28.2.08

PENITENCIA


Semana de pasión y de pasiones. Tiempo del gozo. Despertar de la primavera en los sentidos y sentidos bien despiertos. Olor, oído, vista, ¡ay, la vista! , tacto ¡ ay, el tacto!. Sentir la ciudad y que la ciudad te sienta a ti. Lujuria del tiempo mas hermoso...
Todo eso y más sentía aquel sentía aquel penitente cuando llegaba la dichosa época del año. Lo de dichosa tenía todo el sentido. Y lo de la ciudad barroca también, con todas sus dualidades: la penitencia y la fiesta, la risa y el llanto, los ahogos y los desahogos, la elevación interior y la exterior, lo confesable y lo inconfesable, las sensaciones y lo sentimientos. Todo junto. Y quizás hasta revuelto.
Ideas para un penitente que estrenaba Domingo de Ramos en un lugar nuevo, tras el palio como penitente. Sin excesos. No caería en tentaciones (ya caía en bastantes) de mostrar su hombría con una gran cruz penitencial, por eso tomó quizás una de las más pequeñas. “Casi simbólica”, se atrevió a pensar. La penitencia estaba en el interior. Como los buenos y los malos pensamientos. Como la belleza...en general, porque la de las mujeres, -pensaba-, saltaba más que a la vista...
Domingo de Ramos. Comenzó su penitencia. Porque a través del antifaz sólo veía belleza...femenina. Estaba en todos sitios, en los trajes de estreno, en los perfumes de estreno, en los peinados de estreno, en los escotes de estreno...Calor externo y calor interno. Y además otra necesidad imperiosa que fue creciendo calle a calle, esquina a esquina. La cruz era lo de menos. Una tablita...Porque en su mente llevaba un tablón. Y en su vejiga urinaria todas las sillas de quidiello de la Campana juntas. No le quedó más remedio. Se saldría en la Catedral. Sería algo rápido. Pidió permiso al diputado de tramo y prometió volver pronto. Sudores fríos corriendo por la Catedral. Con rapidez dejó su cruz y su antifaz sobre un pilar. Parecía que no llegaba pero el alivio llegó. Descarga de peso en la vejiga urinaria y en la mente. Había que volver rápido a la fila. Nuevo sudor frío de causa diferente. No veía su cruz. Ni su antifaz. Y la cofradía seguía. Alguien había dado el cambiazo. No tuvo más remedio que aceptarlo. El penitente hizo una verdadera penitencia en el camino de regreso. Su tablita fue cambiada por el mayor tablón de la cofradía.
En el pecado llevó la penitencia....