25.1.08

24 ENERO. LA HUIDA



























El miedo tomo la ciudad el día 24 de enero de 1810. No llegaban buenas noticias. Dos días antes, las tropas del ejército francés habían tomado Córdoba. Pero lo que ocurrió el día antes aumentó los miedos de la población. Los frailes del convento de capuchino abandonaban la ciudad. Miedo entres sus hermanos. Y con ellos se iba de Sevilla la mayor colección de cuadros de Murillo que todavía quedaban juntos: San Francisco, la Porciúncula, Santa Justa y Rufina, El Nacimiento, la Adoración de los Pastores, Santo Tomás de Villanueva... todos se embarcaron con prisa para huir de los invasores franceses. Cuentan algunos que hubo algún fraile que lloraba amargamente cuando veía a su Virgen de la Servilleta allí metida en un cajón. Pensaba que no volvería a verlos en su ciudad. Pero como los milagros existen, después de pasar por la Catedral , por Gibraltar y por muchas manos , los cuadros volvieron.
Pero aquel día de enero de 1810 nadie sabía si volvería. Y eran muchos los que se embarcaban huyendo de los franceses sin saber adónde ir. Hermandades y cofradías con siglos de historia sacaban con miedo las joyas acumuladas durante muchos siglos. Dicen los cronistas de la época que en la ciudad estuvo dominada por un silencio pavoroso. Un silencio que en el puerto se volvió conventual. Monjas franciscanas, agustinas, cistercienses, dominicas... Salían de la ciudad con lo puesto, con un permiso especial para salir de la clausura, dejando atrás conventos con siglos de historia. Aunque el silencio era su norma, hubo algunas que comentaron entre sí el miedo por la llegada de los franceses. No se podían imaginar que sus conventos se transformarían en cuarteles, sus iglesias en establos, sus obras de arte en madera para quemar por la barbarie. Aún peor, las monjas de la Encarnación no sabían que su casa sería derribada, los franciscanos no sabían que su convento sería quemado, los vecinos de Santa Cruz no sabían que su parroquia desaparecería para siempre... En medio de aquel silencio pavoroso, la Junta Central, el último reducto del gobierno español, huyó en secreto de madrugada, dejando a la ciudad abandonada a su suerte. Cuando el pueblo se dio cuenta de este abandono salió a la calle al grito de ¡Mueran los franceses! Y ¡Viva el Rey!. Buscaron armas, buscaron políticos dirigentes que dieran la talla, buscaron dignidad para defender la ciudad. Encontraron poco. Una semana más tarde Sevilla sería entregada a los franceses.
Aquel día de enero de 1810 esos que llaman clase política dejaron abandonada la ciudad. Sólo el pueblo estuvo a la altura de la circunstancias. Una historia que se repite. Demasiadas veces...

6 comentarios:

Rascaviejas dijo...

Ya que tenemos ordenador por unos momentos, ración doble...

el aguaó dijo...

...y con demasiada frecuencia querido amigo.

Los Franceses fueron otro tipo de peste. Al igual que la temida enfermedad, llegaba precedida del miedo, de la huida, para luego aparecer y arrasar con el horror, la barbarie y la sinrazón.

Dicen y cuentan, que el monumento al Santísimo de la Catedral quedó disminuído en la huída. Se llevó a Cádiz, como tantas obras, y en el camino y en la vuelta se perdió parte de él, por eso actualmente lo vemos reducido de como antaño se creó. Se quemaron grandes y maravillosos retablos, recuerdos chamuscados en la memoria de cronistas que hacían referencias a la genialidad de Balbás siendo pasto de las llamas.

Y Murillo desapareció. Como lo hizo la Iglesia donde fue enterrado, la misma donde se quedaba mirando ese Descendimiento de Campaña que hoy reside en la Sacristía Mayor de la Catedral.

Sevilla sufrió y padeció la invasión francesa como si de la peste se tratara.

Un fuerte abrazo profesor. No tardes en volver...

del porvenir dijo...

Le eché en falta ayer

Entre San Bernardo y la Oliva dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Entre San Bernardo y la Oliva dijo...

Muchas gracias señor rascaviejas por volvernos aenseñar algo mas con sus relatos... me alegra mucho que haya vuelto.

Los franceses derribaron la iglesia de Santa Cruz y hoy en dia en esos terrenos esta su consulado... un poco estraño ¿no?


Un abrazo señor rascaviejas.

bogar dijo...

Lamentablemente,creo que el pueblo no está ahora a la altura de las circunstancias,está dormido.Buen reportaje.Saludos