2.10.06



LOS VIKINGOS.
¡Los cornudos! ¡Que llegan los hombres con cuernos! ¡Que Alá nos proteja de los cornudos!...
Este fue el grito desesperado de un muecín sevillano aquel día 3 de octubre del año 844, mejor dicho, el año 229 de la Hégira. Desde lo alto del alminar de una mezquita veía las velas de 54 barcos que pretendían asaltar Sevilla, la Isbilia musulmana cuya fama ya superaba los límites de Al-Andalus. El pánico y el terror ya habían llegado por historias que se contaban. Pero aquel grito desesperado contagió a la ciudad...
¡Los cornudos! ¡Que vienen los cornudos montados en barco!
El horror se extendió por Isbilia. Los vikingos asaltaban Sevilla. Ya lo habían intentado con Lisboa, pero tuvieron que huir. En el Guadalquivir, pocos días antes habían arrasado Coria. Se contaron historia terribles, asesinatos, degollaciones, violaciones... Y aquel día de octubre el horror llegó a Sevilla. 54 grandes barcos con sus caprichosas formas curvas traían a miles de de vikingos, esos hombres del mar del Norte que arrasaban las tierras que pisaban.
No hubo tiempo para mucho. La ciudad ya estaba vendida. Ante el peligro inminente, el gobernador había abandonado el Dar-al-imara, el Alcázar de la ciudad, y había huido a Carmona. Algunos valientes se reunieron e intentaron hacer frente a los invasores. Una lluvia de flechas cayó sobre ellos. Muchos murieron y los que salvaron la vida se desperdigaron por la ciudad. Allí comenzó el infierno. Los vikingos saltaron a tierra y comenzó una semana de sangre que nunca se olvidaría en la ciudad. Las mezquitas fueron incendiadas por aquellos bárbaros con cuernos. Ancianos y niños fueron degollados y las mujeres fueron violadas de forma sistemática. Los pocos defensores que sobrevivieron a las flechas del primer asalto fueron decapitados y sus cabezas se colocaron sobre picas. Durante días fueron testigos mudos y ciegos del horror que llegó a Sevilla. Casas destruidas, robos, asaltos, incendios... Cientos de sevillanos fueron hechos presos y convertidos en esclavos de aquellos bárbaros.
Dos meses más tarde, las tropas de Abderramán vengaron aquel día en una batalla contra los vikingos en Tablada. Fueron vencidos y sus cabezas cortadas se colocaron en las picas que ellos habían usado. Pero la victoria no borró el horror del aquel día de octubre en la mente de los sevillanos. Aquel día en que muchos pensaron en la fragilidad de la muralla, otros en la cobardía de sus gobernantes y otros en la mano de Alá. Nunca se olvidó que unos bárbaros con cuernos quisieron destruir Sevilla.
Han pasado 1162 años. Y todavía hay algunos empeñados en destruir la ciudad... ¡Que Alá nos proteja!

5 comentarios:

del porvenir dijo...

O por lo menos Alvar de Falk (el padre de Vickie el vikingo)

Razzionger dijo...

Ahora los que quieren destruir la ciudad también tienen los cuernos retorcidos, pero no sé si van a poder ser vencidos por Tablada, por la Expo, por la Plaza Nueva o por la piel sensible. En fin, esperemos que los sueños de algunos no se nos conviertan en nuestra pesadilla.
Que descanse usted bien.

Anónimo dijo...

Ya lo dijo alguien: si los cornudos volaran, no se vería el sol. Y en esta ciudad hay políticos destructores más que cuernos en un saco de caracoles

Anónimo dijo...

Lo de los vikingos con cuernos es un error histórico que todavía se sigue cometiendo.

Rascaviejas dijo...

Tiene usted toda la razón. de hecho verá que el dibujo que he incluido muestra a estos marinos del Norte sin ningún tipo de cuernos. Lo que ocurre es que había que darle cierto juego irónico al artículo. Y lo de los cuernos sigue dando mucho juego en estas tierras...