15.12.09

UN RETRATO MOLESTO (el artículo que no me dejaron publicar)

Puedo entender que no guste: la verdad es que no posé con la mejor de las posturas, ni puse el mejor de los perfiles. Son otros tiempos... Y en la época del Tuenti hubiera estado mejor que saliera mirando a la cámara con mis mejores galas para salir de botellona, o que mirara de refilón el espejo del cuarto de baño mientras ponía pose provocadora. Y mira que yo tuve fama de provocador, no me tragaban los politicuchos que mandaban, ni los banqueros que se trincaban todo el dinero y dejaban a la gente en la peor de las crisis, ni los leguleyos que puteaban a la gente acusándolos como si fueran la prensa rosa de hoy. Con todos me peleé. Acumulé partes de disciplina para que me echaran de todas las escuelas. Por eso no tuve más remedio que enseñar en la calle. Y lo más curioso es que la gente me atendió, creo que supe trasmitir algún concepto, algunos procedimientos y muchas actitudes... En las teorías siempre creí poco, que ya estaba hasta los mismos de tanta teoría, pero creo que supe enseñar procedimientos para ser más feliz y actitudes para que el mundo fuera mejor. Hice mis adaptaciones y tuve alumnado diverso pero todo el mundo salió con el título. Quizás es que hubiera poco que aprender, cositas básicas: que somos iguales, que hay que coeducar, que no hay que discriminar a la mujer ni a los negros, ni a los gitanos, ni a nadie ¡qué cojones!; que hay que compartir, que no hay que acumular tanta mierda que no nos sirve, que hay que hacer más el amor y joder menos... algo muy simple. Mis alumnos hicieron un aprendizaje significativo y hasta lo pusieron en práctica. Luego llegarían los que impondrían y los que cambiarían mis palabras... Lo malo es que después de muchos destinos, de muchos recorridos por muchas plazas, hubo quien no siguió mi programación... Y eso que era flexible, diversa y adaptada a muchos niveles. No sé, quizás fallé en algún papeleo, quizás enseñé demasiado a pensar, quizás dejé demasiado libres a mis alumnos... Los todopoderosos no me lo perdonaron. Nunca el poder creyó en la libertad. Por eso acabaron conmigo. Por eso acabaron haciéndome aquel retrato. Ya, ya sé que no salgo nada bien en él: se me nota el cansancio, las ojeras, las cruces que tuve que soportar... Y encima salgo casi en pelotas. Ya, ya sé que eso no tiene importancia, que ahora en las clases los estudiantes y las “estudiantas” enseñan sus tangas y sus calzoncillos y no pasa nada. Pues claro que no pasa nada. Pero es que en mi retrato salgo feo... Y yo comprendo que no hay que imponer, que lo último que yo quise fue imponer algo y mucho menos obligar a que creyeran en mis clases. Lo entiendo perfectamente. Ni el fotochó puede arreglarme: tan sucio, en pelotas, colgado en una cruz de madera. Comprendo perfectamente que quiten mi retrato... Aunque, si he de ser sincero, espero que conserven mi retrato de infancia. Allí estaba guapo, con mis padres, con una mula y con un buey apestoso que pasaban por allí... Quién sabe: igual algún día dicen que un niño desnudo entre pajas es pornografía infantil...



17 comentarios:

Zapateiro dijo...

A sus pies, con rotundidad.

Saludos.

Juanma dijo...

Tremendo el artículo. Tan estremecedor como genial. Me rindo ante esto. Amén.

Un fuerte abrazo.

Fran Silva dijo...

Grande entre los grandes, MAGNIFICO...

Diego Romero dijo...

Con la de cosas que sobran y faltan en las escuelas... ¿verdad, profesor?

FELIZ NAVIDAD.

José Enrique Sánchez Martínez dijo...

gran Artículo...

Feliz Navidad.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Estoy seguro que así es como se expresaba el Maestro y que te has limitado a ser la mano ejecutora.
Felicidades por la entrada; maravillosa y digna de publicar en cualquier medio.
Saludos

Edward dijo...

Ni una coma que añadir. Con la rotundidad con la que es necesaria decir las cosas.

Felices Pascuas

NATURAL DE SEVILLA dijo...

no sé se el poder no reconoce a la libertad, pero la libertad, tiene una jartá de poder, -que no- aunque a ese hombre lo hayan mandao al paro por curpa de la crisis. Ay, profesor...

El callejón de los negros dijo...

Muy bueno el artículo y su forma. No se le puede poner reparos...

De todas formas, las aulas mejor sin crucifijos.

Antonio

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

A la gente le molesta lo que es diferente, lo que no le inspira admiración, lo que no entiende. Y en su afán de agradar a aquellos que los apoyan, los políticos toman medidas escuchando a la parte de las masas que les conviene. Todo es una estrategia para ver qué es lo que queda bien de cara a los que parece que no saben leer o pensar por sí mismos, todo depende de las medallitas que se convenga colgarse en ese momento. No es que crea necesario un crucifijo en cada clase, ni una foto de los reyes. Es que creo que las cosas son más simples que todo esto, que cada uno ha de creer en lo que quiera y que lo demás es... decoración. Lo más importante es evitar las persecusiones de la gente por sus creencias, por su forma de ver la vida, por su aspecto, por el tamaño de su bolsillo, por su idelogía política. Lo que me ofende de todo este tema, es como siempre, la dictadura de las minorías. La educación debe estar totalmente aparte de ideologías y caprichos del partido de turno que gobierne. Está en juego la libertad y el futuro de nuestros hijos.

Magnífico artículo el suyo.

Feliz año nuevo.

pregonero_de_sevilla dijo...

Cumbre.

Antonio dijo...

Le diríamos que su artículo nos ha sorprendido, pero lamentamos decirle que una vez más no lo ha hecho, porque está al nivel al que nos tiene acostumbrados: sensacional. En cualquier caso, comparto la opinión de otro participante: las aulas, mejor sin crucifijos. Como dijo el pasado domingo el sacerdote en la Capilla del Carmen (Cruz del Rodeo, ya sabe Vd....): ¿Cuantos crucifijos cuelgan de las paredes de nuestras casas?

La gata Roma dijo...

A veces me pregunto que diría Él si viera el circo que montan los que dicen hablar en su nombre, diciendo barbaridades que seguro Él nunca habría dicho. Quien crea de verdad no necesitará un crucifijo encima de la pizarra, quien no crea en él no debe pensar que se lo quieren imponer. No es mi religión, ni mi Dios o su Hijo el que se impone con sin razón, quien quiere convencer con argumentos fatalistas y metiendo miedo al personal. Mi Dios tiene los brazos de par en par y la puerta de su casa abierta para quien quiera acercarse. A veces me pregunto cual es la religión de algunos que van con mitras, faldas y a lo loco…

Un abrazo profesor.

Anónimo dijo...

Leído aquí, donde se degusta y se comprende o allí, en un medio donde los lectores estén dispuestos a la buena cocina de las letras y el pensamiento, el artículo que, personalmente te pedí, me parece magnífico.
Era una pena estrenarlo en una revista escolar que muchos celebramos y pocos leen.

dama dijo...

No sé, no sé. Yo sigo viendo el escándalo en los templos llenos de mercaderes.

No obstante, estupendo relato.

Fangyaya dijo...

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