27.1.09

27 DE ENERO. FARFÁN

Pasaba la vida. Las ilusiones, los sueños. Pasaba la vida. La que el siglo anterior había comenzado en pleno barrio de San Bernardo. Calle Competencia, la antigua de los Ocho Hornos. Pasan la vida y pasan los nombres. Hoy es calle Marqués de Estella.
Pasaba su historia por delante de sus ojos. Su historia y también la Historia con mayúsculas. Como la Guerra de Cuba que le tocó vivir y las miserias pasadas en las campañas de África. El deber cumplido y el cumplimiento del deber de un soldado a la vieja usanza, con su galones y su botonadura dorada. El brillo viejo de San Bernardo en una tarde de miércoles Santo. La recordó aquella noche desde el mirador de San Juan de Aznalfarache. Era el mediodía de un día de enero de 1944. Sevilla todavía en sepia. El viejo militar como un diablo Cojuelo sobrevolando las glorias pasadas. Militares y musicales. Porque la suya fue una gloria musical. En sus manos, la gloria. Cuando le pasaba la vida recordó su lejano oficio de sastre y cómo después enhebró las agujas más finas de los pentagramas musicales. Todo ccomenzó en el hogar de San Fernando con don Manuel, el Font menos famoso que sería padre del padre de la más dulce Amargura. De Sevilla a Córdoba. Pasaba la vida. Pasaban los años. En la ciudad de los califas se convirtió en músico de segunda estudiando con el maestro de capilla Gómez Navarro. Pero él era de primera. Al volver de Melilla consiguió el ansiado título. Título para una realidad. Casi al final del siglo anterior volvió a Sevilla. Nueva banda, la del Cuartel del Carmen de Baños. Aires de cofradías y aires de viejos monjes exclaustrados. Viajó por toda España, pero casi veinte años después pudo volver a Sevilla. De Sevilla a Soria. Soria 9, claro. Años veinte. Sus mejores años. Los del regionalismo y los del costumbrismo. Los de su Semana Santa. La de Farfán. La que nació pasando. Pasando los Campanilleros. Siete Palabras en una cruz. Muchas más detrás de un manto bordado. Un músico que ponía fin a la más bella melodía. Pasaron campanilleros y pasó la Estrella Sublime, y la Virgen de las Lágrimas, y la Esperanza de Triana y el Amor de Cristo, y el Refugio de María. Refugio de pecadores. Su pecado fue la hermosura y el amor por una mujer imposible. La llamaban Sevilla. Cuando pasaba su vida por delante la contempló por última vez. Ritmo de tambor en su corazón. Un día de enero. Aires lejanos de pasodoble a Pepe Luis. Pasaba la vida. Pasaba Sevilla. En el Arco de la Macarena y en la Puerta de la Carne. Un tambor que dejó de sonar. Como un corazón. Moría López Farfán. Campanilleros por la laguna Estigia. Pasaba la vida. Pasaba la luz. Pasaba la gracia. Lloraba la Madre de Dios...

5 comentarios:

Juanma dijo...

Hermosísimo, Manuel Jesús, de llorar un poquito...

Un abrazo.

Pepe Luis dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pepe Luis dijo...

Esperaba ansisoso,querido Profesor, este día en el Almanaque, pues esta entrada une tres pasiones, Farfán, San Bernardo y Pepe Luis.
Gracias por esa dedicatoria en el Almanaque "de papel", ese que como dijo Paco Robles, tiene alma, en este día a este modesto novillero de la vida.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Un final de antología. Campanilleros de la laguna Estigia

Zapateiro dijo...

¡Olé los buenos músicos! Ojalá tomaran nota muchos ahora.

Un saludo.