21.5.15

LA NIÑA DE LOS PEINES




Nadie cantó como ella la letra del viejo tango “peinate tú con mis peines...”. Nadie la conoció por su nombre, Pastora Pavón Cruz, eterna niña y eterno símbolo del cante de la ciudad.
         Había nacido en febrero del año 1890, en el número 19 de la calle Butrón. Muchos eran los que cantaban en su casa, como sus hermanos Tomás y Arturo, aunque ninguno de ellos hizo del cante su profesión. A los nueve años ya se oía su voz, la voz de la necesidad, en la Taberna de Ceferino, un local de la Puerta Osario. De allí pasó a Madrid, un destino forzoso para triunfar en la España de comienzos del siglo XX. Los éxitos llegaron en el café del Brillante, actuando posteriormente en Bilbao, en una temporada que se alargó acompañada por el éxito. Eran los primeros triunfos de una larga lista: los cafés cantantes de Sevilla, el Circo Price de Madrid, el palacio de Carlos V... Toda una variedad de lugares que demuestran la variedad y la complejidad del flamenco de la España de comienzos de siglo: del café al circo pasando por el palacio. Junto a ella estuvieron los más grandes: Pepe Marchena, Imperio Argentina, Manolo Caracol. Y Pastora Pavón recorriendo mil y un lugares con una voz que la colocaba como la primera dama del flamenco español de la época, unos años que dominaron las voces masculinas de Chacón y de Torre.
         Mujer de su tiempo, fue amiga de Manuel de Falla, de Federico García Lorca y de Julio Romero de Torres, que llegó a pintarla en uno de sus cuadros. Y como buena flamenca, entroncó con otro palo lleno de arte al casarse con Pepe Pinto en 1949. Desde entonces compartieron carteles triunfantes como anticipo de su retirada. Cuentan que Pastora Pavón lo cantaba todo: soleares, siguiriyas, tientos fandangos, malagueñas... pero sobre todo peteneras, tangos y bulerías lorqueñas.
Una larga vida de arte tuvo una muerte de arte. En 1969 fallecía su marido Pepe Pinto. Unas semanas después lo acompañaba ella, una Niña de los Peines que llegó a verse representada en el monumento de su Alameda que hizo Antonio Illanes. Fue un año antes, a finales de 1968 y en aquel homenaje hubo poesía y sobre todo cante: el de Naranjito de Triana, el de Caballero y el de su marido Pepe Pinto. Desde entonces, en el norte de la Alameda, más acompañada en nuestros días, nos sigue mirando con su pose flamenca, con su mantoncillo y con los peines que le dieron nombre. En 1999 la Consejería de Cultura consideró bien de Interés Cultural todos sus registros sonoros, siendo la primera voz convertida en patrimonio. Algunos viejos del lugar sonríen al preguntarse si ese patrimonio incluiría sus famosas broncas con Pepe Pinto, con unas voces que se oían hasta en el último rincón de la Alameda…

1 comentario:

mari carmen garcia franconetti dijo...

...Y dicen los entendidos de su época, que cuando mejor cantaba era cuando tenía un par de copas de aguardiente...
Gracias por compartir esta entrada. Enhorabuena.
Saludos.
Mari Carmen.