22.1.07

23 DE ENERO. LA CARTA


Teresa nunca olvidaría aquella carta. Estaba fechada un día de enero, el 23 de enero del año del Señor de 1576. Años después, la santa de Ávila todavía cerraba los ojos y seguía oyendo aquellas duras palabras que escribieron los inquisidores sevillanos contra ella. Pudo olvidar el calor de aquella ciudad de Sevilla, pudo olvidar las dificultades, pero aquellas palabras resonaron en sus oídos hasta el día de su muerte. Una carta que escribieron los licenciados Páramo y Carpio y que, entre otras cosas, decía:
“Se ha recibido en este Santo Oficio las testificaciones contra esta Teresa de Jesús, fundadora de algunos monasterios de las monjas de las descalzas del Carmen, y contra Isabel de Santo Jerónimo, profesa de dicha orden en un monasterio que nuevamente han fundado en esta ciudad. Y por parecer doctrina nueva, supersticiosa, de embustes y semejante a los alumbrados de Extremadura, las remitimos para que mande lo que en ellas se debe hacer. (...) De todo esto se puede hacer cargo a Teresa de Jesús, que según entendemos (lo suyo) son embustes y engaños muy perjudiciales a la república cristiana... firmado en este Castillo de Triana a 23 de enero de 1573”. Nunca la olvidaría. Dos inquisidores la habían llamado supersticiosa y embustera, que Dios los perdonara. Pero decir que era contraria a la idea de Cristo fue algo que nunca entendió. Ella que había sentido a Cristo más cerca que nadie, que había vivido fuera de sí buscando una alta vida, quizás una vida a muchas distancia de tanta falsedad con la que tuvo que enfrentarse... Afortunadamente la gracia de Dios actuó y Teresa fue absuelta de aquellos cargos. Dos semanas más tarde, el Supremo Inquisidor aconsejaba olvidar las denuncias contra la santa de Ávila. Y Teresa volvió a estar libre de culpa a los ojos de los hombres. La carta debía ser olvidada.
Olvido difícil. Meses más tarde, Teresa seguía dándole vueltas a aquellas palabras. Había olvidado la pobreza de su primera casa en la calle Armas, había olvidado las cucarachas y las chinches del lugar, había olvidado las dificultades que le pusieron los carmelitas de la ciudad. Pero el calor y aquellas palabras no había cristiano que lo soportara. Por eso salio de su manos otra carta. A la priora de Valladolid le hablaba de Sevilla y sus gentes. Y no muy bien: “las injusticias que se guardan en esta tierra, la poca verdad, las dobleces... Yo confieso que esta tierra no es para mi. Con razón tienen la fama que tienen...”. Sevillanos del siglo XVI con fama de mentirosos, injustos e hipócritas. ¿De qué tendremos fama en el siglo XXI?

5 comentarios:

pregonero_de_sevilla dijo...

Pese a no amar lo que más amamos, apasionante personaje ésta Teresa de Ávila.

Anónimo dijo...

Pues tendremos fama de lo de siempre: de "grasiosos", de flojos y de juerguistas. Entre la realidad y lo mal que siempre hemos caido a mucho foráneo estamos "aviaos"...

del porvenir dijo...

Alguno que otro con barbita y mando en plaza demuestra con sus acciones el mismo desamor a Sevilla que la Santa del 15 de octubre. Si no, miremos la calle San Fernando, que es para que hierva a uno la sangre y lo que no es la sangre.

Rascaviejas dijo...

Es que hay veces que los hijos de la tierra son los que peor entienden y tratan a la ciudad...

Fangyaya dijo...

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