5.9.06

5 DE SEPTIEMBRE

PADURA
Hace tiempo que la calle Sierpes no te parece la misma. Quizás seas un rancio o eso que ahora llaman nostálgico de lo cutre, pero en aquella esquina ya no está ni la librería de Pascual Lázaro ni Padura, o mejor Casa Padura que así sonaba mucho mejor. Pero una placa de aquel rincón te sigue recordando otras historias, te mantiene viva la memoria en días como hoy.
Fue el 5 de septiembre de 1984. ¡Cómo pasa el tiempo, más de veinte años!. Día de vuelta al trabajo para Rafael. En su oficina de la calle Luis Montoto se acumulaba el trabajo después de las vacaciones. Unos minutos antes preguntaron por él unos individuos extraños. Ya se lo dijeron los empleados. “Mire Rafael que tenían mala pinta”. No se equivocaron. Volvieron al cabo de unos minutos. Eran tres. Un de ellos amenazó con una pistola a los empleados. El otro actuó rápido. Dos disparos acabaron con la vida de Rafael. En la historia de la ciudad se escribía un nuevo atentado de los GRAPO, ese grupo que nadie parecía comprender y que siempre se dio por desmantelado. La conmoción en Sevilla fue grande. Habían asesinado al presidente de la Confederación de Empresarios, todo un personaje. Tú no lo conocías pero sentiste que habían matado los recuerdos de tu juventud, los folios verjurados, los cuadernos, los lápices y los “rotring” de Casa Padura. Durante muchos años seguiste pasando por aquel lugar y viendo en el negro del papel de envolver de Padura una especie de luto cargado de rabia contenida.
Pasado un tiempo los asesinos fueron detenidos. Todavía lo recuerdas, el GRAPO de nuevo desmantelado. Al macabro responsable, Sebastián Chano Rodríguez lo condenaron a más de ochenta años de cárcel. Aquel día pensaste que no volverías a oír hablar de él. Te equivocabas. A principios de los noventa volvió salir en los telediarios por haberse llevado en huelga de hambre varios meses. Quedó paralítico e incluso salió e la cárcel. Otra vez pensaste que no volverías a hablar de él. Te equivocabas de nuevo. Al cabo de los años viste como le colocaban una medalla de oro al cuello como campeón de natación. Volvió a la tele. Incluso lo viste reírse en el programa del Quintero. Maldita la gracia. Hubieras preferido al Peíto o al Risitas. Cuando le preguntaron por el pasado vomitó estas palabras. “el pasado no se puede borrar y de nada sirve darme golpecitos en el pecho y decir que me arrepiento...”
Cuando hoy pases por Sierpes te acordarás de todo esto. El pasado no se puede borrar. Cierto. Por eso nunca olvidaremos que a Rafael, el Padura de tu infancia, le quitaron un día la posibilidad de tener una segunda oportunidad en la vida...