
“Por San Blas la cigüeña verás”. Es el refrán que muchos mayores recuerdan hoy 3 de febrero, día marcado en nuestro calendario con el recuerdo a este milagroso santo. Como quizás sea difícil ver las cigüeñas, con el ritmo cambiado por el cambio climático, podemos recordar la figura de este santo al que Sevilla y muchos de sus pueblos le dedicaron una especial atención.
Nació San Blas en Armenia, viviendo en los primeros años del siglo IV. De profunda fe cristiana y siendo probablemente médico, vivió en el año 313 la persecución de Licino que lo sometió a una brutal tortura que no hizo abjurar de su fe a nuestro protagonista. Su fama de santidad hizo que fuera muy visitado en la cárcel, lugar donde sanó a un niño pequeño que tenía una espina clavada en la garganta. Desde entonces es santo sanador de las enfermedades de garganta, hecho que reconoce también la sabiduría popular: “San Blas Bendito, que se ahoga este animalito”. Y es que hasta los animales tenían predilección por un santo al que acompañaron durante su escondite en una cueva.
Tuvo Sevilla una ermita dedicada al santo, ermita de origen medieval que hay que unir con la historia del Monasterio de Santa Inés. Aquella ermita, desaparecida desde el siglo XVIII, estaba en terrenos de la familia Coronel. Y María Coronel, aquella dama que se desfiguró el rostro con aceite para no acceder a las pretensiones de Pedro I el Justiciero, ó el Cruel según gustos, fue la fundadora del Monasterio de monjas franciscanas de la calle que hoy lleva su nombre. Y hasta allí nos dirigimos. Porque la ermita desapareció pero no su titular. Parece que de allí procede la imagen de San Blas a la que hoy se da culto en Santa Inés. Es buen día para conocerla. Es una talla cercana al estilo de Juan de Mesa, fechable en torno a 1615, y muestra a nuestro santo vestido de obispo, con báculo y mitra, y con una herida en el cuello signo del tormento al que fue sometido y signo de su fama milagrosa. Es día para dejarse llevar por el ambiente medieval del monasterio de clarisas e imaginar a través de la reja el rostro desfigurado de María Coronel. Es día para disfrutar del valioso retablo de pinturas sobre tabla que flanquea a nuestro santo. Es día envuelto en leyendas, las de doña María Coronel, llena de verdades históricas; la de Maese Pérez el organista, cuya alma muchos esperan todavía en las misas del Gallo de Santa Inés; las de esas vírgenes, muchas menos de once mil que acompañaron a Santa Úrsula y de las que dicen que algún resto llegó al convento . Es el día para colgarse el cordón protector alrededor de nuestra garganta mientras probamos el rosco de San Blas.
Y, ya que aquí (y hace ya años) no veremos la nieve que decía el refrán, elegir aquel otro que nos habla de estos días que se alargan: “Por San Blas una hora más”. Que ustedes la disfruten.



































