1.9.08

1 DE SEPTIEMBRE. EL CRUEL


La brisa de la tarde ha traído el lamento a tu memoria. Llanto por lo perdido. Llanto por lo olvidado. Antigua calle Real y realidad de un viejo barrio. Real de San Luis. El de los Franceses. Primo de un rey de España. Más santo. Los hubo más justicieros. Y más crueles...
Junto a la vieja arquivolta el ciprés se ha inclinado. Quizás, cansado por el peso de los años. Quizás, cargado de secretos inconfesables. Quizás por eso, se alió con el viento de la tarde para contarte algo. Susurrado con el calor de una tarde de septiembre. Resistencia al paso del tiempo. Resistencia del verano maduro que ve su final entre las torres mudéjares de un viejo barrio.
Plazuela de San Gil. Un ermitaño de origen griego. Anacoreta y milagroso. Defensor de pobres tullidos y arqueros. Con un ciervo a sus pies. Abogado de pecadores y conversor de reyes. Salvo de algún justiciero. La ventanas apuntadas se han aliado con el viejo ciprés. Unas cabezas de clavo góticas parecían haber sellado su boca. La brisa sobre el antiguo cardo desclavó ss labios. Libre como el viento. Al oído te cuenta un susurro:
Fue en esta vieja plaza. Media edad del tiempo. Sevilla ya era cristiana. Coronada de arcos moros. Al pies de la iglesia se cometió una fechoría. Había fallecido un viejo feligrés del barrio. Los parientes pidieron al cura cristina sepultura. No la concedió. Triste realidad. No tenía el dinero suficiente. Injusticia en época de reyes justos...
Cuenta el susurro que el rey Pedro fue informado y que, veloz como el viento, se plantó en la puerta de la iglesia. Céfiro hispalense. Llamó al cura y le pidió cuentas. Narró lo sucedido. El que llamaban Justiciero ordenó cavar al cura una fosa. En la misma puerta. Trazó, procedió y concluyó. Al terminar todo el mundo esperó. Faltaba el muerto. Ahogo en el corazón de los presentes. Todos esperaban la orden de traslado del viejo difunto. ¡Qué error el suyo!... El Justiciero se volvió cruel. Por la calle Real se oyó la orden. Retumbó hasta en los tuétanos...
-“Entierren al cura vivo. No hay justicia para el injusto...”.
Los gritos envolvieron la ciudad con un ropaje de terror. Tembló hasta el último ladrillo. Un vivo enterrado a los pies de la iglesia. Poe sevillano. Iglesia de San Gil. Todavía no habitaba la Esperanza. Allí se colocó una cruz. Recuerdo de una crueldad. Anticipo de odios fraternos y de maderas quemadas. Tierra de hermanos y hermanastros. Como el del rey don Pedro...
1 de septiembre. San Gil. Abad. Ciprés mirando al cielo. En el susurro de la tarde se te ha metido el terror en el cuerpo. Crueldad de justiciero. A lo lejos se oye un lamento. Alguien debería escucharlo....
¡Qué solos se quedan los muertos!

9 comentarios:

NATURAL DE SEVILLA dijo...

Primero de mes y Lunes, Septiembre con negrura de ánimas y fosa excavada. Depresión post vacaciones. La buena noticia es que el ciprés de San Gil, nos señala hacia la Esperanza, la mala que la crueldad siempre vá por delante de la justicia. Ay profesor, mi profesor...

Canónigo Alberico dijo...

lo unico bueno es que ya estan mas cerca las tunicas negras de la calle Feria.


un abrazo profee

el aguaó dijo...

Amigo Rascaviejas, vuelvo de mi periplo vacacional y lo encuentro a usted mejor aún, si cabe, que cuando me fui. A veces leo sus textos, querido profesor, y me digo a mí mismo:¿cómo superará esto?, es el mejor texto que le he leído. Y siempre lo consigue.

San Gil retiene tantas historias como su barrio. Igual opino de el rey Pedro, justiciero y cruel para algunos, cruel y justiciero para otros. Un rey de leyenda y de turbulentos momentos en la Historia, pero rey alfin y al cabo.

La reflexión de mi amigo Natural de Sevilla es genial.

Mi más sincera enhorabuena, pues es una de las entradas que más me ha gustado.

Un fortísimo abrazo.

Lorenzo Blanco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lorenzo Blanco dijo...

Otra historia de justicia y crueldades se repitió siglos después en los aledaños de San Gil. También enterraron a uno que era justiciero para los suyos y tremendamente cruel para los otros.

La Macarena es así, barrio de contrastes.

Muy buena la entrada profesor.

Saludos

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me inauguro en esta bitácora con Pedro el Cruel. Hay mucha poesía aquí y aquí me quedo.
Ex corde

Juanlu dijo...

Importantísimo personaje de la historia de Sevilla...su amor por Doña María Coronel...el magnífico Alcazar que tenemos...

Juanlu dijo...

te enlazo a mi blog.
saludos

Juanma dijo...

Impresionante relato, admirado Rascaviejas. La Historia corre por tu sangre como la savia lo hace por el árbol. Todo pueblo tuvo quien contara su Historia, sus historias. La Filosofía, médula de nuestra cultura, nace de la tradición oral, del mito que, tras ser contado por el poeta, es puesto en duda por el filósofo.
Sevilla comienza a estar en deuda contigo.
Un placer poder saludarte.