7.11.06

8 DE NOVIEMBRE. FRANCISCO GUERRERO


Esta mañana entré en la capilla de la Virgen de la Antigua, en la Catedral. Me senté mirando a la Virgen Niña y entre dos sepulcros, el original y la copia, me acordé de ti. Tu tumba estaba a mis pies. La tumba de alguien que murió un día como hoy. Corría el año 1599. Pocos antes, Pacheco te había hecho un retrato al que acompañaban unas palabras: “Francisco Guerrero. Fue el más diestro de su tiempo en el arte de la música, escribió de ella tanto, que considerados los años que vivió y las obras que compuso, se hallan muchos pliegos para cada día...su música es de admirable sonido y agradable trabazón...”. Esta mañana pensé que en esta vida es bueno tener amigos que te hagan un retrato, que ya el tiempo se encargará de otras cosas.
Recuerdo que habías nacido en Sevilla, allá por el año 1527, cuando la ciudad comenzaba a convertirse en capital del mundo. Con 18 años ya eras maestro de capilla de la Catedral de Jaén y algunos años más tarde pasaste a ser cantor de la catedral de Sevilla. Cosas de siglos. Ya en tu época, en pleno siglo XVI hubo un tira y afloja entre Málaga y Sevilla para hacerse con tus servicios; tanto interés mostró el cabildo de Sevilla que jubiló a uno de sus cantores para darte a ti su puesto. Y no se equivocaron los canónigos. Con el tiempo, el nombre de Francisco Guerrero se convirtió en el de uno de los músicos más importantes del Renacimiento.
Como hombre del Renacimiento tenías interés en conocer mundo. Por eso imitaste al marqués de Tarifa y te embarcaste en un viaje a Jerusalén en el año 1588 acompañando primero al arzobispo a Roma. Tanto te debió gustar la experiencia que escribiste un libro de viajes contando tu experiencia en Tierra Santa. Pero si has pasado a la posteridad ha sido por tu obra, un ejemplo de la mejor música religiosa de tu época. Recuerdo tu Magnificat a cuatro voces, o las misas que compusiste para que fueran cantadas por cinco voces... Un día de noviembre como hoy te fuiste a otro mundo y te enterraron ante la imagen de tu devoción, en plena Catedral. Allí he cerrado los ojos y me ha parecido ver tu retrato: frente despejada y cubierta por un birrete, barba blanca y una mirada lateral cargada de profundidad. Hoy sólo se pone birrete algún cura de los antiguos y creo que poca gente te recuerda. Estoy seguro que alguno de mis alumnos confundiría tu apellido con un jugador de fútbol. Y son menos los que se casan pisando tu tumba mientras suena tu “Cantate Domino”. Pero todavía hay alguien que fue feliz escuchando tu Ave María a los pies de la Virgen de la Antigua. Y en el día que recordamos tu muerte, todavía resuenan en la Catedral lo versos que te dedicó Espinel. Francisco Guerrero. “...que si en la ciencia es más que todos diestro / es tan grande cantor como maestro...”

1 comentario:

Anónimo dijo...

En cualquier lugar del mundo una persona como Francisco Guerrero sería conocido casi con honores de culto. Aquí habita en el olvido, como tantos otros. Gracias por el recuerdo.