batalla de Lepanto. Quizás a alguno le suene. Una batalla contra los turcos en 1571. En ella, Miguel de Cervantes, autor de algún libro importante, acabó con un brazo maltrecho. Fue el día 7 de octubre de 1571. Dicen que la Virgen del Rosario ayudó en la victoria final. Por eso el Papa Pío V instituyó la fiesta del Rosario. Sí la del rosario que les cuelga del cuello.
No les cansaremos más. Quizás sea un público demasiado variado. Dominicos, Vírgenes, rosarios, historias, batallas... demasiados datos para explicar un colgante. Y no es nuestra intención que reunión tan variopinta acabe a farolazos... como un rosario de la aurora.

2.10.08

3 DE OCTUBRE. SER O NO SER

Siempre pensaste que Sevilla era mujer. Incluso la viste representada como una matrona, con el cartelito que la identificaba a los pies. No recuerdas muy bien dónde, quizás fuera en un palacio de un lugar llamado El Viso del Marqués. Sevilla como una matrona clásica, con su aire de inmortalidad y con todas sus contradicciones...
No sabes por qué, pero así fueron tus pensamientos al ver el santo del almanaque. Francisco de Borja. El Borgia de los italianos. El de la iglesia de San Luis. El de Duque Cornejo. Uno que no era duque que hizo una imagen de otro que sí lo fue. Está en la iglesia de San Luis. Vestido de jesuita entre espejos y laminitas que no gustaban a los ilustrados. Pero el sí lo fue. Duque de Gandía. Cocinero antes que fraile. Nada menos que duque y gobernador de tierras catalanas. Ahora en Sevilla y con rey francés. Enviudó y pensó entrar en la Compañía de Jesús. Un bombazo para la época. Tanto que Ignacio de Loyola le dijo que “el mundo no estaba preparado para ese estruendo”. En San Luis, Loyola es más pequeño que Borja. Por eso se tuvo que preparar. Francisco y el mundo. Lo pagano y lo terreno. Cuando entró en la orden del Nombre de Dios tuvo que despojarse de las vanidades del mundo. Como en un cuadro barroco. Como en la iglesia de los novicios jesuitas de la antigua calle Real. Real de San Luis. Como el rey de Francia. Allí está el santo del día con una calavera en la mano. Ya había adelgazado de su antigua gordura. El santo, no la calavera. Dicen que aquella canina correspondió al rostro de la emperatriz más bella. Se llamaba Isabel. Era de Portugal. Casó con todo un emperador en la ciudad de tu almanaque. Nacía la ciudad de las bodas reales. Renacimiento pleno. Pero todo termina en la vida. La belleza incluso antes. El antiguo duque jesuita fue el encargado de contemplar el rostro de la belleza descarnada. Memento homo quia pulvis es. Ya lo dijo Ignacio: “¿De qué le servía al hombre ganar el mundo?”. El alma en otro lugar. Francisco delante de la calavera. Hamlet sevillano. Ser o no ser. No sabes por qué, pero has pensado en tu ciudad. Roma triunfante o rincón de olvido. Del orbe la octava maravilla o rima ripiosa. Grandeza o miseria. Ser o no ser. Globo sin fin o fin de la Tierra. Lugar donde todo es necesidad o donde nadie la tiene. Lugar de necesidades o lugar necesario. Tradición o modernidad. El ombligo del mundo. La tantálica condena a la destrucción. La belleza marchita. Polvo, cenizas corrupción y gusanos. El rostro de una mujer a la que Francisco de Borja prometió nunca más servir. Porque moría. Hamlet sevillano. Ser o no ser. En San Luis de los Franceses has pesando que quizás tu ciudad sea mujer... Bella... Su historia está en los huesos...


A Regla y Antonio, grandes sevillanos y mejores amigos.

29.9.08

30 DE SEPTIEMBRE. ORO AL PESO

“Todo comenzó aquella mañana del 30 de septiembre de 1958 con el descubrimiento casual del tesoro del Carambolo. Como en aquella época yo era catedrático de Prehistoria e Historia de España Antigua y Media en la Universidad de Sevilla, y delegado de zona del Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas, fui convocado con otros arqueólogos sevillanos en las oficinas de un Banco, cuyo secretario lo era también de la Sociedad del Tiro de Pichón, en cuyas instalaciones se había descubierto el tesoro. Cuando en aquella tarde memorable tuve en mis manos aquellas joyas, con el deslumbramiento correspondiente, mientras mis colegas tanteaban todas las hipótesis posibles para su clasificación (visigodas, bizantinas, precolombinas, musulmanas), yo fui rebatiéndolas una por una; para terminar afirmando que eran tartésicas. Fue, sobre todo, un acto de intuición. El análisis que iba haciendo de todos sus caracteres y circunstancias me convenció muy pronto de que eran indígenas y del segundo cuarto del milenio (750-500) primero antes de Cristo... Cuando los señores del Tiro de Pichón nos llevaron al lugar del hallazgo, yo les pedí permiso para emprender su excavación... Esta excavación puso al descubierto las ruinas, calcinadas por un incendio, de una gran cabaña oblonga, de unos metros de eje mayor por unos 4,5 de eje menor, sin cimientos aparentes, cuyas paredes debieron ser varetas o cañas, sujetas con unas pellas de barro que al cocerse con el fuego conservaron sus nítidas imprimaciones. Pudieron emplearse también adobes que el calor del incendio fundió. El expolio de la excavación consistió principalmente en una cantidad prodigiosa de cerámicas, todas fragmentadas, en las que al cabo de una paciente y minuciosa clasificación pudimos ver hasta veinte variedades. Ni una sola pieza completa. El resto del ajuar fueron dos puntas de flecha de cobre, algunas barritas de punta aguda que pudieron ser puntas de fíbulas, tres molinos de manos de piedra, con base arqueriforme, huesos de animales, conchas de almejas y una especie de cuchara de barro cocido, con ranuras cruzadas en el lado cóncavo, de tipo eneolítico...”
Con la emoción propia del momento, así hablaba el profesor Juan de Mata Carriazo del descubrimiento del Carambolo. Un tesoro singular en las manos de un arqueólogo singular que llegaría a dar nombre a otro bronce tartésico descubierto en el mercadillo del jueves. Piezas de oro viejo de una cultura llena de misterios. De importancia fundamental en nuestra historia. Salvo algún alcalde despistado, no hay quien las vea... ni las toque. Las guarda un banco y sólo vemos una copia en el museo.
Oro viejo de Tartessos en una caja fuerte. Empeñado. En tiempo de crisis... Si Argantonio levantara la cabeza...

25.9.08

26 SEPTIEMBRE. REFUNDACIÓN


Se sentía joven y con ganas de pasar a la historia. Recordaba que unos jóvenes como él refundaron la antigua cofradía de la Bofetá. Habían leído un libro de esos clásicos sobre la Semana Santa que todo el mundo tiene, que todo el mundo cita y que nadie lee. Por eso, delante de aquella imagen dejaba volar la imaginación. Ejercicio libre y barato. En el silencio del antiguo convento dominico, acudía a verla casi a diario. Había otras imágenes: del Amparo, de las Fiebres, del Carmen... Unas más conocidas y otras menos. Pero a él le interesaba la más olvidada. Decían que era de Pedro Roldán. De la primera época. Era de talla completa y con ciertos aires castellanos. En sus manos entrelazadas y en su mirada hacia el cielo recordaba su antigua historia. Fue la titular de la más noble cofradía de la ciudad, la más rica, la más devota. Pero la historia era así. De su patrimonio apenas quedaba un palio por aquí, la imagen de un Cristo por allá. Detallitos de esos que sólo sirven para los concursos de cultura cofrade. Poco más. Y la Virgen de las manos entrecruzadas en un rincón perdido, acumulando polvo y olvido. Hasta que el joven, sin más armas que su valor, decidió ponerse manos a la obra. Obras son amores, que no buenas razones... Habló con otros amigos y decidieron que pasarían a la historia. Sí señor. Aquella antigua imagen lo merecía. Pensó en la entrevista. La preparó. Eligió el vestuario. Vestido casi de Domingo de Ramos se presentó ante el párroco. Su sotana todavía lo situaba en unos tiempos más pretéritos que los de la antigua hermandad, casi con los mismos títulos y con la misma historia. No se anduvo con rodeos, pues el cura no era hombre de florituras. Armado de valor le dijo el motivo de su visita:
- Es nuestra intención volver a refundar la hermandad.
El gesto de seriedad del párroco lo dijo todo. Unos segundos eternos de silencio y la negativa. Silencio maestrante o de antiguos primitivos. A continuación, la respuesta. Negativa. Una auténtica homilía. Como había pasado el tiempo de los melones, llegó el tiempo de los sermones. Un discurso en tono negativo en el que mandaba la audacia del joven más allá del Cerro del Águila. Pero el joven no se achantó ante la negativa. Torres más altas habían caído. Sobre todo en una ciudad acostumbrada a los derribos de Pavón. Su respuesta fue memorable:
- Pues sepa usted que, por ley de vida, se va a morir antes que yo. Y yo voy a ver refundada esta hermandad.
Años más tarde el párroco falleció. No sabemos que sorpresa nos deparará la ley de vida de la Semana Santa...