10.12.09

10 DICIEMBRE. EL INDIO

Nadie sabía tu nombre, pero estoy seguro de que todo el mundo te conocía. Por lo menos te habían visto alguna vez: en la Avenida, en Sierpes, en Bellavista, en el polígono, en las Tres Mil; en una manifestación, en un campo de fútbol... Aparecías en cualquier sitio y siempre con la misma pinta: semidesnudo, con el pelo rapado al cero, con tu cresta, con tus collares, con tus plumas y, sobre todo, con tu arco. Nadie sabía tu nombre, pero todos te habían visto: eras el indio, el indio de las Tres Mil.

Alguien nos contó que te llamabas Ángel de la Rosa, aunque creo que eso era una anécdota, que más te pegaba llamarte pies negros o Toro Sentado. O mejor toro andador que siempre te vimos andando. Supongo que no siempre fuiste así. Nos dijeron que habías llegado a cabo en la Legión, pero que lo dejaste porque no te gustaba eso de las peleas. Y es que, a pesar de tus plumas y tus pinturas, siempre fuiste un indio muy pacífico.

¡Quién lo iba a decir! Estuviste casado por la iglesia y todo pero tu mujer te dejó. Y por el mundo andan dos hijos que llevan tu sangre de tribu americana, en una ciudad que te veía pasar de un territorio a otro.

A mí me parece que llegaste a convertirte en un personaje unido a la ciudad. Con su aureola popular. Todo empezó con la película de las Tres Mil. Allí diste el salto a la fama. Tú que habías vivido debajo de un puente; tú que comías de lo que te daban; tú que habías luchado contra el infierno de la droga... Te hiciste famoso de la noche a la mañana. Y estabas en todos sitios. Yo veía tu cresta de indio y me acordaba de Zelig, un personaje de Woody Allen que estaba en todas partes. Como tú. En un barrio, en el centro, en la tele, en una manifestación, dándole la mano al rey... Eras algo así como Antoñito Procesiones o Vicente el del canasto o Pepe Butragueño, nombres de una ciudad única en crear personajes como tú.

Me dicen que fuiste un gran pacifista, que lo tuyo era sólo apariencia, que te disfrazabas de indio sólo porque te gustaba. Quizás tu territorio no fuera este, cada día más lleno de cuatreros. La cuestión es que no dejaste hace unos años en estos días de diciembre: el frío pudo contigo. Tu que decías que sólo te resfriabas cuando te ponías un chaleco... Te encontraron como siempre: semidesnudo, con tu cresta y tus pinturas, con el frío de la noche como techo infinito de tu tienda.

Dicen que en estos días a tu hermano de Kansas City se le ve más solitario y triste que nunca. Es normal, nos dejó el indio de Sevilla, el de las Tres Mil. Aunque uno piensa que sin plumas, con corbata y con chaqueta, en esta ciudad son muchos los que cada día siguen haciendo el indio.




4 comentarios:

NATURAL DE SEVILLA dijo...

Canción triste de "las tres mil"...ay, profesor, mi profesor. Felicidades.

dama dijo...

Era de mi barrio, del polígono de San Pablo, al menos, antes de ser conocido, siempre estaba por la Soleá.
Cierto amigo mío al cual le gusta mucho la guasa, me envió, vía SMS, el pasado Domingo de Ramos un trozo de poesía cofrade con mucha gracia. Tiene poco que ver con el indio humano, pero mucho con el de kansas City. No sé si escribirla porque no quiero que nadie se pueda ofender, que en estas cosas de las cofradías también hay mucha gente haciendo el indio...

desnuda en otoño dijo...

EStimado "rascaviejas",una gran de finicion para tantos indios como hay por el mundo. felices fiestas,..

Kike dijo...

Todo el mundo lo conocia, nunca pense que se le podia dedicar un articulo tan bueno a un personaje por la red, felicidades