
Sale la palabra esclavo y viene a tu mente una serie de televisión. Sin duda ninguna. Pero tu pelo debe de estar clareando o tus carnes flojeando. Por aquello de la edad. Un esclavo era Kunta Kinte. Lo querían llamar Toby. Las pasaba canutas. Por supuesto, era negro. Y todos llorábamos cuando veíamos la dichosa serie en la tele, la única, la primera, la que había...
La historia de Sevilla tuvo muchos Kunta Kinte. Llegaron a tener cofradía propia. Alguno incluso fue finalmente famoso. Pero, en general, es la historia de una vergüenza para el género humano. Objetos y no personas. En Sevilla fueron miles. Siempre vivieron mal. Y hubo quien se empeñó en que vivieran peor...
“En la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, viernes cuatro días del mes de noviembre de mil y quinientos y sesenta y nueve años, fue vista y leída una ordenanza hecha por los fieles ejecutores de esta ciudad... Es esto que se sigue:
Por cuanto en esta ciudad hay muchos negros y negras, moriscos y moriscas que son esclavos y esclavas cautivas y con las ocasiones que hay en ellas de tabernas y bodegones donde entren a comer y a beber y se emborrachan y hacen mal acondicionados y soberbios, y borrachos y hacen y cometen delitos que todo redunda en daño y perjuicio para sus amos porque gastan toda su hacienda en librarlos de las travesuras y delitos que hacen, y, lo que es peor, como dichos esclavos se hacen tan a vicios e viciosos con la ocasión de las dichas tabernas y bodegones, llegan a tomar a sus dueños dineros y ropas, hasta las mantas de aderezos de los caballos y mulas y lo que hallan en sus casas, y aun se extienden en hacer otros hurtos, todo para comer y beber en las tabernas y bodegones... Y como cosa que toca tanto al bien y por común de la república de esta ciudad y vecinos y moradores de ella... ordenamos y mandamos que ningún tabernero, bodegonero, ni mesonero, ni ventero, ni personas que guisan y dan de comer en esta ciudad y su tierra y jurisdicción, arrabales ni Triana, acojan en sus casas, taberna o bodegones esclavos y esclavas, negros y negras, blancos y blancas, ni les den de comer, ni de beber en ellas pública ni secretamente pan, ni vino, ni carne ni otros mantenimientos algunos...”.
Duras medidas para los esclavos. Sobre todo porque se podían condenar con penas de cárcel, multas, penas de azotes e incluso el destierro de la ciudad. Lees el texto y te vienen a la mente muchas ideas. Un refrán: “Encima de puto, apaleao”. Una idea: el lenguaje políticamente correcto de negros y negras es bien antiguo. Un sentimiento: llorar, no como Kunta Kinte, sino igual que Pancho en la muerte de Chanquete. Una curiosidad: Sevilla era república ya en el XVI. Todavía no existía Ikea.
La historia de Sevilla tuvo muchos Kunta Kinte. Llegaron a tener cofradía propia. Alguno incluso fue finalmente famoso. Pero, en general, es la historia de una vergüenza para el género humano. Objetos y no personas. En Sevilla fueron miles. Siempre vivieron mal. Y hubo quien se empeñó en que vivieran peor...
“En la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, viernes cuatro días del mes de noviembre de mil y quinientos y sesenta y nueve años, fue vista y leída una ordenanza hecha por los fieles ejecutores de esta ciudad... Es esto que se sigue:
Por cuanto en esta ciudad hay muchos negros y negras, moriscos y moriscas que son esclavos y esclavas cautivas y con las ocasiones que hay en ellas de tabernas y bodegones donde entren a comer y a beber y se emborrachan y hacen mal acondicionados y soberbios, y borrachos y hacen y cometen delitos que todo redunda en daño y perjuicio para sus amos porque gastan toda su hacienda en librarlos de las travesuras y delitos que hacen, y, lo que es peor, como dichos esclavos se hacen tan a vicios e viciosos con la ocasión de las dichas tabernas y bodegones, llegan a tomar a sus dueños dineros y ropas, hasta las mantas de aderezos de los caballos y mulas y lo que hallan en sus casas, y aun se extienden en hacer otros hurtos, todo para comer y beber en las tabernas y bodegones... Y como cosa que toca tanto al bien y por común de la república de esta ciudad y vecinos y moradores de ella... ordenamos y mandamos que ningún tabernero, bodegonero, ni mesonero, ni ventero, ni personas que guisan y dan de comer en esta ciudad y su tierra y jurisdicción, arrabales ni Triana, acojan en sus casas, taberna o bodegones esclavos y esclavas, negros y negras, blancos y blancas, ni les den de comer, ni de beber en ellas pública ni secretamente pan, ni vino, ni carne ni otros mantenimientos algunos...”.
Duras medidas para los esclavos. Sobre todo porque se podían condenar con penas de cárcel, multas, penas de azotes e incluso el destierro de la ciudad. Lees el texto y te vienen a la mente muchas ideas. Un refrán: “Encima de puto, apaleao”. Una idea: el lenguaje políticamente correcto de negros y negras es bien antiguo. Un sentimiento: llorar, no como Kunta Kinte, sino igual que Pancho en la muerte de Chanquete. Una curiosidad: Sevilla era república ya en el XVI. Todavía no existía Ikea.

























