12.8.13

LA GIRALDA ROJA



Pintar la Giralda de verde. Con este llamativo título leíste un día un interesante artículo sobre el proyecto de la Encarnación. El título llamaba la atención sobre lo que podría suponer el proyecto ganador del famoso concurso de ideas sobre la urbanización de la plaza. El artículo no tenía desperdicio, sobre todo recordado desde ahora.  Insistía en el impacto visual que podían producir las setas comparándolas con una Giralda verde. Una Giralda pintada de colores. ¡Quién lo diría...! Pero es que la Giralda estuvo pintada y tuvo colores... muchos colores.
Podemos recordar algo sobre su construcción. Es conocido que la Giralda es el alminar, la torre de la antigua mezquita mayor desde la cual el muecín llamaba a la oración en la antigua Isbilia, la Sevilla musulmana. Su construcción se dio por terminada en 1198 con la colocación de cuatro manzanas doradas que duraron hasta 1356, año en el que un terremoto las hizo caer.
En el siglo XVI se emprendió una completa renovación de la torre. A los canónigos se les ocurrió añadir un campanario renacentista sobre una torre musulmana. Algo atrevido. Imagínense que hoy le añadimos un cuerpo de cristal y acero a la torre del Oro. ¿Estaríamos a favor o en contra? La cuestión es que el arquitecto Hernán Ruiz acometió una obra que culminó con rotundo éxito, intervención integradora que diríamos hoy... Fue en 1565. Para unificar el conjunto se decidió revocar la torre. Es decir, pintarla de color. El 12 de agosto de ese año se pagó el enlucido. Para hacernos una idea del resultado podríamos fijarnos en un cuadro de Miguel de Esquivel que se conserva en la catedral. Representa a las Santas Justa y Rufina y sirve como fotografía de la época. La Giralda se pintó en color almagra, en color rojo, con la imitación de un aparejo de ladrillos en color blanco. Este color era el más empleado en una ciudad que todavía lo conserva en muchos edificios emblemáticos: el Arzobispado, San Telmo, la iglesia de San Luis, la de San Ildefonso... Conocemos los pagos que el cabildo Catedral hizo a un tal Pedro Fernández y a Diego Fernández por una mezcla de almagra, vinagre y cal que se empleó en el enlucido. Pero no sólo eso. Antón Pérez doró algunos de los remates del cuerpo de campanas y Roque Fernández colocó más de trescientos azulejos negros que se siguen conservando en la actualidad. Para completar la obra, se decoraron los frentes de la torre con más de setenta cuadros, es decir, pinturas murales, una obra del pintor Luis de Vargas que tuvo la colaboración de su criado y de un oficial flamenco. San Isidoro, San Leandro, los Evangelistas, Santa Justa y Rufina, numerosos santos... Todos ellos aparecían en estas pinturas murales que todavía se conservaban en el siglo XIX y que podemos ver en antiguas fotos. Resumiendo. La Giralda tuvo color más de trescientos años. Un color rojizo. Y muchos colores más.
Lo cual confirma un hecho. Los arquitectos contemporáneos que pretenden sorprender deberían recordar esa Giralda de colores y comprender que en estos tiempos no hay nada nuevo bajo el sol.

1 comentario:

Juaniquito López Retamal dijo...

Aquí hay una foto del Cuadro de Miguel de Esquivel http://commons.wikimedia.org/wiki/File:SantaJustayRufina.JPG